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Sin sangre no hay paraíso


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Me perdonarán los lectores por mi insistencia en temas ligados al proceso independentista catalán, pero lo viví, en vivo y en directo, defendiendo los principios de la Constitución como Alcalde – Presidente, de un pequeño pueblo de la provincia de Barcelona.

Fueron años muy duros, proclives a acusaciones, movimientos en contra, presiones, amenazas, peticiones ilegales, etc. Ahora, años después, muchos de los líderes del proceso en pueblos y ciudades quieren olvidar lo sucedido. Es más, muchos piden sean borradas todas las acciones, incluso las más violentas, para volver a un pasado anterior al proceso, como si nada hubiera ocurrido.

Lo siento. Imposible. El pasado siempre vuelve, y vuelve para pasar cuentas. Cuentas legales, bajo el imperio de la ley. No como venganza sino como petición de responsabilidades y reparación de daños, hasta donde sea posible.

Y vuelvo al tema por dos nuevos motivos de la mano de dos de los protagonistas. El fugitivo Puigdemont que añora primeras páginas, se descolgó hace pocos días en un reconocimiento que todos sabíamos, pero que ninguno de los impulsores del proceso se había atrevido a confirmar, y es que no había nada preparado ni previsto para la declaración de independencia. Es decir, jugaban de farol, en un tema tan delicado y peligroso como éste.

Hay un segundo motivo, incluso más relevante que el primero. La aparición del libro de Clara Ponsatí, ex consejera de Educación, huida a Bélgica. Actual europarlamentaria sin partido que nadie sabe muy bien a qué dedica el tempo, al lado de Puigdemont y Toni Comín.

He leído algunos extractos del libro, aparecidos en algunos medios de comunicación que dejan perplejo al menos apasionado. Pasa cuentas con todos y cada uno de sus colegas de Gobierno, y aparece como la única que realmente estaba dispuesta a firmar la independencia, y lo que hiciera falta, costase lo que costase.

Y en declaraciones ante TVE, desde el extranjero, no duda en afirmar que toda “revolución” o todo “movimiento de liberación” exige sangre. Sin sangre no hay paraíso. Es decir, la libertad, la liberación, bien vale un muerto, y si hay más, pues es el precio que se debe pagar para conseguir los objetivos propuestos.

Coherente con estas ideas, ella se fugó justo el mismo día en que podía ser arrestada, demostración clara de su valentía y su disposición a no ser la primera en caer. Deja para otros este honor de “mártires por la causa”.

Realmente es duro levantarse día sí, día también con tanto despropósito. Uno se pregunta, ¿qué hemos hecho para merecer esto? La respuesta deriva de haber tenido en el gobierno y en las cabeceras de los partidos independentistas, personas de una mediocridad extrema. Capaces de echar a andar hacia un objetivo imposible, sin tener en cuenta la realidad de la UE ni del mundo mundial.

Personajes a la búsqueda de notoriedad y cargos bien remunerados, sin ningún escrúpulo ante acciones y actividades claramente ilegales. Inconscientes a la hora de usar a personas crédulas para sus fines personales. O, muy conscientes del futuro fracaso, pero mientras tanto hacían pingües negocios.

Así estamos, viendo pasar nuevas comparecencias ante tribunales, de antiguos cargos institucionales que deben rendir cuentas ante la Justicia. Ahora, nadie hizo nada. Nadie tiene el valor de reconocer los errores o delitos cometidos. Todo se hizo mandado por alguien o para solucionar problemas, no para crearlos. Muy poco edificante, la verdad.

Presidente del Consejo de la Federación XI del PSC-PSOE. Ex alcalde de Borredà ( Barcelona) y ex diputado del Parlament de Cataluña.

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