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El 8M: Agravios comparativos y género


Se han cancelado las manifestaciones en la Comunidad de Madrid con motivo del día internacional de las mujeres, el 8 de marzo, alegando motivos sanitarios. A nadie se le escapa que estamos ante una pandemia mundial que se ha cobrado la vida de miles de personas. ¿Puede estar alguien en contra de que se cancele un acto debido a motivos sanitarios? No creo que nadie esté en contra de esto. Ahora bien, se entiende perfectamente la indignación del movimiento feminista. ¿Por qué? ¿Es que acaso las feministas no desean salvar vidas? Nada más lejos de la realidad. Si por algo se caracteriza el feminismo es por la defensa de la vida y de los derechos de las mujeres. Sin embargo, lo que ocurre es que nos encontramos ante un agravio comparativo. Otra vez. Y firmado por el delegado del Gobierno y Secretario General de los socialistas madrileños. Otra vez.

El 8M supone un peligro para la salud pública de quienes habitan la Comunidad de Madrid, pero no supone ningún peligro la concentración de aficionados del Atlético de Madrid en las inmediaciones del Metropolitano, pues la Policía Nacional los contemplaba de manera pasiva. Tampoco supuso ningún peligro la manifestación negacionista de la pandemia autorizada en Colón. Es más, en esa manifestación hubo agresiones a periodistas. O las manifestaciones negacionistas menores que tuvieron lugar en Callao, por ejemplo. Yo me topé por casualidad con una de estas manifestaciones menores en Callao. Pude observar cómo la gente acudía sin mascarilla, gritaba “bozales fuera”, “libertad” y otras consignas contra la vacuna o negando la existencia del COVID. La Policía volvía a contemplarles de manera pasiva. Un derecho fundamental, supongo, que, en ese contexto y a ojos de la Delegación del Gobierno, no era peligroso para la salud pública. Podemos considerar otros agravios comparativos que, casualmente, desbordan siempre por el mismo sitio. Me refiero, claro está a las diferencias de la actuación policial en función del barrio en el que nos encontrásemos: si era el de Salamanca o era Vallecas. En función, otra vez, de si se exigía libertad para contagiar o igualdad de trato en las medidas contra la pandemia. Dependía de si se golpeaba mobiliario público de forma patética con palos de golf o si se gritaba “Vallecas Antifascista”. No indigna la cancelación de las manifestaciones feministas en sí misma, sino que indigna el agravio comparativo. Además, a título personal, lo que más me indigna es que ese agravio comparativo vaya respaldado por el Secretario General del PSOE de Madrid, José Manuel Franco. A mi juicio resulta cada vez más insostenible que pueda sentarse al mismo tiempo en la silla de la Delegación del Gobierno y en la silla de la dirección del partido en Buen Suceso. No sólo por los agravios comparativos, sino porque la oposición en Madrid debe endurecer el tono y eso no puede hacerse desde el plano institucional que está dibujado a causa del cargo desempeñado por Franco.

Y es que resulta que hemos visto falangistas gritar consignas racistas acusando de todos los males “al judío”, lo que recuerda a los años 30 del siglo pasado, combinadas con exigencias de libertad ante la “tiranía” de las medidas destinadas a controlar la pandemia. De nuevo sin mascarillas. De nuevo sin intervenciones policiales. Esto no ponía en riesgo la salud pública. El 8M sí. Con su propuesta, según las organizaciones firmantes de un manifiesto (Asociaciones Vecinales, Podemos C. Madrid, EQUO, PCE-Madrid, Más Madrid, IU-Madrid y UGT-Madrid) de concentraciones con aforos inferiores a 500 personas, respetando la distancia de seguridad, llevando mascarilla, con gel hidroalcohólico y cordones de seguridad. Es, en efecto, un agravio comparativo.

Por otro lado, se muestra necesaria la reivindicación feminista del 8M porque, precisamente, es la manifestación feminista la que abre la veda de las prohibiciones y todo en aras de la salud pública. Porque es una manifestación de las mujeres. Y seguimos exigiendo a las mujeres que nos cuiden, incluso, a costa de sus derechos. Porque suya es la responsabilidad de los cuidados, porque suya es la comprensión, porque suyo es el sacrificio y porque ellas tienen la responsabilidad de salvar vidas. Puro género patriarcal. El debate que se ha generado en torno al 8 de marzo demuestra por qué sigue siendo absolutamente necesaria la lucha feminista. Por eso a mí me van a encontrar el día 8 en el balcón a las 19:00 horas. Porque duele e indigna el agravio comparativo, pero si algo nos han enseñado las mujeres es que la vida está por encima de todo. Por eso no tengo duda: estaré con ellas apoyando su lucha. Porque el feminismo es luz. Porque el feminismo es vida. ¡¡Que viva la lucha de las mujeres, que viva el 8 de marzo, que viva la Igualdad!!

Graduado en Historia por la Universidad Autónoma de Madrid. Máster en Teoría y Crítica de la Cultura en la Universidad Carlos III de Madrid.