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Las revolucionarias - Capítulo XXI


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

- Años… -

Los años veinte en España, abarcando desde el 1 de enero de 1920 hasta el 31 de diciembre de 1929, representaron una época de trascendental cambio y desarrollo a nivel mundial, con España jugando un papel significativo en el panorama internacional. Este período, situado en la posguerra de la Primera Guerra Mundial, fue testigo de la formación de la Sociedad de Naciones, un esfuerzo por mantener la paz global y evitar la repetición de conflictos de tal magnitud.

Con el fin de la guerra, el escenario político mundial experimentó transformaciones radicales. El Imperio Ruso se metamorfoseó en la Unión Soviética, adoptando la ideología marxista de Lenin y marcando el inicio del gobierno proletariado tras una devastadora guerra civil. Paralelamente, Estados Unidos, lejos de los estragos europeos, continuó su marcha hacia el progreso económico, aunque este avance se vería interrumpido abruptamente por la Gran Depresión de 1929.

Europa, por su parte, enfrentaba sus propias turbulencias. Alemania, asfixiada por las reparaciones impuestas por el Tratado de Versalles, atravesaba una crisis sin precedentes, especialmente durante el periodo de la República de Weimar. Francia, igualmente afectada, experimentaba un descontento social que desembocaría en una inestabilidad política crónica, reflejando el descontento generalizado en el continente.

Mientras tanto, el expansionismo de Japón se manifestaba en su conquista de Corea y territorios chinos, además de apoderarse de colonias alemanas en el Pacífico, marcando un periodo de agresión imperialista. En el sur de Europa, el surgimiento de dictaduras bajo figuras como Mussolini en Italia y Miguel Primo de Rivera en España, evidenciaba un giro hacia el autoritarismo.

La desaparición de estados brevemente independientes como Armenia y la República del Ponto, víctimas de genocidios a manos de los Jóvenes Turcos y Kemal Atatürk, marcó una trágica nota en la historia de la región, destacando la volatilidad del período posguerra.

Culturalmente, la década de 1920 fue una era de innovación y ruptura con el pasado. Los "años locos" se caracterizaron por un florecimiento cultural que abarcó desde la música, con el auge del jazz y el tango, hasta la moda, donde Coco Chanel revolucionó el vestir femenino. Este periodo también fue testigo de un avance significativo en la música clásica con la introducción del dodecafonismo y el atonalismo, desafiando las convenciones musicales tradicionales.

La juventud, valorada como nunca antes, adoptó estilos de vida y modas que enfatizaban la libertad y el rechazo a las normas establecidas. La arquitectura y las artes visuales reflejaron este espíritu de innovación, con movimientos como el racionalismo, el Art Déco, y la Bauhaus dejando una huella indeleble en el diseño y la estética.

En el ámbito literario y artístico, figuras como Picasso, Dalí, y Mondrian, junto a movimientos como el surrealismo y el cubismo, exploraron nuevas formas de expresión, mientras que, en la literatura, la obra de James Joyce "Ulises" marcaba un hito en la narrativa moderna.

Finalmente, la década culminó con el nacimiento de la televisión práctica, un invento de John Logie Baird que revolucionaría la comunicación y el entretenimiento en el siglo XX. Este avance, junto con los desarrollos culturales, tecnológicos, y políticos de la época, no solo definieron los años veinte, sino que también sentaron las bases para el mundo contemporáneo, demostrando que, a pesar de sus desafíos y tragedias, fue un periodo de extraordinaria creatividad y cambio.

Epístola de Abibia a Isabella

Querida Isabella,

Desde la vibrante y siempre cambiante Madrid, te escribo estas líneas impregnadas de la efervescencia de nuestra era. Los años veinte nos han sumergido en un torbellino de cambio y esperanza, donde cada día trae consigo la promesa de un nuevo amanecer para España y para el mundo entero.

La posguerra ha dejado su cicatriz en el tejido de nuestra nación, pero de las cenizas de la desolación, veo surgir una España renovada, impulsada por el ímpetu de la juventud y por un fervor por la vida que no se había visto antes. La Sociedad de Naciones, con su noble objetivo de preservar la paz mundial, ha sido recibida con un optimismo cauteloso, aunque la memoria de la guerra aún pesa en nuestros corazones.

En este panorama, el escenario político se encuentra en un estado de efervescencia. Las voces de cambio resuenan en las calles, y hay quienes murmuran sobre preparativos revolucionarios, buscando reformas que garanticen más justicia y equidad para todos. Aunque estos rumores son aún susurros entre las sombras, no puedo evitar sentir que estamos al borde de una transformación significativa.

La Unión Soviética emerge como un faro de ideales marxistas, desafiando el orden establecido y provocando debates acalorados en los cafés y salones de nuestro país. Mientras tanto, Estados Unidos, a pesar de su floreciente economía, enfrenta su propia tormenta con la Gran Depresión, recordándonos la fragilidad de la prosperidad.

Alemania y Francia, asfixiadas por las consecuencias de la guerra, luchan por encontrar su camino hacia la recuperación. Observamos con preocupación, preguntándonos cómo influirán sus destinos en el tablero geopolítico europeo.

Nuestra propia tierra no está libre de tensiones. La figura de Miguel Primo de Rivera evoca opiniones divididas, y aunque algunos ven en él un agente de estabilidad, otros lo consideran un presagio de represión. En estos tiempos de incertidumbre, la claridad de propósito y la unidad se hacen más necesarias que nunca.

En medio de esta marea de cambio, la cultura florece como un acto de desafío y afirmación de la vida. Los "años locos" han traído consigo una explosión de creatividad: el jazz y el tango llenan el aire, y las calles se convierten en escenarios de expresión y libertad. Coco Chanel y su revolución en la moda han encontrado eco en nuestras propias costas, liberando a las mujeres de las cadenas de la tradición.

He escuchado rumores de que un nuevo medio, la televisión, promete revolucionar la forma en que vemos el mundo. Imagina, Isabella, poder asistir a los acontecimientos más trascendentales desde la comodidad de nuestro hogar. ¿No es acaso esto un testimonio del indomable espíritu humano?

En estas noches largas, mientras la tinta fluye libremente por el papel, me pregunto qué historias estarás tejiendo tú en ese rincón del mundo. Te insto a escribirme pronto, compartiendo tus pensamientos y aventuras.

Con afecto y esperanza de reunirnos de nuevo en esta danza de la vida,

Abibia

Epístola de Isabella a Abibia

Berlin, 1920

Querida Abibia,

Desde el corazón de Berlín, esta ciudad de contrastes y de una intensidad que desborda, te envío mis pensamientos y reflexiones. La realidad alemana, tal y como la vivo y la observo día a día, es un tejido complejo de luces y sombras, donde la esperanza y la desesperación bailan al compás de una época turbulenta.

La República de Weimar, nuestro experimento de democracia en medio de las ruinas dejadas por la guerra, se debate entre la promesa de un futuro renovado y las garras de una crisis que parece no tener fin. El Tratado de Versalles ha sido una losa sobre nuestras espaldas, y el peso de las reparaciones exigidas ha sumido a nuestra economía en una profunda depresión. Las calles de Berlín, aunque vibrantes y llenas de vida, también son escenario de la lucha y la penuria de muchos de nuestros compatriotas.

La cultura, sin embargo, ha encontrado en este caos una fuente de inspiración sin precedentes. Berlín se ha convertido en un crisol de vanguardias artísticas; el dadaísmo, el expresionismo y el surgimiento del cine alemán son testimonios de una sociedad que, en medio de su desesperación, busca nuevas formas de expresión. La noche berlinesa es un espectáculo de cabarets, teatros y salones, donde la búsqueda de la libertad y el olvido se entremezclan con la música y la danza.

Pero no todo es celebración y arte; la sombra de la política se cierne ominosa sobre nosotros. La inestabilidad es palpable, y los enfrentamientos entre comunistas y nacionalistas se han vuelto una realidad cotidiana. Hay un aire de descontento que no puede ser ignorado, y muchos temen que la fragilidad de nuestra república no sea capaz de soportar estos embates.

En medio de este panorama, la figura de Paul Von Hindenburg emerge como un pilar de estabilidad para algunos, mientras que para otros es un recordatorio de un pasado militarista que preferiríamos olvidar. La lucha por definir el rumbo de Alemania es intensa y a menudo desgarradora.

A pesar de todo, Berlín sigue siendo un lugar de encuentro y de intercambio, donde ideas y culturas se cruzan en un diálogo constante. La presencia de artistas y pensadores de todo el mundo enriquece nuestra ciudad, convirtiéndola en un laboratorio de futuro, aunque el precio a pagar por este dinamismo sea a veces demasiado alto.

Querida Abibia, cómo anhelo escuchar tus impresiones sobre la situación en España y compararlas con las mías. En estos tiempos de incertidumbre, el intercambio de pensamientos y experiencias se vuelve aún más valioso. Espero que podamos reunirnos pronto, ya sea en Berlín o en Madrid, para compartir nuestras historias y sueños sobre este mundo convulso que nos ha tocado vivir.

Con cariño y esperanza,

Isabella