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Por una vez hablemos del honor


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El honor es una cualidad moral que lleva al sujeto a cumplir con los deberes propios respecto al prójimo y a uno mismo. Se trata de un concepto ideológico que justifica conductas y explica relaciones sociales. El honor de España se está deteriorando cuando una dirigencia institucional se encuentra inmersa en una sucesión interminable de casos de corrupción.

Lo que hace que una conducta sea honorable dentro de una comunidad, es que existan diversas reglas compartidas que se basan en ideales respetados. Lo que supone que las instituciones de control realicen su trabajo de manera honorable. Sin someterse a las servidumbres del poder. Es decir, si la banca estafa a los ahorristas para obtener dinero, eso no es un comportamiento honorable. Si se deja morir a los ancianos en los cuartos oscuros de las residencias. Menos. Tampoco si se miente a los ciudadanos reiteradamente en los fines reales por los que se decide el uso de fondos públicos. Menos, cuando se ofrece un escenario de impunidad a los delincuentes. Actitudes cobardes como éstas atentan claramente contra el honor de una persona. Contra la salud ética de una sociedad.

El honor, por tanto, está vinculado a la dignidad. Por ello, un responsable público que no respete las normas de una conducta honorable es indigno. No puede afirmarse una cosa y actuar en contra. Actuaciones cuyo propósito expresa con claridad la voluntad de proseguir con la política de recortes cuyos resultados nos han traído hasta aquí sin lograr resultados satisfactorios para nadie. La buena reputación que una persona pueda tener está estrechamente relacionada a la palabra honor. Esta cualidad va unida indisolublemente a ella, en tanto que la reputación se caracteriza por ser honesto y leal con los compromisos que supone el mandato de los ciudadanos. Un comportamiento honorable es el de aquél sujeto que respeta esos compromisos, junto a los valores superiores de una comunidad. De lo contrario, estaría actuando cobardemente y pondría en juego su honor.

Para las personas de bien, el honor es una cualidad humana que va unida a la virtud, al mérito y, muchas veces, al heroísmo. Porque una persona que detenta un cargo electo, designado o funcionarial, debe demostrar que es capaz de resistir a las tentaciones del dinero o del abuso del poder. Eso es heroico. Desde esa conducta, moralmente plena, el honor permite que un individuo cumpla con su deber respetando al prójimo y a sí mismo. Se trata de tener a un comportamiento adecuado y aceptado por los demás. No hacerlo es traicionar el mandato o funciones para las que las lleve a cabo.

Los ciudadanos debemos hacer memoria. Recordar es una de las claves que mide la honorabilidad de las personas. Los resultados de esa medición le pertenecen al ámbito de lo personal. Sin embargo, cuando de figuras públicas se trata, entonces la transparencia debe ventilar cualquier sospecha de flaqueza frente a los poderes que se contraponen al interés general. Eso sería heroico. España necesita héroes y heroínas. Tantas como abundan en el 40% de españoles que han empobrecido su renta personal para atender deudas que no le pertenecen. Porque hay que ser heroico para no ocupar las calles y las plazas, cuando nos vamos enterando del saqueo del que hemos sido, y aún lo somos víctimas. Es el 40% de españoles al borde de la pobreza. Tampoco puede eludirse que la UE ha llamado la atención reiteradamente, acerca de la calidad de la justicia de este país.

Por todo, se falta el respeto al honor del conjunto de los ciudadanos españoles, sin que los títeres que son manejados a placer por el poder desde la trastienda, tengan la dignidad suficiente para defender la imagen de España. La deshonra nos invade, aun así, recordemos a Ovidio:

“Aunque estoy caído, no caí tanto que esté también más bajo que tú, que yaces en lo más abyecto de todo”.

Es el tiempo de recuperar el honor y la dignidad, ¿no creen?

 

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

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