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EL PERIÓDICO
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El 14 F, hagámoslo


La firma este miércoles de un documento donde los partidos independentistas se comprometen a aplicar una especio de cordón sanitario político al PSC, al partido representante de la socialdemocracia europea en Catalunya, tiene diferentes lecturas.

En primer lugar, el reconocimiento más que implícito por parte de los firmantes de la posible victoria del socialismo catalán el próximo 14 de febrero. Los que hasta hacen poco decían que había un efecto Illa hinchado, que incluso lo catalogaban de yogur caducado, reconocen por escrito que existe la posibilidad de que un partido no independentista gane las elecciones. Para un movimiento en el Govern que, hasta ahora, hacía política ignorando de manera sistemática a la mitad de la población porque pensaban que su duración en el poder no tenía horizonte de finalizar, la dura realidad se les ha revelado en este mes y medio desde que Salvador Illa fue elegido por el PSC como cabeza de lista. Y esta realidad es que la ciudadanía, en muchos lugares agotada de 10 años estériles, quiere y ve con esperanza que al frente de la Generalitat se halle alguien que no solo la prestigie, sino que respete la institución, que no se dedique a dividir a los catalanes y trabaje de una vez por todas con políticas de progreso por el bien de todos. Un President que hable a toda la ciudadanía y que la represente. El 14 de febrero, este presidente puede y debe ser Salvador Illa.

En segundo lugar, hay quien, retorciendo la realidad ha querido comparar este documento, sectario y divisorio, con declaraciones, legítimas y transparentes de Salvador Illa reconociendo que su opción de gobierno, en caso de hacer una coalición, es con los Comuns y que no entra en sus planes que en su gobierno haya partidos independentistas. Es muy diferente, tanto de manera conceptual como formal. Los firmantes del documento, (por cierto, en tres fechas diferentes, primero Junts y luego detrás y a su dictado, el resto) hacen un ejercicio (uno más) de división entre buenos y malos, entre puros e impuros.

En este sentido, y en tercer lugar, parece paradójico que los adalides del sentarse y hablar, a 3 días de las elecciones firmen que no tienen nada que dialogar con la socialdemocracia catalana, con un partido que ha sido parte consubstancial de la historia de nuestro país, que lo ha gobernado en todas las instituciones, desde la Generalitat a los ayuntamientos, que ha sido y es parte activa en el gobierno de España, profundamente democrático, europeísta y progresista, y que ha dado algunos y algunas de los políticos y políticas catalanes de referencia del último medio siglo.

En cuarto lugar, finalmente, la firma de este documento viene a demostrar una de las máximas irrefutables del llamado “procés”. Es sabido que el “procés” es una construcción de los partidos independentistas, que han ocupado la Generalitat desde el 2010 y que tiene algunas leyes inmutables. Una de ellas, es que, en el “procés” y dentro del “procés”, pase lo que pase siempre gana Convergència, o como se llame en el momento histórico en el que se halle el “procés”. Y este documento es la última demostración, donde Junts arrastra al resto de partidos, en especial ERC, a sus postulados excluyentes y les marca la agenda. Ha pasado numerosas veces y en estas elecciones no es una excepción.

Es por ello que, en este 14 de febrero, como he dicho en otras ocasiones, está en nuestras manos que no sea la derecha nacionalista catalana quien gane de nuevo. Sólo el voto al PSC, a Salvador Illa, es la garantía de que de verdad sea posible construir una Catalunya de todos y todas, sin divisiones ni sectarismos. Y con políticas de progreso. Sólo el voto socialista puede darnos esa esperanza que tantos están esperando. Darnos la oportunidad que merecemos como país y como sociedad de avanzar juntos. De construir nuevos consensos.

El 14 de febrero, firmemos un nuevo documento con todos los catalanes y catalanas. Un documento que diga que queremos un Govern de todos/as y para todos/as.

Hagámoslo.