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Republicanos, sí; pero antes socialistas


“Mientras nuestros enemigos buscan en lo absurdo soluciones al problema político, dediquemos nosotros un momento de atención a los problemas nuestras. liemos consagrado mucha actividad y buena fe a dar a España un régimen de democracia efectiva, y seguiremos rindiendo al país todo el esfuerzo que podamos en el mismo sentido. Pero hemos de hacerlo sin olvidar que la base de la democracia está en el proletariado y su fuerza y su poder en nuestras organizaciones. Y a ensanchar su radio de acción, aumentar su capacidad v la firmeza de la conciencia debemos dedicar lo más noble de nuestra actividad espiritual.

Hay aún mi gran núcleo de la masa obrera que cree que con la República tienen ya lograda su liberación. ¡Qué error! Es necesario destruir en la masa ingenua esta ilusión mesiánica. La República por sí misma no redime a nadie. La redención de los pueblos depende de ellos mismos, de su esfuerzo, de su dinamismo espiritual. La Historia nos demuestra que en las Repúblicas florece la tiranía reaccionaria corno en las monarquías. Los Estados los gobiernan los hombres, pero los dominan los intereses. Y los intereses representan las oligarquías económicas predominantes. Hoy gobierna y domina el mundo la Banca capitalista; lo mismo en Repúblicas que en monarquías, igual en las democracias burguesas que en las dictaduras, es el capitalismo quien domina, quien manda, quien perturba. Y España no podía ser una excepción en el mundo. ¿Qué habían creído los trabajadores ingenuos que no se orientan en los ideales socialistas? ¿Qué triunfante la República en España ya hablan de ser respetados y garantizados todos sus legítimos derechos?

Pues ya se habrán convencido de su error. Y aún les esperan lecciones más duras. Porque el capitalismo no se resigna a perder. Va a resistir todo lo que pueda. Y su resistencia hallará apoyo en los grupos políticos republicanos de orientación burguesa. Y el proletariado deberá formar un frente único, uniforme, para resistir las acometidas del capitalismo y para avanzar, venciendo la resistencia contraria, hacia la cima de sus ideales. En términos claros y concretos: al proclamar la República hemos extirpado de la vida nacional un quiste que paralizaba sus mejores actividades y esterilizaba las más fecundes iniciativas; entró entonces en plena liquidación el problema de las tradicionales aristocracia y nobleza, pero queda en pie la burguesía. La lucha de clases existe en la República como en la monarquía, v, por tanto, la explotación del hombre por el hombre sigue teniendo una realidad evidente. Y esta realidad se ha evidenciado en la Cámara republicana. Casi todos los grupos políticos afirman que su deseo es hacer una política social, pero pensando en amparar los privilegios de la burguesía contra las legítimas aspiraciones de los trabajadores.

A pesar de afirmarse en el Tratado de Versalles que el trabajo no es una mercancía, esta afirmación no ha dejado de ser una romántica ilusión. Sigue siendo el trabajo una mercancía, y en momentos de depresión económica, como los actuales, una mercancía depreciada. Y esta trágica realidad no se Supera con lirismos ni con promesas, sino dando a la vida política y económica una organización adecuada para suprimir los privilegios de clase que engendran la desigualdad social. Y sobre esto debe fijar con cuidado su atención el proletariado. No hemos de restar entusiasmo y energía para la defensa y, consolidación de la República; pero pensando siempre en utilizarla como medio para producir una evolución de la conciencia pública y del derecho hacia la realización del Socialismo. Ningún trabajador debe olvidar esto. Y quien lo olvide se expone a serios contratiempos y a decepciones lamentables. Es necesario ser republicanos, buenos republicanos; pero antes, y por encima de eso, socialistas.”

Fuente: El Socialista, número 7121, de 5 de diciembre de 1931.