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EL PERIÓDICO
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Farfollas farfullando


El presidente del PP, Pablo Casado. El presidente del PP, Pablo Casado.

“Yo soy capellán, y mi hermana y cuñado también”. El obispo de Orihuela-Alicante ha demostrado ser lo bastante avispado, y digno del obispado, para marcarse una “Vida de Brian”. En las escenas finales, han amnistiado a Brian y llegan los soldados romanos para bajarle de la cruz. Preguntan a la multitud de crucificados “¿Quién es Brian?” Y el más avispado (entonces sin obispado) responde “Yo soy Brian. Y mi mujer también es Brian”. El eco se extiende entre los demás crucificados que afirman, también todos, ser Brian. Esto que en Fuenteovejuna quedó de lo más popular, en este caso parece que no. Qué le vamos a hacer. Los que expenden pasaportes al paraíso se resisten a ir. Puede ser que no confíen en la seguridad del destino (dios no lo quiera) o que no les termine de convencer la fiabilidad de la agencia de viajes para la que trabajan (válgame dios). Alabada sea la santa humildad, demostrada en el modo como va la dignidad de la iglesia humillada a vacunarse vestidos de capellán.

Políticos, clero y otros al servicio de los demás en general encuentran razón y argumento para pincharse salvavidas. Como dicen algunos, su vida es imprescindible para ellos y el bien común. No merecen dos pensamientos; abrumados por el miedo ya han mostrado quienes son. Ahora que les vote, rece o ame quien les compre su instinto de supervivencia por encima de los demás.

Crisis en chino significa también oportunidad. Lo que así dicho queda de lujo y como molo en plan “controlo la mentalidad de ejecutivo con citas asiáticas”, hace a muchos olvidar que por lo general crisis significa crisis para el que vive la crisis. La crisis en el PP permitió a Casado ver la oportunidad de alcanzar la cumbre de un partido en crisis, que seguía en crisis y le sumiría definitivamente en una crisis de liderazgo sin fin. Algo debiera haber sospechado cuando la silla papal del PP quedó al alcance del monaguillo, abandonada cual hueso en busca de can. El PP es ahora, y de ir a más es para menos, un partido poco boyante y de menos votante, cuyo sombrajo electoral lo sostiene cuatro palos autonómicos.

El PP que creó Aznar lo construyó con un discurso contra la corrupción de algunos del PSOE de los 80. Tienen todos los cortes multimedia que quieran para verle a él, Rato y demás cascabeles (alguno muy campanudo) hablando de limpieza y honradez. Lo que al PSOE fue la crisis de “nadie lo hubiese pensado de un partido de izquierdas” con políticos de la talla de Corcuera (siempre ha estado en boca de la derecha, antes para darle palo y ahora para usarlo de garrote en sede parlamentaria), sirvió para blanquear la imagen de un partido de derechas posfranquista (antes AP) aupado sobre los hombros de El Mundo. Y ahora vuelven como las golondrinas las viejas palabras, y aquellos que azotaban con la furia santa, parece que andaban como los egipcios, con una mano delante y otra detrás de la espalda, con la palma hacia arriba ambas. Por eso, cuando aparecieron los puentes de piedra, papel o tijera (UPyD, Ciudadanos, Vox) empezó la desbandada. Y ni la santa gema piedra filosofal les hará volver. No es culpa de Casado, ni muchísimo menos; todo lo contrario: Casado y su carrera política es la culpa.

Debaten sus señorías sobre la democracia que falta o sobra en España. Hay quien opina que los comunistas en el gobierno hacen de menos a la democracia, mientras que otros piensan que los que así opinan están de más en una democracia. Y, homenaje a los Chichos, ni más ni menos. No le aconsejo el debate a la derecha, ya sea juez o parte o parte de juez o juez en parte. La democracia exige virtud, ya que es como la miel y Samaniego lo advirtió. “A un panal de rica miel, dos mil moscas acudieron, que por golosas murieron presas de patas en él. Otra dentro de un pastel enterró su golosina. Así, si bien se examina, los humanos corazones perecen en las prisiones del vicio que los domina”. La ideología de derechas está dominada por muchas cosas, pero raro es que sea por fervor a la soberanía popular. Debate sobre democracia no les aconsejo, que no está donde la buscan a riesgo de encontrarla donde no quieren (véase a E. Aguirre invitando a los descontentos a fundar un partido político).

Hay muchas formas de liderazgo (Gandi, Mandela, Obama por dar ejemplos). Y aquí encontramos el máximo farfolla o la figura del líder enfadado (Trump). En España sobran candidatos para aspirar a la palma en la categoría de líder permanentemente enfadado. En permanente competencia se encuentran Iglesias, Casado, Abascal y a muchos ratos Arrimadas. Sin intención de comparación ideológica, pues este estilo es trasversal, es una forma que copia y calca en su manifestación pública a las de otros tantos que están y estaban (en la historia del siglo XX) visceralmente enfadados. Son liderazgos que triunfan y se extienden sobre los cabreados, por lo que predican hostilidad y cultivan el votante “ceño fruncido”. No puedo evitar recordar a Cristobalito Gazmoño (Tony Leblanc) y su “¡Qué enfadado estoy…!”. Los ves y piensas ¡que enfadado está Cristobalito! La mala noticia es que para estas variantes del virus farfolla no hay vacuna, ni alivio, ni “iloviu”.