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Mecánica del coche con fondo feminista


Esto de ser mujer en la sociedad contemporánea comienza a ser algo fantástico. Lo que hasta ahora ha sido una cruz horrible de la que todavía no hemos ni por asomo resurgido, ha mudado hacia otra cosa que tiene de vez en cuando algo de positivo, me refiero claro, desde el punto de vista humorístico y sarcástico de la vida, del humor, en suma. Es ese elemento que no debe faltar ni fallar en ninguna vida. Y es que tener una avería en el coche hoy en día sigue siendo igual que hace cuarenta años, quiero decir que es una situación donde el Hombre-macho-experto se explaya en toda su condición masculina, y esto, hay que tomarlo pues con humor, porque no puede ser de otra manera. ¡Es para verlo! Yo desde luego aprovecho todas estas circunstancias porque es una gran oportunidad de estudio del Hombre en su estado natural, es decir, es una oportunidad sobre todo de poder ver en directo las reacciones. Una vez que el suceso al coche ha llegado, lo mejor en cualquier caso es hacerse la tonta y expresar en forma dubitativa, cuando se han encendido varias luces del tablero de navegación:

-No entiendo nada se han encendido varias luces y hace ruidos...estoy pensando si no será la dinamo –por ejemplo- y me da miedo seguir en la carretera.

Bien, una vez dicho esto –en particular lo de la dinamo porque es una exhibición de la incapacidad- nos ponemos (la mujer) en condición de inútil total y vemos cómo las miradas de uno y otro (hombres que has encontrado en tu situación de avería) se entrecruzan como pensando que has salido de debajo de la tierra. Las mujeres somos en esto menos solidarias y no nos paramos –en general- a ayudar a nadie que esté con su pertinente avería. Esto es totalmente verdad porque en realidad, lo de la mecánica en general, no sé porqué nos importa poco y además disfrutamos haciendo sufrir a los que sí entienden. Es que la reflexión sobre el feminismo atañe parece ser a que me dejen ser directora de todo, así lo entienden much@s, pero luego hay otras cosas por las que hasta hoy, no he conocido a nadie que luche por ellas, como la de ser mecánica o butanera y tener un taller.

Viene a corresponder al hecho cotidiano de que a las mujeres nos parecen importantes parecer ser, cosas como arreglar un armario, tener el water muy limpio y/o tener limpia la cocina. Esto ya se ha demostrado que no es así. Se diría que nosotras somos las únicas a las que nos afecta si estos elementos no están bien, el Hombre siempre corresponde diciendo o que eres muy sucia, que manchas mucho, o bien la frase mortal: -no veo dónde está el problema, qué necesidad hay de andar como loca limpia que te limpia, dejándote con ello a ti sola, mundialmente ante esos problemas caseros. Pues eso, yo a los problemas caseros y tu a flipar en colores con mis aseveraciones de mecánica.

Llegado a este punto, generalmente nos encontramos con dos opciones, una, la de ir a la clásica gasolinera donde con suerte, podrás encontrar varios camioneros que saldrán al quite, o la de acercarse directamente a un taller de esos que todo el mundo conoce porque son de marca, consciente de te van a sangrar. En España tenemos el término medio que es el taller de barrio, pero claro, tienes que conocerlo. Mis dos países (España/Francia) en esto tienen sus diferencias claro está. En España pagarás la mitad exactamente por el arreglo y luego depende donde lo hagas pues tendrá prácticamente la misma garantía que la de los galos. Quizá la chapuza te arregla el tema solo momentáneamente. Los galos, son otra historia. En general y como creo que ya he dicho en alguna parte son expertos de siempre, osea, nacen expertos, y lo saben todo. Tienes de nuevo que que pedirles rendez-vous para decirte lo que le pasa al coche, después te dirán lo que te van a cobrar, el clásico presupuesto y después te darán tu cita donde llevarás el coche y te sangrarán doblemente, pero lo arreglan. Lo más seguro es que una vez que han arreglado la avería te destrozan la moral, diciéndote todo lo que debes arreglar de más, porque no lo has hecho y estás infringiendo la ley. Como por ejemplo, lo de las ruedas que es algo alucinante, o lo del cambio de aceite que a mi me ha dado siempre igual y de seguro el mecánico se encargará de echarte la bronca además, como no lleves en un lugar bien claro el sello del seguro de este año. Algo dirán igualmente del reglaje –otro mundo igualmente-, de llenar el depósito de agua que limpia los cristales y que está seco, algo dirán igualmente de lo interesante que es para ti limpiar el motor. ¡Flipa! ¿Cuántas veces limpian ellos su casa? Me pregunto yo, porque lo terrible de esto es que las cosas de la casa para ellos la mayoría de las veces no son necesarias, aunque te hayas matado para hacerlas. Hay cosas necesarias y otras que no lo son. Dos mundos de nuevo enfrentados. Ye hemos convenido que hay muchas personas que consideran (en su mayoría hombres) que es una tontería hacer la cama porque total luego vuelves a la piltra, no sé porqué tengo yo que estar pendiente de las ruedas y demás. La mecánica no es necesaria porque aun teniendo algunas nociones no sirve de nada, tienes que ir igualmente ¿a dónde? Pues al taller de los expertos que para eso existen, sino, dejarían de existir ¿y qué haría Francia sin sus expertos?

En España ya sabemos que esto no funciona así. Generalmente te acercas a un taller. Hablas con el dueño que por lo general parece que os conocéis porque todo el mundo se tutea en estos asuntos, de modo que le dices a Javier –casi todos se llaman Javier- lo que pasa, osea, lo que hay, es importante decir lo de la dinamo que he dicho más arriba, porque me interesa que me vean tonta, y porque siempre da ese aire de que no tienes ni idea que tanto nos beneficia a las mujeres. Ahí comienza mi estudio del pavo o caso clínico, exhibiendo sus alas. Probablemente te dirán algo de la correa de distribución que siempre se estropea, no sé por qué, pero así es, una entelequia como otra cualquiera. Para no quedar mal o eludir responsabilidades si lo ven chungo te dicen que tienen que revisarlo –en la Casa- porque son cosas muy complicadas. Esto es más duro de asimilar, claro. Te das cuenta de que tu coche no es tu coche, es una nave. Ya no es solo lo del embrague, acelerar y música a tope, colocando los espejos para mirarte, ya no, ahora es una nave desconocida cuyo tablero marcará la navegación y solo lo controlan en La Casa. ¡Ostras Pedrín! Javier, que ya está acostumbrado a los comentarios de las mujeres y no se extraña de nada, dice –sí, sí, ahora le arreglo lo de la dinamo, dice eso de un coche que es automático. -¡Déjalo ahí bonita y luego vienes a por él, eh!!, En ese momento me vengo arriba con lo del bonita y parecer tonta. -Ayyyy, pues muchas gracias Javier, ¿dentro de cuánto tiempo vengo? Y Javier dice: -¿no tienes que ir de compras por aquí? Pues vente en un par de horas. -¡Maldición! Encima aunque sea más barato que en Francia- saldrás perdiendo porque te vas a dejar un dineral en compras. Casi es mejor lo del rendez-vous francés para dejar el coche en el taller y que te dejen otro, de lo contrario te quedas como un verso suelto por ahí y ¡a gastar!

Una de las ventajas que tiene la confianza es la caridad. Nadie se va a asustar de lo que ve, comprendiendo perfectamente el estado de tu coche, con sus latas de coca-cola vacíos, los mil cds fuera de su estuche, barras de labios, un rimel, unas toallitas, galletas integrales, yogur bio, perfume y toda la variopinta podredumbre que llevas, incluido en ello el no poder ver por los cristales, que dicho sea de paso, da igual, porque para eso limpias los de tu casa y además estás acostumbrada y no hace falta. Tienes buena vista porque eres joven y mujer, por tanto controlas mucho de lejos. Lo mejor cuando vas a pagar es ponerte a criticar al gobierno, a Macron, a Sánchez, a Iglesias, y a cómo está la cosa. Yo, al tener costumbres francesas, les pido la factura bien hecha y si tengo que pagar, pues pago más. Entonces te haces amiga de todo el equipo de mecánica del lugar. Siempre les regalo algún libro que llevo atrás en el maletero. También a los gendarmes, policías, dentistas, médicos y demás profesiones que sólo los ves, cuando la cosa está mal.

El otro día (con mi salvoconducto) llevé mi coche –en Francia- a un lugar de limpieza donde me dijeron por teléfono que primero lo tienen que ver. Bueno, no sé si hay que ver sistemáticamente algo antes de limpiarlo. Me suena a Hegel. Después como ya he dicho por ahí, te dan un precio, osea, el presupuesto de la crujida total y luego ya una tercera vez, lo llevas a limpiar. Cuando lo llevé fue alucinante porque se me había bloqueado mi puerta de salida y tuve que salir por la puerta de la derecha. Claro, llevaba falda y monté –aunque discreta- el número. Ya viendo salir a la conductora por la puerta del acompañante provoca por lo menos sospecha. Una vez reconocido mi acentazo extranjero, dijo que quería ver el estado del coche. Ahí la que sospecha soy yo. ¡En qué hora! Noté enseguida en él la sacudida que le dio el corazón cuando abrió las puertas y se fijó bien. De momento mi puerta debería arreglarla antes de pasarlo a limpiar, afirmó. El presupuesto se quedó en 193, 25 € de nada. A mí se me caía la baba de pensar que por fin alguien me limpiaría el coche, pero claro ese precio, sí, ya sé que lo dejan niquelado, pero...¡Uf! me dije. Bueno, señor, primero iré a que me arreglen la puerta ¡Ein! Y luego ya, pues le vuelvo a llamar, usted si quiere vuelve a darme el precio y ya en una tercera vez pues le traigo el coche (en Francia es femenino, la voiture). Muy bien, señora. Subí de nuevo por la puerta del acompañante ante la expectación de todos los que allí se encontraban y me quedé tan ancha. Creo que esto del rendez-vous es la manera de los franceses de entablar amistad y conversación, de comunicarse, de hacer amigos, en definitiva.

La cuestión es que con todo esto veo que los hombres son unos cotillas y unos listillos que vienen a opinar del estado de tu coche sin que tú se lo hayas preguntado, pero creo que hay que dejarles hacer para que se sientan realizados, para que se sientan machotines, en definitiva, bien, consigo mismos. Ayudar a una chica, mujer o señora en asuntos de coches les hace crecer como seres humanos, les pone en una situación práctica y útil para los demás, quizás por primera en su vida, son útiles y hay que apoyarlos. Ahí se ve el buen hacer, el querer a tu prójimo y la realización personal de la raza masculina.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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