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PP: poder judicial como círculo vicioso


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El Partido Popular no quiere obedecer el mandato del Consejo General del Poder Judicial, que se rige nada más y nada menos que, en orden de prelación, por la Constitución, la Ley Orgánica del Poder Judicial y el Reglamento de la institución. Todos esos rectores han sido violados con voluntad y conocimiento de lo que se hace y dice, del mismo modo que se conocen los efectos y consecuencias que de esa transgresión se producen.

La mayoría necesaria, los tres quintos, con toda su carga de conocimientos de quebrados y fracciones, para la renovación del Consejo General del Poder Judicial, marca la cifra de 210 diputados de los 350 que ocupan los escaños. Es decir, para que la renovación del poder judicial sea realidad cada cinco años, como marca la Constitución, se tiene que dar un acuerdo entre los dos partidos con más representación, Psoe y PP.

Hasta hace cinco años se venía observando como normativo lo que parece ser lo más razonable en el momento del relevo: quien tiene más escaños, más representación, cuenta con más fuerza numérica para la designación de miembros en el órgano de representación judicial que es el Consejo. Desde 2013, este Consejo, que mantiene el gobierno del poder judicial, con sus jubilaciones y dimisiones, no ha sido alterado por el imperativo que manda la tutela constitucional, orgánica y reglamentaria. Por qué?

Porque una de las fuerzas, el PP, no estima que saque mejor crédito en nombres y denominaciones que el que actualmente representa la gobernanza del órgano judicial. La comparativa entre la situación actual, irregular por definición, y la potencial sobrevenida del cambio mediante acuerdo de los dos partidos preponderantes, arroja un resultado incierto para el partido ahora en la oposición, el PP. Lo que, en principio, coloca a la independencia del poder judicial en cotas de credibilidad sonrojantes. Equivaldría a manifestar que los votos de un partido u otro se inclinan por unas identidades que mejor sirvan a los intereses de aquel partido o formación.

De ser ello cierto, aparece en escena la necesidad del acuerdo por la a su vez aparición del juego de mayorías, en este caso los quebrados en forma de las tres quintas partes. En 2018, cumplidos los cinco años, desde 2103, con ventaja numérica del PP, entonces en disfrute de mayoría absoluta, el gobierno emanado de una moción de censura estaba en manos del Psoe, a pocos meses de una convocatoria de elecciones, que habrían de repetirse para la obtención de un gobierno de coalición Psoe-Podemos.

Desde enero de 2020, la minoría del PP se hacía más ostensible y los acuerdos para la suma de 210 diputados dejaba en franca desventaja al partido de la oposición. Desde entonces hasta el momento presente, con celebración de elecciones en julio de 2023, con una notable mejora de los números del PP en ese sumatorio hasta los 210, no se ha dado la garantía suficiente en el partido de la calle Génova en la renovación de cargos en el Consejo del Poder Judicial como para el nacimiento de un acuerdo.

La gestión de esta continuidad en el espasmo, en el morbo, de la irregularidad, de la mala fe, de la manifestación del cinismo, ni tan siquiera en este momento en que el PP goza de mejor posición matemática para el juego de los números se dan las condiciones de la cesión. Es preferible el status actual que el venidero, el regusto prevaricador de la negación de la norma por la impunidad imperante.

La competición no puede terminar porque sus reglas no me son favorables. Hay que impedir la disputa del partido porque no me gustan las reglas con las que se comenzó, pero el resultado, que me favorece, es inamovible. José María Ridao, en “Radicales libres” (Galaxia Gutenberg), recuerda a Ionesco, en “La cantante calva”, cuando el personaje del Sr. Smith dice “tomen un círculo, acarícienlo, y se hará un círculo vicioso”. La incomunicación en forma de círculo vicioso.

 

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.