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Construyendo catedrales, empujando la historia, en femenino

La luz se hizo omnipresente y la mirada se volvió hacia ella llenando el espíritu de quien traspasaba su umbral de alegría y felicidad. Se crearon espacios ausentes de miedo y llenos de vida. Sus constructores fueron los maçons y las masonas -que ambos lo fueron- y sus construcciones, las catedrales góticas. Fueron obras llenas de belleza y originalidad, de espiritualidad. Desde ellas el ser humano trascendía y se elevaba a la divinidad. Tomaba conciencia como ser humano. Cantería, herrería, albañilería, carpintería, escultura y tallado de piedra, vidrieras… todos los oficios, sin distinción de género, se dieron la mano para levantar estos templos a la humanidad que tanto admiramos aún. Levantar ese templo era una obra colectiva dirigida por el Maestro arquitecto que exigía la concurrencia bien trabada, bien coordinada, de todos los oficios para que la sinfonía sonara plena de armonía. El maçon dirigía, coordinaba, ponía la primera y la última piedra. Grunnilda fue la primera maestra registrada que se conoce, en 1256; antes, en el siglo X, la maestra Ende, pintora, dirigía el taller miniaturista del monasterio de San Salvador de Tabarra, en Zamora, y terminó de iluminar uno de los libros de Los Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana, hoy en la catedral de Girona. Pero esto es solo una pequeña muestra de las miles de mujeres que en la alta edad media tuvieron una participación activa en la sociedad en que vivían. Muchas de ellas dirigieron talleres y cuadrillas de obreros. La mayoría, desconocidas e invisibilizadas sistemáticamente por historiadores más centrados en esa tarea que en la de dar una imagen de un mundo que ni fue tenebroso ni supuso la marginación de la mujer.

La misoginia en la historia ha pretendido ocultar e invisibilizar la participación de la mujer en los distintos oficios, pero la historia es tozuda y hoy podemos asegurar a ciencia cierta su participación en tamaña aventura. Masones y masonas, obreros y obreras de la belleza, del Arte Real. El arco ojival permitía transformar casi todas las paredes en vidrieras por las que la luz tamizada entraba a raudales componiendo una hermosísima sinfonía de sutiles notas. La bóveda se apoyaba en estructuras como arbotantes, pilares y contrafuertes liberando a los muros de su función sustentadora. La Libertad comenzaba a ser una palabra sin miedo.

Cada oficio se agrupaba en gremios, mientras que sus componentes se reunían en talleres o logias. Los principios rectores de estás logias -la libertad, la igualdad, la fraternidad- las convirtieron en motores que animaban la creatividad. Y también el pensamiento, ya que en ellas la palabra circulaba libre y abarcaba temas referidos tanto al oficio como de índole, filosófica, social, humanitaria. El renacer del humanismo tendría en aquellos talleres llamados logias su cuna. Aún faltarían un par de siglos para que la mujer volviera a ser víctima de un patriarcado excluyente. En estos primeros tiempos, logias hubo, como la de las Hilanderas, compuestas sólo por mujeres mientras que otras eran mixtas. El Libro de los Oficios de París cifraba en un 30% el porcentaje de mujeres obreras en los distintos oficios, registrándose en Marsella, en 1297, hasta 150 oficios en los que trabajaban mujeres. A partir del siglo XIII los intentos, sobre todo provenientes del ámbito eclesiástico y bajo la influencia de Santo Tomás de Aquino, de marginación y apartamiento consiguieron relegar a la mujer, hasta el punto que, a finales del siglo XV, ya no se le permitía estar en gremios ni cofradías.

Desde luego, el acceso al saber y la cultura no era fácil para nadie, cuanto menos para la mujer. No podían acudir a las escuelas catedralicias ni a la universidad, pero ello no significa que no tuvieran alcance a ella, de forma particular o en espacios dominados por otras mujeres.

Aún en El Llibre de les Dones, escrito en 1396, se recomendaba a las mujeres saber leer y escribir.

Junto a las maestras cualificadas y reconocidas, otras muchas trabajaban en los menos cualificados quehaceres, desde acarrear agua y materiales hasta apartar los ya inservibles. Mujeres anónimas que percibían la mitad del salario asignado a cualquier peón masculino realizando el mismo trabajo.

Este mundo en el que la mujer tenía un lugar en la sociedad irá desapareciendo hasta reducirla nuevamente al ámbito de lo privado y de los cuidados familiares y ser confinada en las cuatro paredes del hogar familiar, en el que tampoco tendrá capacidad de participación ni voz. Deberán transcurrir siglos de lucha y determinación para que vuelva a estar presente.

Será a finales del siglo XIX cuando comenzarán a levantarse voces denunciando la injusticia de este estado de cosas y reclamando el espacio que le corresponde por derecho. Una de ellas, la de Marie Deraisme, pionera del feminismo, masona e infatigable luchadora por los derechos de la mujer. Junto a George Martín creará la primera Obediencia masónica mixta del mundo: El Derecho Humano, Le Droit Humain.

Luz Modroño es doctora en psicóloga y profesora de Historia en Secundaria. Pero es, sobre todo, feminista y activista social. Desde la presidencia del Centro Unesco Madrid y antes miembro de diversas organizaciones feministas, de Derechos Humanos y ecologistas (Amigos de la Tierras, Greenpeace) se ha posicionado siempre al lado de los y las que sufren, son perseguidos o víctimas de un mundo tremendamente injusto que no logra universalizar los derechos humanos. Y considera que mientras esto no sea así, no dejarán de ser privilegios. Es ésta una máxima que, tanto desde su actividad profesional como vital, ha marcado su manera de estar en el mundo.

Actualmente en Grecia, recorre los campos de refugiados de este país, llevando ayuda humanitaria y conviviendo con los y las desheredadas de la tierra, con los huidos de la guerra, del hambre o la enfermedad. Con las perseguidas. En definitiva, con las víctimas de esta pequeña parte de la humanidad que conformamos el mundo occidental y que sobrevive a base de machacar al resto. Grecia es hoy un polvorín que puede estallar en cualquier momento. Las tensiones provocadas por la exclusión de los que se comprometió a acoger y las medidas puestas en marcha para ello están incrementando las tensiones derivadas de la ocupación tres o cuatro veces más de unos campos en los que el hacinamiento y todos los problemas derivados de ello están provocando.