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La II Olimpiada Obrera en Núremberg (1929)

En distintos trabajos publicados en El Obrero nos hemos dedicado al estudio de la relación entre el movimiento obrero y el deporte. En este artículo nos centraremos en el caso alemán donde, como en Austria, fue muy intensa la preocupación de la socialdemocracia por esta cuestión.

El SPD creó casi una sociedad obrera paralela en Alemania, y el deporte no se quedó atrás. La Liga Gimnástica Obrera fue la principal organización deportiva de los trabajadores de toda Europa, y una verdadera alternativa al deporte oficial alemán. También hay que destacar la preocupación socialista por el ciclismo.

Pues bien, en 1929 se celebraron las segundas Olimpiadas obreras alemanas (de los “países alemanes”) en Núremberg. Hemos encontrado un detallado artículo en El Socialista, de principios de agosto de ese año, firmado por Francisco Jonas que tuvo que ser traducido del esperanto. En esta pieza glosamos algunos aspectos de esta crónica.

El evento deportivo fue organizado, precisamente, por la poderosa organización gimnástica. Además de deportistas de Alemania estuvieron presentes deportistas de Austria (la mayor delegación después de la de las alemanas, propiamente dichas), Checoslovaquia, países bálticos, Dinamarca, Polonia y de América.

La Olimpiada se iba a celebrar en el nuevo estadio (no deja de llamar la atención de que sería el escenario, muy pocos años después de las grandes reuniones nazis que todos conocemos por las imágenes que han quedado), una gran instalación moderna y rodeado de una frondosa arboleda. El cronista también alababa la piscina con una torre de diez metros para saltos y con dos grandes tribunas para los espectadores. Detrás de la piscina estaría el gran espacio para los deportes con cuatro lados; en uno de ellos la tribuna era cubierta frente a los otros tres que no lo estaban. También había otros espacios y campos para distintos deportes.

La fiesta de apertura tuvo lugar en el Ayuntamiento donde estuvieron presentes los representantes del movimiento deportivo obrero y las distintas autoridades, porque el salón no tenía capacidad más que para setecientas personas. En dicho acto destacó la figura de Gellert, a la sazón, presidente de la organización deportiva obrera alemana, aunque también intervinieron el alcalde de la ciudad, que, aunque no pertenecía a la socialdemocracia, pero que, siempre según nuestro cronista, manifestó sentirse admirado de la armonía y “encanto de la fiesta”. También hubo palabras del presidente del parlamento alemán y el líder de la Internacional Socialista Obrera de Deportes, así como de otros representantes obreros. El acto fue transmitido al estadio a través de altavoces, y al día siguiente, por la mañana comenzaron las competiciones.

El Socialista publicó, además, del artículo, que era una glosa laudatoria con intentos de ser literaria, una fotografía donde se veía a un grupo de muchachas deportistas desfilando por Núremberg.

Hemos consultado el número 6392 de El Socialista, y también el texto de Jacques Droz, “La socialdemocracia alemana (1875-1914), en el libro que coordinó, Historia General del Socialismo, publicado en España en Destinolibro en 1979.