Quantcast
EL PERIÓDICO
ESP   |   AME   |   CAT      NEWSLETTER
ÚNETE ⮕

¿Hacia otras elecciones en Cataluña? Cuando volver a gobernar en coalición se convierte en un imposible


El Parlament de Catalunya reunido el 13 de mayo de 2021. Parlament.cat El Parlament de Catalunya reunido el 13 de mayo de 2021. Parlament.cat

Antes de entrar en el detalle de las dificultades se requiere conocer de qué hablamos cuando hacemos referencia a gobierno de coalición. Estaríamos hablando de un gobierno que esta formado por diversos grupos parlamentarios cuando no tiene mayoria suficiente para formar un gobierno.

En el caso que nos ocupa, cabe destacar que el sistema parlamentario catalán, como también ocurren en todas las asambleas autonómicas pero también en el caso del Congreso de los Diputados, el objetivo que se quiere llegar a cumplir, por lo menos en una fase inicial, es la elección del jefe del gobierno de Cataluña. Para ello se debe tener en cuenta dos elementos: plazo de tiempo y mayoria necesaria para el nombramiento de un presidente o una presidenta.

El plazo es claro, de acuerdo con el Estatuto catalán en el plazo de dos meses desde la primera votación de investidura, en caso de no investir presidente el Parlament se disuelve y se convocan nuevas eleccions. En relación a la mayoria necesaria: en primera votación deberá obtener la mayoria de los miembros del Parlament (68 votos) y en segunda votación más votos favorables que desfavorables.

Cabe tener en cuenta que la elección de un presidente o una presidenta, no requiere que el Gobierno que surja esté formado por los partidos que han dado apoyo en su investidura. Es por ello que actualmente existe el planteamiento de un Govern minoritario, formado solo por ERC, pero que deberá recibir el apoyo en investidura de otros partidos.

La formación de gobierno en Cataluña: ¿cuáles son las dificultades?“

Las elecciones al Parlament de Cataluña del pasado 14 de febrero partían de unas dificultades manifiestas, no todas ellas provocadas por la Covid-19:

  • Una convocatoria de elecciones fijada por un tribunal después de la inhabilitación del presidente Quim Torra y un proceso de desencuentro entre los dos partidos del Govern que, además de estar en funciones, tenían la mente en el proceso electoral.

  • La irrupción de Salvador Illa (PSC) como baza del socialismo catalán consistente en un cambio de liderazgo relegando al histórico candidato Miquel Iceta para situar al ministro de Sanidad, cara visible de la gestión de la Covid-19, ante el reto de superar a los partidos independentistas.

Todo ello ante una fecha electoral que fue determinada por los tribunales, que no aceptaron un retraso por la pandemia, y las consecuentes medidas para garantizar la seguridad sanitaria, y la legitimidad, en la jornada electoral.

La convocatoria, pese a la sorpresa de la victoria en votos del PSC, ofrecía un aparente resultado que se intuía de rápida resolución. Pese a las dificultades de los últimos meses, los dos partidos mayoritarios del independentismo conseguirían gobernar con el apoyo tradicional de la CUP que también mejoraba resultados. Así las cosas, la constitución del Govern parecía algo sencillo y rápido.

Dos situaciones, además, parecían confirmar la proximidad de un pacto para que la Generalitat pudiera tener Govern después de estar en funciones. En primer lugar, el casi inminente pacto entre Esquerra y la CUP. En segundo lugar, la rápida investidura de Laura Borràs (Junts) como presidenta de la cámara legislativa catalana.

¿En qué momento se empezaron a complicar las negociaciones?

Pese al relato explicado hasta el momento, la dificultad nació la misma noche electoral, cuando se produjeron dos situaciones: ERC no ganó las elecciones, y la distancia entre ERC y Junts era casi inexistente, con un solo escaño de diferencia.

Tres son los elementos que se situan como elementos clave, siendo dificultades que pueden provocar unas nuevas elecciones en Cataluña:

  • Por primera vez ERC gana a Junts en unas elecciones: nunca en la restaurada democracia, Junts, o anteriormente CiU, había obtenido un resultado por debajo del de ERC, y ello conlleva que el liderazgo de la negociación, pero también el futuro presidente, no será de Junts sino de Esquerra Republicana. Por simbólico que pueda parecer este intercambio ajustado de posiciones, desubica al partido que siempre había superado a ERC. Una situación que se observa agravada por el hecho de que en los últimos meses, por cese del president Torra, ha habido fuertes divergencias entre ambos partidos.

  • La fragilidad organizativa de Junts dificulta la acción unitaria de partido. El liderazgo de Junts se sitúa en la cárcel, en la figura de Jordi Sànchez. Pese a que Oriol Junqueras (ERC) está en la misma situación, el partido republicano se muestra más cohesionado que un Junts con diferentes corrientes y opiniones, una suma de bloques no compenetrados que dificulta enormemente la toma de decisiones. Y llegar a un acuerdo para formar Govern es una gran decisión.

  • El Consell per la República: la pérdida de poder político parlamentario, y quizá en el Govern, conlleva la necesidad de encontrar un actor alternativo que mantenga la relevancia política. Para Junts esta institución es el Consell per la República, liderado por Carles Puigdemont, cuya reputación sigue despertando pasiones en el movimiento independentista, aunque de un modo considerablemente menor que en otros momentos. ERC desconfía abiertamente de este organismo, formado mayoritariamente por miembros de Junts, al considerar que no puede ser una institución que condicione la acción del Govern y del Parlament. En todo caso, parece ser que esta organización deberá ser un actor que complemente a las instituciones formales.

La conclusión ofrece diferentes alternativas, que se pueden resumir en forma de preguntas: ¿Prefiere Junts que gobierne ERC, con o sin ellos, o los riesgos de unas nuevas elecciones? ¿Quién va a vencer en la construcción del relato, sea cual sea el resultado final? ¿Podría quedar fuera del Govern un partido, Junts, en situación de crisis interna y en plena crisis económica? ¿Sería más sencillo para ERC un gobierno en solitario buscando apoyos variables externos o tener un socio que no le otorga excesiva confianza?

Yendo un paso más allá y analizando algunos elementos más políticos que electorales el hecho de no tener Govern en Catalunya conlleva algunas necesidades de decisión, como pueden ser relacionadas con la gestión de la pandemia, elaboración y aprobación de presupuestos adaptados a las necesidades de la gestión de la crisi de la Covid y sus consecuencias sociales y económicas, como la gestión de los fondos europeos pero también la necesidad de tener un liderazgo político necesario en cualquier institución pública.

La respuesta que ilumine tanta oscuridad y tanta incertidumbre seguramente no la conozcamos hasta el tiempo de descuento.The Conversation

Jesús Palomar i Baget, Profesor de Ciencia Política, Universitat de Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation