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La Unión Patriótica en la Dictadura de Primo de Rivera


Los miembros del directorio civil de Primo de Rivera en diciembre de 1925. En primera fila, de izquierda a derecha, José Yanguas (Estado), José Calvo Sotelo (Hacienda), Severiano Martínez Anido (Gobernación), Miguel Primo de Rivera (presidente), Galo Ponte (Gracia y Justicia), Honorio Cornejo (Marina) y Eduardo Aunós (Trabajo). Los miembros del directorio civil de Primo de Rivera en diciembre de 1925. En primera fila, de izquierda a derecha, José Yanguas (Estado), José Calvo Sotelo (Hacienda), Severiano Martínez Anido (Gobernación), Miguel Primo de Rivera (presidente), Galo Ponte (Gracia y Justicia), Honorio Cornejo (Marina) y Eduardo Aunós (Trabajo).

En esta pieza estudiamos una formación política que puede ser considerada como un experimento de partido único en España. Estamos hablando de la Unión Patriótica en la Dictadura de Primo de Rivera.

El dictador Miguel Primo de Rivera pretendió, una vez superados los primeros años del régimen que puso en marchar, institucionalizar o estabilizar su Dictadura para que dejara de ser una especie de solución transitoria de la crisis parlamentaria de la Restauración. En este sentido, transformó el Directorio Militar en otro Civil, propuso la creación de una Asamblea Nacional Consultiva con un proyecto de Constitución y puso en marcha un partido político, la Unión Patriótica. Necesitaba una plataforma política que debía funcionar como única en el diseño de un nuevo régimen político, aunque no podamos definir al mismo como totalitario. Al final, el partido sería muy personalista y estrechamente vinculado con el dictador, y no pudo sobrevivirle. Así pues, no es muy conveniente compararlo con otros partidos únicos de signo fascista.

En el origen de la Unión Patriótica estaría la idea de un partido cívico que Ángel Herrera Oria había lanzado en la prensa en el año 1923 con el fin de regenerar la vida política del momento. En el año 1924, Primo de Rivera realizó un llamamiento a todos los “patriotas” para congregarse en un partido nuevo, y en el mes de abril se fundaba la Unión Patriótica. El mecanismo que puso en marcha la formación partió de unas instrucciones a las autoridades militares para la creación de comités en distintas localidades. Pero la guerra de Marruecos frenó, por el momento, el proceso de consolidación del partido.

Los estatutos de la Unión Patriótica fueron aprobados, por fin, en una asamblea en el mes de julio del año 1926, poniéndose en marcha una organización con un jefe nacional -Primo de Rivera-, una Gran Junta Directiva Nacional, que pretendía ser una especie de copia del Gran Consejo Fascista italiano, y un Comité Ejecutivo Central. En las provincias y localidades se establecerían jefaturas.

Los miembros de la Unión Patriótica conformaban una amalgama de conservadores, mauristas, tradicionalistas, católicos y monárquicos. Pero el nuevo partido no terminó nunca de cuajar por varias razones. En primer lugar, porque su ideología nunca estuvo muy estructurada o definida. Por un lado, hundía sus raíces en cierto regeneracionismo, pero, por otro lado, muchos de sus miembros eran o habían sido caciques o defensores a ultranza del orden establecido en una evidente contradicción. En el seno de la formación había mucho de conservadurismo, del nuevo corporativismo, un marcado carácter antiparlamentario, autoritario y muchas tentaciones fascistas. En realidad, la Unión Patriótica fue un instrumento de promoción para ser cacique o protagonista en la Dictadura.

El Partido llegó a tener un millón de afiliados en su mejor momento, cifra nada desdeñable para aquella época ni para la actual, pero solamente una minoría se integró por genuinas razones ideológicas. Muchos de sus miembros eran funcionarios o militares que se afiliaron para medrar en sus trabajos o carreras, hecho que luego se produciría, por ejemplo con la Falange en tiempos de la Dictadura franquista. También hubo un sector de campesinos y pequeños comerciantes que pretendían defender sus medios de vida, y vieron en la Unión Patriótica un instrumento para hacerlo.

En el año 1925, la Unión Patriótica pasó a formar parte del Consejo de Estado de la Dictadura, pero en este órgano de gobierno también había representantes de otras inquietudes políticas. Primo de Rivera intentó hacia el final de su régimen que su partido fuera, realmente, el único. Para ello obligó a que los Ayuntamientos y Diputaciones estuvieran compuestos únicamente por miembros de la Unión Patriótica.

En las postrimerías de la Dictadura, ante el acoso de las diversas oposiciones a la misma, Primo de Rivera impulsó que la Unión Patriótica realizara algunas funciones parapoliciales de investigación e información, generando una evidente impopularidad. Eso provocó una caída significativa del número de militantes.

La Dictadura terminó y, con ella, la Unión Patriótica, cuyo último acto fue una asamblea en 1930. Muchos de sus miembros pasarían a engrosar la Unión Monárquica Nacional.

Bibliografía:

Gómez Navarro, José Luis. «La Unión Patriótica: análisis de un partido del poder». Estudios de historia social, N.º. 32-33, 1985.

González Calleja, Eduardo (2005). La España de Primo de Rivera. La modernización autoritaria 1923-1930. Madrid.

Juliá, Santos (1999). Un siglo de España. Política y sociedad. Madrid.

Martínez Segarra, Rosa (1992); «La Unión Patriótica», Cuadernos de la Cátedra Fadrique Furio Cerio, n.º 1. Valencia.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.