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Energía, democracia, paz


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Los primeros pasos del largo camino que ha conducido hasta la actual Unión Europea (UE) fueron los acuerdos de seis países (Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) para crear la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) en 1951, y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM) en 1958. En un continente en plena reconstrucción económica, tras dos devastadoras guerras, la disponibilidad de energía y de las materias primas indispensables para la recuperación, resultaba crucial.

Resulta más urgente que nunca avanzar en la transición energética de nuestros países para reducir esta nefasta dependencia, aprovechando el extraordinario potencial de las energías renovables y de la electrificación

La guerra de Putin contra Ucrania –igual que sucedió con la Covid19– ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la UE en un contexto de interdependencia global, que ha propiciado entre otras cosas la deslocalización de numerosas empresas hacia países con bajos costes salariales o escasas exigencias ambientales. Con motivo de la pandemia, muchos descubrimos que en la UE no se producía prácticamente ni un gramo de paracetamol, ni mucho menos los equipamientos y medicinas imprescindibles para la protección y el combate contra el virus.

Afortunadamente, esta evidencia condujo a actuaciones conjuntas y coordinadas a escala europea, hasta ese momento inexistentes en el ámbito de la salud pública, así como a un radical cambio de enfoque en el ámbito de las políticas macroeconómicas de la UE.

En las actuales circunstancias, la extrema dependencia del gas procedente de Rusia por parte de varios países de la UE exige también decisiones contundentes a escala europea. Como bien señala Josep Borrell, no podemos ser rehenes de Rusia, renunciando a defender los derechos humanos a cambio del gas (y del petróleo) que este país exporta a la UE. Desde que comenzó la ofensiva de Putin contra Ucrania, los europeos hemos comprado a Rusia hidrocarburos por un importe superior a los siete mil millones de euros… Pero obviamente hace mucho tiempo que gracias a estos ingresos Rusia ha podido reforzar su capacidad militar.

Así que resulta más urgente que nunca avanzar en la transición energética de nuestros países para reducir esta nefasta dependencia, aprovechando el extraordinario potencial de las energías renovables y de la electrificación. Y resulta también mucho más absurda que hace un mes la propuesta de la Comision Europea para considerar al gas (junto con la energía nuclear) como energías “verdes”, en la taxonomía establecida para propiciar la descarbonizacion de nuestras economías.

Afortunadamente, la Comisión Europea ha comenzado a tomar en consideración las propuestas que el Gobierno de España ha venido planteando para reducir la dependencia del gas procedente de Rusia, a corto plazo mediante plataformas conjuntas de compra y a medio plazo con un menor peso del gas en el mix energético.

España también ha presentado propuestas para mitigar el efecto del diseño del mercado eléctrico comunitario, que provoca beneficios extraordinarios (‘windfall profits’), en particular a los productores de energía nuclear e hidráulica, con centrales plenamente amortizadas, que resultan retribuidos al precio del gas, considerablemente superior a sus respectivos costes variables.

Hasta hace pocos días, la Comisión Europea se negaba a reconocer las graves consecuencias sociales y económicas de dicho diseño, pero parece que –como sucedió con la pandemia– la realidad se ha impuesto, y quizás tendremos pronto una respuesta a la altura de la capacidad de avance del proyecto europeo.

El acceso universal a una energía limpia y segura es uno de los objetivos (ODS) de la Agenda 2030, desde un enfoque integral en el que la paz y el Estado de Derecho requieren luchar contra las desigualdades y la pobreza, garantizando a escala universal los derechos humanos fundamentales… Y ya sabemos que en las antípodas de los ODS está la Agenda (implícita) de Putin… y tambien la explícita “Agenda España” de Vox.

Vean y comparen.

Presidenta del PSOE, partido del que es miembro desde 1993. Vicepresidenta Primera del Senado. Doctora en Economía por la Universidad de Roma, ha sido, entre otros cargos, secretaria de Estado de Medio Ambiente y Vivienda (1993-1996) y ministra de Medio Ambiente (2004-2008), así como embajadora de España ante la OCDE (2008-2011). Desde enero de 2013, y hasta su elección como presidenta del PSOE, ha sido consejera del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Es miembro del Global Sustainability Panel del secretario general de Naciones Unidas (2010-2012), de la Global Ocean Commision y de la Red española de Desarrollo Sostenible. También forma parte del colectivo Economistas frente a la Crisis.