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LA CAUSA
Una novela por entregas de
Rosa Amor del Olmo
Sonia una joven burguesa madrileña descubre el día de su cumpleaños que su casa está vacía, sus familiares han desaparecido de la manera más extraña. Tiene que abrir un Diario que alguien dejó a la vista en el día de su aniversario. Sorprendida en su propia casa por los Servicios de Inteligencia del Gobierno, la Brigada Político Social (CESIBE), tiene que comenzar una aventura de espionaje, donde Federico Sánchez, Santiago Carrillo, el doctor Poole o el Teniente Coronel Aguado formarán parte directa de su vida.

Una maraña de causalidades entre combatientes de la resistencia en Madrid, descubren a la protagonista una verdad desconocida para ella. Un viaje de pesquisas a Moscú hará de Sonia una nueva persona, afrontando acciones asombrosas al lado de un Nikita Jruschov en decadencia. Los acontecimientos girarán alrededor de un gran todo que es: la causa, donde el fin justificará los medios.
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Capítulo V


(Tiempo de lectura: 9 - 18 minutos)

El Coronel habiendo probado la reacción de Sonia al comunicarle que su amigo y vecino Benito había sido capturado como cabecilla de terrorismo contra el régimen, quiso sin duda aprovechar la ocasión. Se sintió complacido por la frialdad de Sonia. Efectivamente así se mostró, aunque por dentro pensó que moriría del dolor. Según iban pasando los meses del 68 sucedieron muchas revueltas estudiantiles en Madrid, fruto de los acontecimientos de mayo en París. El 1 de marzo, el gobierno decidió el cierre de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, «por alteración de la vida académica». Los estudiantes, reunidos en asamblea, fueron desalojados como no podía ser de otra manera por la Policía Nacional. Éstos cortaron el tráfico y pincharon los neumáticos de varios autobuses. Se produjo una carga policial descomunal que se saldó con varios heridos, muertos y detenidos. Allí estaba Joseph Massip, el joven médico amigo de Sonia. Según relató a la policía pasaba por allí, pero que a lo que iba era a dar un vistazo a los preparativos –auspiciado por Massip padre- de los quirófanos y materiales para lo que posteriormente fue la inauguración en julio, de la Ciudad Sanitaria Francisco Franco, antiguo Hospital Provincial.

A tres semanas del embarque de Sonia en avión hacia Moscú para La gran misión, el Coronel, regresó al cuartel de entrenamiento de Zaragoza. Entró en el mismo abriéndose paso entre multitud de militares que le veneraban más que a Franco, cuadrándose todos ellos, taconazo incluido según caminaba, con ese paso descompensado que le caracterizaba.

Prácticamente cada año, había un boletín de la policía política donde se analizaba la actividad de los comunistas, la procedencia de los detenidos, el trabajo realizado dentro del movimiento obrero y estudiantil. Tras el fracaso de la lucha armada, de la entrada del régimen franquista en las instituciones políticas internacionales, favorecida por el contexto de la Guerra Fría, el PCE decidió virar su táctica y estrategia hacia la lucha de masas, el “entrismo” en las organizaciones de la dictadura del movimiento obrero y estudiantil. Con los sucesos estudiantiles en febrero de 1956 en Madrid, las huelgas obreras en Asturias, Cataluña y País Vasco entre 1957 y 1959, la policía política tuvo que cambiar su forma de actuar. El hallazgo de la inteligencia del Coronel López Moreno, sirvió al estado franquista de gran ayuda. En diciembre de 1959, en el Congreso de Praga del PCE celebrado como reorganización, nombró a Santiago Carrillo secretario general del Partido. Pero alguien tendría que mover las zarzas en España.

Con la afiliación a la causa de Sonia, pensó —no sin razón— que ella no tenía nada que ver ni con los atentados ni con las revueltas de estudiantes. Sonia, por supuesto que sabía de los atentados en esos años, como estaba al corriente del reciente comando DRIL Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación creado en 1959 por exiliados españoles para luchar contra las dictaduras. Le parecía ruin lo de amenazarla constantemente con torturar o hacer desaparecer, matar a sus padres en definitiva.

El Coronel, tenía el chivatazo —con probabilidad habría sido Gabrielito— de que una célula comunista estaba operando en Madrid. Habían descubierto la propaganda del rojerío, que según el Coronel había introducido entre los estudiantes el propio Benito. Tenían cómo hacer las copias y distribuirlas entre los estudiantes. Una maniobra arriesgadísima según estaban las cosas. No estaba solo Gabriel de topo chivato, había más. Cuando esto escuchó Sonia, pensó que no, que Benito no había hecho nada de eso.

López Moreno, abordó a la joven cuando esta llegaba de correr treinta kilómetros como si tal cosa, pero su apariencia era de cansancio, claro, llegaba con sed. La llamaron con urgencia para que entrase al despacho donde de nuevo estaba el Coronel. Mismo recibimiento: la recibió de espaldas mirando por una ventana, perfectamente arreglado y perfumado, toda la espalda tiesa por el uniforme. Entró la joven con mal humor y sin llamar.

— Buenas tardes Coronel. (Con manifiesto enfado.) It's been a while since we've seen each other!

— (Con intención de molestarla) Ese inglés es americano señorita. Mejor diga usted: As you are, it's been a while! Ya sé que lo aprendió en los EEUU por su situación aburguesada, pero señorita, debe manejar los dos tipos de inglés. (moviendo la cabeza) ¡Me molesta tanto ese acento yankie!

Al girarse vio que estaba sudada, con el cabello empapado, el rostro demacrado, casi como enferma. Se enterneció en una primera instancia pero no podía hacer nada más que cumplir su deber, la causa que le obligaba a actuar así. En el fondo le atraía ese esfuerzo de la joven, la sentía como cómplice. Entonces, la miró apartando de la mesa la botella de agua que podía haber ofrecido a la joven, pero no lo hizo.

— Как ваше здоровье? Как вы себя чувствуете? Я заметил, что вы совсем плохи?1 Expresó el Coronel en un perfectísimo ruso.

— Я, конечно, могу гораздо лучше, если бы только у меня была возможность увидеться с родителями, это было бы очень хорошо для меня, полковник. Мне все равно, если ты не дашь мне бутылку воды, в которой я так нуждаюсь в данный момент. Я уже две недели ничего не слышал о своих родителях. Они даже не принесли мне газету. Чего вы от меня ждете?2

Sonia se había dirigido así a su mandatario, no sin escamarse de la perfección del ruso que hablaba. Luego pensó que si había estado en la División Azul, podía ser normal que aquellos que tardaron tanto en volver a España, les habría dado tiempo a aprender ruso y a mucho más. El Coronel fue un héroe de guerra, de esa guerra, contra los rusos.

Cuando Sonia preguntó al Coronel cómo había muerto Benito, este dijo que saltó con silla de ruedas incluida por la ventana, estrellándose en el asfalto de la calle de Velázquez. Todo aquello le recordaba la barbaridad cometida con Julián Grimau, a quien a base de torturas lograron antes de que muriera que confesara haber tenido “una actuación destacada en la policía roja, en la detención de personas de las organizaciones nacionales” cuando trabajaba en la Dirección General de Seguridad de Barcelona durante la Guerra Civil, y por lo que después fue juzgado y fusilado el 20 de abril de 1963. También declaró que el Partido lo había escogido como dirigente por “la experiencia en el Servicio de Información del Estado Mayor Rojo. Sobre la cuestión de las torturas y el supuesto intento de fuga o suicidio de Grimau que se defendía en el informe policial, según los informes médicos y también los investigadores, para “suicidarse, necesitaba fuerzas, carecer de vigilancia y unas ventanas limpias de obstáculos”, condiciones que obviamente no se daban. Sin embargo, la versión del suicidio, fue defendida, entre otros, por Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo en aquellos momentos. Los comunistas no se creían dicha versión, e hicieron una campaña para que se esclarecieran los hechos y contra la tortura. Según el PCE, el caso Grimau evidenciaba lo que era el franquismo “represión, terror y tortura”.

El Coronel le dio varios ejemplares del ABC a Sonia.

Por más que miraba y miraba ya estaban en el mes de mayo, solo encontró como noticia sobresaliente que el 16 de mayo, el ministro de Obras Públicas, Federico Silva Muñoz, y el alcalde de la capital, Carlos Arias Navarro, abrían el puente múltiple construido sobre la glorieta de Carlos V, que poco después sería conocido popularmente por los madrileños como el «scalextric» de Atocha, formado por tres pasarelas: Paseo de las Delicias-Paseo del Prado; Prado-Santa María de la Cabeza y un ramal que remontaba el centro de la calle del General Primo de Rivera para enlazar con el anterior. Los pasos elevados tenían una longitud total de 1.262 metros; pesaba millón y medio de kilos y había costado 94 millones de pesetas. De igual interés era la noticia de que por primera vez se inauguraba la feria taurina de San Isidro, de dos celebraciones: un ciclo de 18 corridas en la plaza monumental de las Ventas, y 4 en el coso de Vista Alegre, en Carabanchel.

Ni rastro de Benito en el tiempo que el Coronel permitió que ojeara los periódicos. Sin embargo pudo comprobar que las empresas de su padre, Juan Santiago y su madre Elisa con Lavande-Terrier, iban viento en popa. Nada expresó Sonia. Era como si le hubieran robado el alma.

— Muy bien —afirmó Sonia — ¿Cuándo me marcho a Rusia? Aquí no hago nada. (mirando fieramente al Coronel). ¿No habían eliminado ya al ca-be-ci-lla Benito, según usted?

— No se preocupe señorita. Sale usted a la primera misión.

— Vale, menos mal. Comienzo a cansarme Coronel.

— ¡Esa delgadez extrema de usted nos viene bien!

— ¿Nos viene bien? ¿Para qué? Gritó Sonia.

— Cálmese querida (con tono cariñoso, como de camaradas) Irá usted antes de Rusia a una misión a Madrid. Hay que desactivar una célula comunista. Así sabremos hasta donde puede usted llegar.

— ¿A Madrid? ¿Otra célula? Por lo que se ve las hay a millones. Pero allí no conozco a nadie que pueda servir o que esté en esas “células” tan mortíferas y que actúan contra el régimen y contra la vida de Franco.

— Yo no he dicho nada de eso señorita.

— Sin embargo, a mí me conoce todo el mundo, no solo por ser hija de mis padres, sino por haber aparecido mil veces con la familia Franco.

— (Encendiendo un puro). Señorita, yo sí sé quién es usted y con quién se junta, a mí no me la da. He estado mucho tiempo detrás de usted. A su padre no vamos a meterle ahora.

— Pero…. (con extrañeza y al tiempo con alegría que camuflaba a la perfección). ¿qué haré para que no me reconozcan?

— Ay, señorita, no se haga la tonta. ¿Qué va a hacer me pregunta? Infiltrarse como un recién llegado profesor de lenguas y teología, con un perfil de joven candidato a diplomático. Eso justificará sus idiomas, que tendrá que usarlos porque estos comunistas hablan en ruso y no sé qué más ostias. Por eso su delgadez nos sirve y mucho. Gabriel Gómez, su vecinito, le abrirá el camino en el ambiente universitario. Ni que decir tiene Sonia (esta vez la llamó por su nombre) que usted va a colaborar y que hará lo que tenga que hacer.

A partir de ese momento Sonia sentía algo grande en su corazón, una emoción desconocida, sus pulmones querían aspirar todo el aire posible. Por fin, iría a Madrid y aunque fuera de lejos, vería a su primo Jorge, a sus padres, a su amigo el joven doctor Massip, a Jorge Semprún de visita en casa de sus tíos Julio y Carmen.

Según se marchaba —ya liberada de la entrevista — a beber agua, cayó en la cuenta de que quizás tendría que delatar a Federico Sánchez, es decir, Semprún y a tantos otros. No lo podía aguantar. Ahora lo que tenía que hacer no era otra cosa que pensar, pensar muchísimo. No le olía bien el asunto. Todo eran preguntas para ella. ¿Por qué si Benito se tiró por la ventana con silla de ruedas no daban esa noticia? No iban a darla, pero… ¿por qué no? Aunque no era quien decía ser, era alguien. El hijo de un Almirante, un profesor de la Complutense. Era obvio que Benito aun a pesar de sus altibajos emocionales no habría hecho eso nunca, con silla de ruedas incluida. ¿Quién se creía que había sido un suicidio? A los suicidas se les demonizaba todavía mucho más si cabe, una vez muertos. Había que ocultarlo siempre y no tenían derecho ni a una plaza en un cementerio.

Al día siguiente, vinieron a la base un equipo impresionante de algo que parecía gente preparada en estética, un equipo de esos que trabajan en caracterización con los directores de cine. Sonia ya había olvidado la moda de los 60 que tan bien le sentaba, esos trajes de corte Channel diseñados por su propia madre y que a menudo llevaba la mujer de Kennedy. En España algo más retrógradas, la minifalda estaba reservada para gentes como Sonia. Por encima de todo existía eso que se llamaba la liberación juvenil, que fue lo que significó esta década y ese reflejo incidió también en las artes, las manifestaciones rupturistas y transgresoras llevaron al Pop Art de Andy Warhol. 

Según avanzaba la década, la moda marcaba dos esquemas bien diferenciados, por un lado la moda «little girl», donde la inocencia y la sensualidad se mezclaban, y por otro lado la moda psicodélica, de formas geométricas y rectas que comenzaban a mostrar abiertamente el cuerpo. Los vestidos y diseños geométricos, se inspiraron en la creciente competencia por conquistar el espacio, que existía entre la URSS y los EEUU. Elisa al frente de Lavande-Terrier había traído esa moda, con las innovaciones espaciales, aparecieron nuevos tejidos, las telas dieron paso a los plásticos, que empezaron a utilizarse para crear todo tipo de vestidos y complementos, el plástico inundó el mercado. Los pantalones vaqueros acampanados eran los preferidos de Sonia con su camisa suelta y su americana de cuadros, pero también la minifalda con botas por encima de la rodilla de buena piel. A Sonia le encantaba la moda, claro, y la lucía muy bien, a fin de cuentas su madre la había educado en ello.

Llamaron a Sonia y cuando entró, en efecto la saludaron cuadrándose y diciendo: ¡A la orden mi capitán!

— ¡Capitán yo! esta gente está más loca de lo que yo pensaba. (hablaba para sí, con la intención de que no la entendieran).

Comenzaron a teñirle el cabello, y a enseñarle cómo ponerse barba y bigote postizo, una funda de dientes cambiaba el aspecto de su boca por completo, haciéndolos un poco más grandes. La prótesis impedía una pronunciación fonética normal, lo cual era mejor porque su dicción cambiaba especialmente en las consonantes linguopalatales, linguovelares, en fin, todo lo que se relacionara de alguna manera con sonidos que incluyeran la lengua y el paladar. Eso ayudaría a descartar sospechas.

El pecho vendado con una faja especial de color de la piel camuflaría su exuberante busto. Esto la incomodaba en extremo, pero a base de aprender a respirar y estirar la espalda, casi que le gustaba esa apariencia. Prótesis en los hombros aumentaban su espalda que ayudado de una americana haría más prominente la misma, más sobresaliente que la cadera.

La década de 1960 vio nacer la tendencia de los cuellos de tortuga para los hombres como una prenda de moda. Se utilizaban tanto bajo camisas y chaquetas, haciendo la chaqueta más desenfadada y la camisa más elegante. Las solapas en las chaquetas empezaron a ensancharse y los colores brillantes reemplazaron a las chaquetas conservadoras y oscuras de finales de la década de 1950 y principios de la década de 1960. Las camisas eran de botones y en algodón, a menudo a cuadros. Las chaquetas cruzadas estaban de moda y los trajes de conjunto leisure suits empezaban a ganar popularidad. Más tarde en esa época, las botas Chelsea, unas botas hasta el tobillo con un tacón bajo, reemplazaron a los zapatos formales como el calzado de moda.

Cuando se miró en el espejo hasta se emocionó por la transformación que el equipo había hecho sobre ella. Algunos modales masculinos pero no muy exagerados había aprendido, al igual que impostar la voz con esos fonemas extraños de profesor extranjero y excéntrico.

Antes de estar casi lista, se mentalizó que a partir de ahora sería Salvador Molinero, le entregaron su documentación y ya estaba más que preparada.

— ¡Sonia! Gritó uno del equipo de caracterización en un momento que estaba despistada.

No se giró. Este gesto indicó que ya estaba lista, bueno listo. Pero antes de salir a Madrid, entró al laboratorio de Pablo Guimaraes, el químico del estado, a quien pagaban una cantidad descomunal de dinero para que pudiera competir con los agentes de la CIA, por la sencilla razón de que había sido agente de la CIA, sin más.

Entró en el laboratorio de Guimaraes. El investigador la esperaba con seriedad, bata blanca, sentado en una silla alta delante de uno de los muchos microscopios del laboratorio. Tenía una cabeza de esas nobles, ojos azules y piel muy blanca, con una mirada muy penetrante. Hablaba con acento y se dirigió a ella:

— ¡Buenos días Salvador! (dirigiéndose a Sonia con determinación) Esto que usted ve aquí son unas pastilla de cianuro de potasio. Podemos usarlas en forma de cápsulas, en solución o inyección. Primero causa la muerte cerebral y después parada cardiaca, todo ello en cuestión de 3 minutos. Llevará unas cuantas por si tiene que usarlas. (la miró fijamente como quien traspasa el pensamiento, como diciendo: las usará)

— De acuerdo, señor Guimaraes. ¿Cuál es el antídoto?

— Aquí lo tiene. El peróxido de hidrogeno es su antídoto, se lo doy en diferentes formas.

— ¡Gracias!

— Lleva aquí camuflado en su maletín inyecciones, bolsas de infusión, una petaca tan de moda de cognac, que contiene el preparado, también se lo he camuflado en forma de polvo y en forma de líquido-disparo camuflado en este bastón que me han dicho que llevará usted. No se equivoque.

— Sí, así es. Muchas gracias.

Guimaraes era el mejor químico que Franco había contratado para la organización. Había sido investigado tanto como agente de la CIA como en todo su pasado, el cual era impecable. Sabía de todo lo que hay que saber en venenos, en compuestos para morir e incluso para fingir muerte.

— ¡Suerte señorita Sonia! —afirmó con cierta tristeza el afamado químico.

— Sí, aunque ya no soy Sonia.

Se acercó a ella y con ese disimulo que solo controlan los espías, introdujo una carta en el bolsillo de la americana de Sonia. Estrechó su mano, haciéndole un signo masón y sonrió. Sonia comprendió perfectamente el lenguaje, pero se puso más nerviosa.

— Espero que nos volvamos a ver señor Guimaraes.

— No tengo ninguna duda, Salvador. ¡Suerte!

Madrid, en los últimos años de la dictadura franquista, concentraba, -además- otras muchas organizaciones antifranquistas que practicaban la lucha armada, como el caso de ETA. Sin embargo, el PCE, que en esos momentos ya era considerado “el partido del antifranquismo” ensanchará su campo de actuación, con las comisiones de barrio, su trabajo de entrismo dentro de los Colegios de Abogados, sus alianzas con intelectuales, el asociacionismo vecinal, la creación del Movimiento Democrático de Mujeres y las victorias de candidaturas de oposición democrática en las elecciones sindicales. Todo un entramado, curioso si se tiene en cuenta que en el edificio donde vivía Massip, padre, vivían nazis protegidos por el gobierno y compinchados de alguna manera, para además de vivir muy bien, detectar todo lo que no fuera normal. Helga la cuñada del viudo Massip, no estaba ahí por casualidad.

Una vez que llegó a Madrid, la esperaba el Coronel y Gabriel. Cuando Sonia bajó del tren, se quedaron impresionados, especialmente López Moreno, Gabriel no tenía ni idea de que era Sonia. Para él, su vecina burguesa se habría ido a uno de sus viajes pagado por su padre a investigar como una niña pera.

— (Magnífico, pensó el Coronel) Bienvenido Profesor Salvador Molinero a Madrid, a la capital y centro de nuestra nación.

— (Impostando la voz y con ese defectillo fonémico) Encantado de conocerles, Coronel López Moreno (estrechando fuertemente con la mano izquierda) y usted…

— Soy Gabriel Gómez, estudiante de la Facultad donde usted impartirá este cuatrimestre las clases de filosofía y de teología.

— Encantado, pero no sé si estaré un cuatrimestre, señor. He venido para unas conferencias, nada más Quizá no está usted bien informado. (afirmó con gran sequedad y desprecio Sonia.)

Se acomodó en el número impar de la calle de Velázquez, frente al edificio de sus padres, vecinos y tíos. Sentía un ahogo importante. En ese momento tenía una mezcla muy extraña de sensaciones, estaba muy confusa con tanta preparación. Ahora su parte emocional estaba saliendo de forma casi imparable.

Abrió la ventana para respirar el aire madrileño y vio salir a su madre con su tía Carmen, ambas arregladísimas, charlando del brazo muy animadas, como para ir a alguna reunión.

Detrás de ellas apareció Benito.

Sonia dio un grito.

 

1Cómo está su salud. ¿Cómo usted bien? observo que está usted bastante desmejorada

2Ciertamente podría estar mucho mejor, si al menos tuviera la oportunidad de poder ver a mis padres, sería para mi algo muy bueno, Coronel. Me da igual que no me dé la botella de agua que tanto necesito en este momento. No he tenido noticias de mis padres desde hace dos semanas. No me han traído ni un periódico. ¿Qué espera de mi?

5 comentarios

  • clubdelecturavalera Domingo, 22 Mayo 2022 01:13 Enlace comentario

    Parece que va tomando cuerpo. Es un relato fantástico, entretenido, documentado que se aprecia por la apuesta del periódico a lanzarse a una modernidad así. Ya nos hemos enganchado veinte personas.

  • Cecilio Macarrón. Sábado, 21 Mayo 2022 23:04 Enlace comentario

    Episodio genial. Muchísimo dato histórico mezclado con la ficción de los personajes principales perfectamente ubicados cada uno en su habitat, como si la autora tratase de poblar una selva con toda clase de animales, depredadores o depredados.

  • Rosalía Adrián de Bringas Sábado, 21 Mayo 2022 21:03 Enlace comentario

    Bravo las descripciones. Por fin me entero con pocos datos de lo que sucedía en la época. Ganazas de leer el siguiente mañana.

  • Piotr López Paveliev Miércoles, 18 Mayo 2022 18:28 Enlace comentario

    Genial!!! Sigamos así

  • Piotr López Paveliev Miércoles, 18 Mayo 2022 18:27 Enlace comentario

    Genial!!!! Espero la continuación

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