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Investidura: tiempo y destino


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Las enciclopedias que mezclan a partes iguales conocimientos de geografía y biología, fauna y flora, hablan de un promedio de gestación en el cerdo de alrededor de 115-120 días, la cifra más aproximada a las 126 jornadas que vencerían el próximo 27 de noviembre, final de la gestación de investidura monitorizada desde su comienzo, el 23 de julio de los corrientes. Lejos afortunadamente de la gestación de los elefantes, con 600 días mínimo para la producción de su parto.

La cifra más próxima al hito del elefante es la de Bélgica, que, de junio de 2010 a diciembre de 2011, acumuló 541 días con gobierno en funciones con sucesivas intervenciones del monarca Alberto de Bélgica, quien poco después abdicaría de la jefatura del Estado en su hijo Felipe, naturalmente agotado por encajar las piezas de la diabólica herramienta que es una investidura. Se empiezan a alzar voces en este sentido para impedir este alargamiento forzado que tiene al país en vilo, y las reformas de leyes procedimentales electorales habrán de imponer un criterio más razonable para evitar tanta aflicción y tanto suspiro.

Hernán Díaz, escritor argentino residente en Nueva York, en su reciente “Fortuna”, donde retrata los ambientes financieros de hace un siglo previos al desastre de los mercados de 1929, dice en el título de Anagrama que se llevará al cine en breve, que hay un momento en “el tiempo es como si hubiera llegado a su destino”. Este memorable estilo de conjunción de maduración y propósito sería el adecuado para el pensamiento en este preciso lapso que experimenta el presidente en funciones Sánchez.

El dubitativo encargo de tentativa de investidura por parte del Rey Felipe tras el fracaso en preceptivo salto a la fama del candidato Feijóo ha colocado al perdedor en votos pero no en expectativas, con el embarazo programado de casi dos meses para un parto que se quiere fecundo y flotador de congojas. Un parto de final feliz, nada de partos de montes con la fábula del nacimiento de un ratón. Los pendulares momentos de interpretación, con distintas tomas de temperatura, ahora frío, ahora calor, no pueden así como así desprenderse de la ocasión histórica que vieron días y siglos por los ojos del partido socialista y la opción nacionalista de Junts.

Sánchez es un experto en el manejo no ya de los tiempos, sino de la creación de realidad donde solo había nada, res nullius, que dicho en latín hace más heroica la función del jefe de gobierno en funciones cuando se inventa una convocatoria de elecciones a finales de julio, con aportación de calor para justamente enfriar los ánimos y animadversiones de los ganadores de la prueba municipal de mayo. Cuando los optimismos andaban desbordados con chascarrillos hombro con hombro entre las huestes de PP y Vox con apuestas con suficiente amplificación para reparto de carteras y consejerías.

El gobierno de la aritmética se impone al de la ética, pese a la jeremíada gallega de Feijóo, “harto ya de estar harto” no ya del pasado desde el 23 de julio, sino probablemente, de mediar investidura de Sánchez, del futuro más inmediato en el número 13 de la calle Génova, señalado como potencial objetivo de misiles tierra-tierra y con denominación “fuego amigo”.

El otro vector de la posibilidad de investidura, el eurodiputado y ex president Puigdemont, continúa en su residencia para -oficial de Waterloo, exactamente a 22 kilómetros de Bruselas, epicentro europeo y lugar donde se ensayó el compás de espera de los 541 días de aclimatación del pensamiento y la acción; y 1564 kilómetros de Madrid, tramo que no tendría que recorrer porque en todo caso sería a la inversa, como se ha encargado de demostrar la vicepresidenta igualmente en funciones, quien se desplazó a Bruselas con la camiseta de Sumar enfundada pero con el número 2 a la espalda del ejecutivo en funciones.

La perspectiva Junts puede coincidir con la perspectiva PSOE al menos en la interpretación del momento electoral, con dejación del momento histórico para otro ciclo de estudio. Las semanas de gestación coincidentes con las del cerdo, como animal más a mano, ya serían pasto de la hipérbole de las ayudas a la oposición PP y Vox.

 

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.