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Niccolò Macchiavelli contra el “buenismo” infantiloide y el populismo abyecto


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)
Retrato de Nicolás Maquiavelo por Santi di Tito. Retrato de Nicolás Maquiavelo por Santi di Tito.

Todo en el Estado,

nada fuera del Estado,

nada contra el Estado.

Benito Mussolini

Seamos conscientes o no –eso parece lo de menos- estamos atrapados en un laberinto, que ha sido minuciosamente planificado y concebido para que, más temprano que tarde, nos tropecemos de frente con el Minotauro.

Es el nuestro ‘un periodo de vacío’, de pérdidas y de simplificación masiva. La imaginación es política, tal vez por eso insistentemente, se pretende desterrarla de nuestro horizonte vital.

Leyendo, sin ir más lejos, a Giorgio Agamben, nos posee un sentimiento a un tiempo pesimista y lúcido y, advertimos lo que la civilización occidental ha perdido y, probablemente no pueda recuperar.

Quizás necesitamos estimulaciones dialécticas que, cada día que pasa, están más lejos de nuestro alcance. Es urgente, para no caer en el vacío, que nos aferremos a una nueva concepción del mundo y a una nueva cultura. Es solo un ‘desiderátum’. Lo que da vueltas y más vueltas a nuestro alrededor son los parámetros imaginarios que impulsan la marcha del capitalismo mundial.

Tampoco acabamos de ser conscientes de que estamos instrumentalizados por diversos poderes que ‘tiran’ de nosotros, nos escinden y nos manipulan. En medio de tantas turbulencias vuelvo una y otra vez a Maquiavelo, el forjador de ‘el realismo político’. Hace apenas unos días, he leído unos interesantes comentarios al respecto, de Miguel Saralegui.

No tengo el menor empacho en señalar que el Capítulo XV de El Príncipe, contiene, para mí, unas páginas de lo más ilustrativo. Creo que al florentino no solo hay que comprenderlo sino que interpretarlo. Arremete, por ejemplo, con argumentos sólidos contra Platón y Tomás Moro, ¿quiénes encarnan hoy estos ‘papeles reaccionarios’? envueltos, eso sí, en una capa vistosa de ensueño y utopía que más parece una distopía.

Los buenos deseos, las piadosas intenciones, el ‘buenismo’ en definitiva, en más de una ocasión y en más de dos, configuran pensamientos políticos, moralizantes que hacen el juego a los poderes establecidos, ocultándose, eso sí, detrás de disfraces y de máscaras. Interpreté de Maquiavelo, desde mis primeras lecturas, que esas máscaras tienen que ser arrancadas con sutileza y determinación.

El autor de El Príncipe, nos muestra un itinerario –que no es rectilíneo, por supuesto- para mirar políticamente a la realidad, sin dejarse atrapar por trampas moralizantes. Incluso en más de una ocasión he pensado que estos planteamientos aparentemente tan virtuosos tienen, a poco que se hurgue, no poco de cinismo.

Niccolò Macchiavelli utiliza un método sin concesiones dónde el principio de realidad, se impone a todo lo demás. Muestra a sus lectores, del presente y del futuro, la forma en que se consigue y se mantiene el poder, mas nunca, -es un tópico falaz que se ha venido repitiendo, siglo tras siglo-, defiende que ‘el fin justifica los medios’. El florentino es bastante más sutil.

Tampoco debemos echar al olvido su defensa de los valores republicanos de la antigüedad clásica, ni la búsqueda del bien común. No se ha insistido lo suficiente, a mi juicio, en que defiende la participación de los que hoy denominamos ciudadanos en la toma de decisiones que les compete.

Los autoritarismos, con una vocación totalitaria, que utilizan estrategias puramente populistas, ganan terreno día a día. La pereza y falta de compromiso, en buena medida, hacen que se analicen los movimientos autoritarios emergentes con esquemas heredados del pasado. Resulta bastante claro que así no vamos a ninguna parte. Si no somos capaces de hacer, al menos, un diagnóstico preciso. Es más, ni siquiera lo intentamos.

Desde luego, las ideas periclitadas y los tópicos al uso sirven de poco. Solo analizándolos con rigor seremos capaces de saber a qué atenernos. Muchas estructuras sociales se agrietan y se rompen a pedazos, produciendo desgarros, contradicciones y conflictos. De ahí la inestabilidad política y social que nos envuelve.

No faltan tampoco, quienes de forma aviesa legitiman estas tendencias fuertemente ligadas a un irracionalismo destructivo.

Siguiendo el modus operandi de Maquiavelo podríamos argumentar que quienes arremeten furiosamente contra el legado de la Ilustración, lo que en realidad están haciendo es deslegitimar la democracia e incluso ‘colocar algunas bombas de relojería’ para llevar a cabo una voladura controlada de la Modernidad.

No es baladí que recurran a pseudo-argumentos y consignas de una simplicidad alarmante. La memoria es la más de las veces, un estorbo para ellos y tan solo utilizan ejemplos reaccionarios y dictatoriales del pasado para hacer de ellos banderas o banderías.

Adviértase que intentan, por todos los medios, atacar, deslegitimar y reventar, desde dentro, el sistema democrático. A título de ejemplo, se mofan abiertamente de la separación de poderes y de todo Pacto Social de carácter fundacional.

Somos culpables de nuestra propia ceguera y sucumbimos con facilidad a procedimientos y esquemas tan vacíos de contenido, tan volátiles y engañosos.

Por el contrario, hay que afirmar alto, claro y contundentemente, que la realidad es compleja y que no existen –ni han existido nunca- recetas simples a problemas complicados. Es más, son engañabobos en toda regla.

Sus contradicciones son enormes. No les importa, les da igual. Por ejemplo, son nacionalistas vergonzantes que se consideran antinacionalistas. Confunden nación con bandera y siendo movimientos de extrema derecha o de derecha extrema, pretenden convencer a los incautos de su apoliticismo. Estos populismos de tres al cuarto, bien mirado, son antiliberales, no quieren ni oír hablar del liberalismo político y del económico, solo adoptan lo que les sirve para traer las aguas a su molino.

Hacen, siempre que les es posible, una burla en toda regla del pensamiento político moderno, no hay que ver más que los autores que citan. Prefieren emitir sus mensajes de odio a través de medios de comunicación afines y redes sociales. No les gustan los debates, ni fundamentar sus ideas… tan solo atacar y destruir.

Pensarán que exagero, mas crean una auténtica y ostensible ‘realidad paralela’. Están en contra de derechos logrados con tanto esfuerzo, el matrimonio de personas del mismo sexo, la aplicación de derechos humanos a los inmigrantes o los derechos de la mujer, que defiende el movimiento feminista. Recuerdan sospechosamente, ‘la banalidad del mal’.

Su trumpismo es exagerado mas, patente. Son antisindicalistas, antifeministas, negacionistas y consideran una exageración injustificada, las medidas inaplazables que hay que tomar contra el cambio climático y a favor de la transición energética.

Siempre es oportuno leer o releer a Hannah Arendt. Son muy significativas a este respecto, las páginas de Orígenes del totalitarismo. Divulgando con rigor sus análisis críticos y puntos de vista, veríamos como se vienen abajo no pocos castillos de naipes, así como algún que otro ‘palo del sombrajo’.

Se sienten cómodos provocando, buscando la gresca o amenazando. Otro rasgo nítido para identificarlos es su anti intelectualismo y su desprecio por el pensamiento crítico.

Si los desenmascaramos, aún estamos a tiempo, de que se replieguen sobre sí mismos y den marcha atrás. Exhiben una obscena intolerancia. Podría continuar porque la lista es extensa, más basta con unos cuantos botones de muestra.

Una última consideración. Estoy convencido de que habría que conceder a la Filosofía de la Historia, una mayor atención y divulgar, con rigor, sus planteamientos, algunos de los cuales son, no solo, plenamente actuales sino también lúcidos y atinadísimos.

Por eso, precisamente, por eso, mi indignación sube enteros cuando escucho o leo comentarios que pretender convertir la Historia en un gigantesco ‘parque temático surrealista’, donde por supuesto, los Reyes Católicos, Torquemada, Hernán Cortés… y hasta Menéndez Pelayo y Francisco Franco tendrían sus ‘pedestales’ adecuados.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.

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