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Del mambo de la CUP a Tsunami Democràtic, con Pegasus al fondo


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Entre el 6 y el 7 de septiembre de 2017, un Parlament de Catalunya con mayoría de diputados secesionistas votó las llamadas Leyes de Desconexión, que supuestamente daban base jurídica a la ruptura con el Estado español.

El mismo día 7 de septiembre, en plena sincronía con ese movimiento en la esfera parlamentaria, la CUP difundió un vídeo presentado como "¡Ahora empieza el mambo!", que escenificaba la ruptura con el Estado mediante el despeñe por un barranco de una vieja furgoneta, acción que celebraba un grupo de jóvenes que se ponía a bailar de inmediato. No hacía falta ser un experto en semiótica por la Universidad de Vic para entender el mensaje.

El mambo fue un tipo de baile muy popular en los años cincuenta del pasado siglo. Lo lanzó un músico cubano llamado Pérez-Prado, y lo más interesante del caso es que, aunque la mayoría de mambos tenían títulos corrientes, había un grupo de estos temas ordenados numéricamente: mambo número uno, mambo número dos... así hasta el mambo número ocho.

La CUP prometía "mambo" contra el Estado en el inicio del momento culmen del procés. ¿Qué mambo en concreto se iban a poner a bailar? Pues, con total certeza, aquel que correspondiera a la resistencia que opusieran el Estado español y los catalanes "unionistas". La gradación de mambos del uno al ocho permitía su modulación a voluntad, recorriendo una escala que deja poco sitio a la imaginación en cuanto a la intensidad del "baile" que representa cada uno.

Efectivamente, a partir de septiembre de 2017 se empezaron a bailar "mambos" sobre todo en el centro de Barcelona, en escala creciente, aunque con fortuna desigual. La culminación del despliegue "bailón" llegó, sin embargo, dos años más tarde, en octubre de 2019, con las sentencias judiciales que condenaban a algunos de los principales cabecillas del procés. Durante unas semanas, el espacio público del centro de Barcelona ardió literalmente en una borroka que ni ETA soñó en su día. Para entonces el protagonismo en el terrorismo callejero "de baja intensidad" lo ejercía ese ectoplasma llamado Tsunami Democràtic.

Según el diario suizo Le Temps, Tsunami Democràtic se creó a fines de agosto de 2019 después de una reunión habida cerca de Ginebra a la que asistieron, entre otros líderes secesionistas, el entonces presidente catalán Quim Torra y su predecesor Carles Puigdemont, así como personajes suizos vinculados al independentismo catalán (y posiblemente también a algún servicio secreto extranjero). Associated Press, por otro lado, fijó su creación por los mismos personajes, pero un mes antes, con implicación directa de los más altos cargos del Govern de la Generalitat de Catalunya de entonces. El actual presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, era vicepresidente de esa institución catalana.

En realidad, Tsunami Democràtic nunca fue una organización, ni un movimiento ni siquiera una plataforma, sino una aplicación tecnológica destinada a movilizar pequeños grupos de "combatientes" en acciones puntuales, concretas, desarrolladas en redes ciegas, sin contacto organizativo ni relación personal entre sí. Tsunami Democràtic era un producto tecnológico supuestamente fabricado en Catalunya por "expertos" vinculados a la dirigencia independentista. En realidad, hay quien piensa que se trata de una herramienta adquirida a los servicios secretos de una potencia extranjera, tal vez Rusia, en la famosa reunión fundacional de Ginebra.

Al igual que el mambo de la CUP, Tsunami Democràtic se esfumó, al parecer para siempre, tras haber conseguido en parte algunos de sus objetivos (la "borrokización" de la política catalana durante unas semanas, y su presencia en los medios audiovisuales de todo el mundo), pero habiendo fracasado en lo esencial (la generación de un movimiento internacional de solidaridad con el "levantamiento del pueblo catalán por su libertad", que presionara sobre el Estado español).

Parece razonable pensar, en fin, que con Pegasus o sin Pegasus alguien intentara en su momento atajar todo esto. Y en todo caso, no hay que olvidar que quienes pretendían hacernos bailar con esa música (y en parte lo lograron, con un coste material y psicológico muy notable para la ciudadanía catalana, sobre todo barcelonesa), son los mismos que ahora se rasgan las vestiduras cuando se ha sabido que les vigilaban. ¡Y cómo no les iban a vigilar!

Escritor. Ha publicado varios libros sobre literatura de viajes, investigación en historia local y memoria colectiva contemporánea. Algunos de sus títulos son “Un castillo en la niebla.Tras las huellas del deportado Mariano Carilla Albalá” (sobre la deportación de republicanos españoles a los campos de exterminio nazis), “Las cenizas del sueño eterno. Lanaja, 1936-1948. Guerra, postguerra y represión franquista en el Aragón rural” (sobre la represión franquista), y la novela “El cierzo y las luces” (sobre la Ilustración y el siglo XVIII).

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