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A propósito de Carlitos


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

La envidia, ha sido y sigue siendo uno de los males que más y peor azota a la humanidad. El hombre tiene problemas para poder reconocer en el otro a alguien que es mejor o que simplemente se ha esforzado más y como recompensa a ese esfuerzo sus resultados son mejores que los nuestros. Así es.

Cuando encontramos a alguien que tiene talento ¿qué sucede? pues que la inmediata es intentar ver cuáles son sus defectos, de qué pie cojea o qué ha hecho para adquirir dicho talento, buscamos lo negativo, "sí pero no sabes qué vida lleva" o "claro es que ha pasado por carros y carretas"...decimos cosas para desacreditar a esa persona, muchas veces sin darnos cuenta. Es triste pero el ser humano responde la mayoría de las veces de esa manera, lo contrario sería alabar a esa persona o reconocer de lo que es capaz -a diferencia nuestra- y eso nos pone en una situación de inferioridad, de complejo o de insuficiencia. El caso es que hay personas que en efecto tienen muchos talentos y que trabajan para poder desarrollarlos, uniéndose de ese modo trabajo y capacidad innata, con lo cual el resultado generalmente es redondo. ¿Y qué sucede? Pues que de inmediato brotan de no sé dónde ejércitos de enemigos, de envidiosos, los cuales se "hacen los locos" referente a los éxitos que dicha persona cosecha, intentan ningunear, obscurecer, obviar, en definitiva.

He visto un caso reciente de este problema tan triste en las relaciones del ser humano y resulta verdaderamente lamentable poder asistir al envilecimiento de personas, muchas que se tornan en enemigos implacables, probablemente sin que ellos lo puedan contemplar, y el caso es que en general se les tiene por amigos. Pongamos algún ejemplo, no puedo soportar cómo los profesionales que se dedican a algo -sea música, literatura, arte, pintura- destruyen a los mismos que se dedican a esa misma profesión. Resulta paradójico porque en general son los mismos de esa profesión los que se encargan de matar a cuanto ser humano destaque. Debe de ser porque ellos están frustrados, hemos oído esto en multitud de ocasiones cuando nos referimos a aquellos que dedicados a la enseñanza -por poner un ejemplo- se dedican a hacer polvo a todos sus alumnos con celos, intrigas, obscurantismos.

Creo que un crítico de arte o de lo que sea, tiene el derecho de opinar en los medios porque para eso le pagan en general. Ser alumno hoy en día es estar también, ojo avizor para que no te copien lo que escribes, es tradicional que los directores de tesis fusilen materiales de su doctorandos, un alumno ha de vivir ocultando que tiene conciertos, o que te han propuesto para una sala de exposiciones. Todos hemos asistido a presentaciones de libros, por ejemplo, donde además te ponen verde, se lucen los presentadores y no el autor, o exponen los defectos de tu libro. ¡Toma!

Son pocos los que reconocerán en los que llegan un poco más lejos ese talento y sobre todo esas ganas de trabajar, que generalmente los demás han perdido o han dejado de lado al ver que no les daba todo lo que ellos mismos querían. Nadal sigue siendo Nadal, ha sido es y será el mejor tenista. Aún recuerdo sus logros ya con 18 años, también su arrogancia, su “chulería” que tanto repateaba a los franceses en París. Le abucheaban, le insultaban, años han estado injuriando al portentoso tenista. Todavía muchos siguen odiándole y como en este país somos del último que llega, pues ¡aguanta la pedrá! Que ya los hay que vuelven a insultarle porque quieren que se retire. Me refiero a los propios de aquí. Si con razón los europeos dicen que a los españoles hay que dejarnos solitos porque entre nosotros nos matamos. Siempre lo digo, pero es así.

Todo ello se ve salseado por los medios de comunicación que viven de la crítica más repugnante y que hay, además, muchas personas que se entretienen con ese clima de crítica bestial que tanto mal hace en nuestra sociedad aunque sea pingüe en beneficios. En la enseñanza, en los medios, en la calle...hay una atmósfera de negatividad y de competitividad infame que se hace insoportable y que creo que no es bueno para nadie. Ahora nace este Carlitos Azcaraz y viene más arrogante que nadie. Salió de la escuela de tenis del propio Nadal y bueno, pues ahí está. Ya le hemos hecho ídolo y ya no queremos que Nadal siga con su espada batiéndose aquí y allá. Carlitos es el nuevo producto y tiene su propio márquetin el chaval, claro está. También tiene más posibilidades y más medios que los que le precedieron, pero estos millennials o la generación Z, que se las trae también. Unos y otros, se levantaron una mañana cualquiera y se erigieron en catedráticos, creen que lo que hay y lo que ellos disfrutan es porque se lo merecen. No se cuestionan para nada, si hay otros que han dado la vida por los derechos, por los salarios, por una buena alimentación en los deportistas, por tantas cosas. Ellos llegan y ¡pum! Fenómeno Rosalía que ha llegado a consagrarse como la mejor en dislalia y además la pagan. Tiene mérito, lo que para otros en la escuela es un trastorno (me refiero al pronunciar mal y no distinguir los fonemas) a ella le viene bien. Las grandes subidas siempre me han dado miedo, porque queda tanto en la vida por demostrar. No para los millennials y generación Z que son unos fenómenos a cualquier hora del día que se levanten y además ya lo han demostrado todo en la vida. Ya tenemos varios millones en nuestro país, de modo que ellos ya se encargan de enviar al garaje o “a los leones” a los que pasan su edad o a quien les da la gana.

El joven Alcaraz, Carlitos, es una promesa sin duda, claro que sí, pero hay mucho tiempo para demostrar las cosas, mucho. Hay que respetar también a los otros… en fin, se llama permanencia en la vida, paciencia, tesón…que hay que tener para muchas cosas, aunque el éxito no llegue nunca porque no depende de ti. ¡Cuántos habrá así! Y sin embargo, siguen luchando o ya tiraron su toalla porque se murieron. El ser humano cuando está conforme consigo mismo y contento con su vida no tiene ninguna necesidad de nada de esto, porque está claro que el sol sale para todos y cada uno en la vida tiene y debe tener su lugar.

Hacía tiempo que no hablaba de los rabiosos porque hacía tiempo que no me los encontraba. Estos días los he vuelto a ver y me desagradan enormemente.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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