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Las consecuencias de la inflación


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En un artículo anterior, “La inflación debocada”, analicé las causas que la provocaba, pero no las consecuencias tan desiguales que la subida de los precios provoca. La repercusión es muy diferente según sea el nivel de la renta de las personas físicas. En los países desarrollados el mayor coste recae sobre las clases sociales de menores ingresos, al darse el incremento de los precios en los bienes de primera necesidad: alimentos, electricidad y combustible. Las rentas bajas dedican un gran porcentaje de sus ingresos al gasto de estos bienes, por lo que se acentúa la pobreza alimentaria y energética.

La inflación tal como se está desenvolviendo golpea duramente a las clases sociales que se encuentran en el 20% más bajo en los niveles de renta, lo que además hace aumentar la desigualdad ya de por sí muy elevada. La tendencia hacia una mayor desigualdad se viene produciendo desde los años ochenta, se acentuó con la crisis financiera de 2008 y se agravó con la pandemia. Ahora se intensifica aún más con lo que se desarticulan en mayor medida las sociedades avanzadas. Unos años de crisis e incertidumbre que están provocando, entre otras razones, el ascenso de la ultraderecha.

En unas poblaciones que viven al límite, la subida de precios de los alimentos hace crecer la pobreza y el hambre. La situación es realmente alarmante en unos momentos en los que la cooperación internacional se encuentra en sus momentos más bajos

La alta inflación está dañando los medios de subsistencia de muchos hogares de las economías avanzadas, pero en donde adquiere una mayor gravedad es en los países subdesarrollados, pues en éstos afecta de una manera dramática a la mayor parte de la población. El aumento de los precios de los alimentos está generando hambrunas. En unas poblaciones que viven al límite, la subida de precios de los alimentos hace crecer la pobreza y el hambre. La situación es realmente alarmante en unos momentos en los que la cooperación internacional se encuentra en sus momentos más bajos. Crisis tras crisis, las privaciones aumentan en los países subdesarrollados y en las clases sociales con menor nivel de renta en los países desarrollados.

Ante la creciente inflación existe un tentación de los bancos centrales de subir los tipos de interés como un mecanismo para frenar el alza de los precios. Una medida de este tipo no tiene visos de conseguir la bajada de los precios por la sencilla razón de que la inflación actual, tal como expuse en mi artículo mencionado, no se ha debido a una expansión monetaria. Hay analistas que sí lo consideran así y establecen una secuencia: políticas monetarias expansivas para combatir la crisis económica derivada de la pandemia, el estrangulamiento de los canales de producción y distribución durante el confinamiento para frenar la expansión de la Covid-19, y la guerra de Ucrania. Precisamente la primera es más que discutible, pues la política monetaria no trajo en su momento un proceso inflacionista. El desencadenante ha estado más bien en las otras dos causas.

La subida de los tipos de interés más que resolver la inflación puede agravar la situación económica, pues el encarecimiento del crédito repercutirá negativamente en el consumo de los hogares y en la inversión de las empresas. Se estará entonces en un contexto de menor crecimiento y, por tanto, más desempleo, y una creciente subida de precios. En concreto, se padecería una estanflación similar, aunque no igual, a la que se dio en la década de los setenta. Para evitar esto lo que hay que tener claro es que ni el exceso de demanda ni la expansión monetaria son las causantes de la subida de los precios, sino que realmente lo que se está es ante un choque de oferta. La aplicación de medidas inadecuadas pueden provocar un daño mayor que el que se pretende remediar. Ya hay suficiente experiencia de esto, con las políticas neoliberales que se inician en los años ochenta, las políticas de ajuste en los países menos desarrollados y las políticas de austeridad que se llevaron a cabo en los países del sur de Europa.

Catedrático emérito Universidad Complutense.

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