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Óscar Puente, ex alcalde, portavoz tapado, ministrable


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Si Borja Sémper ha impuesto una renovación del cliché de representante del PP, con imagen, desenvolvimiento y mensaje de novación de modos y maneras, el equivalente sorpresivo en el inicio de esta legislatura por el lado socialista ha emergido con motivo de la investidura de Feijóo. Se llama Óscar Puente, clásico del municipalismo en Valladolid y sobradamente preparado para su presentación rutilante en el Congreso de los Diputados, donde en breves minutos ha devastado la imputación sobada de la lista más votada como derecho con olvido de su utilización como maquinaria industrial en la obtención de alcaldías en toda España, con ejemplos lacerantes en Toledo, Guadalajara, Elche, Alcalá de Henares y, para culminación de la enumeración, Valladolid, donde Puente ha ensayado todos los aprendizajes políticos y cuyo examen en plena cátedra ha celebrado en la sesión preparatoria de la entronización de Feijóo con todos y cada uno de los honores.

El manejo del sarcasmo ha sido interpretado por la bancada del PP como complicidad con la condición macarra, cuando en realidad solo ha ejercido el recurso sarcástico como compañía de la realidad tozuda, como homenaje a su connatural Rosa Chacel, en Barrio de Maravillas, “el sarcasmo es un estilete que corta tanto en el mango como en la hoja”. En este preciso instante, de adelantar hasta su logro la investidura bis de Sánchez, y de ser cierto el número de ministros sobrevenidos en la cifra de catorce, sólo habría dos miembros seguros, el presidente y Óscar Puente, para información de los grabadores de las carteras ministeriales. Al parecer, el mainstream, la idea fuerza, la corriente, de la campaña del PP pasaba por la derogación de la obra y acervo del presidente Sánchez.

El entendimiento de la necesidad de borrado de lo actuado por el dirigente último del partido socialista encontró en la derogación su razón de ser sobre cuya vertebración giraba el discurso y el argumento del PP. La elección de Puente para escamotear la presencia del candidato socialista solo cabe ser incluida en el conjunto de las habilidades del presidente, perfectamente clasificables en el género de la magia o la prestidigitación. Su ausencia desnaturaliza el mérito de Feijóo seriamente dañado ya con los resultados del 23 J, insuficientes para la gloria inmediata de la noche estival en la calle Génova.

Pero la espina de la derogación ha emponzoñado tanto y tan intensamente el sistema nervioso de pensamientos y emociones del dado por muerto Sánchez, que el ejercicio de la venganza juega contra Feijóo con una formación sistemática de ardides y artimañas que únicamente complican la vida del rival gallego, tanto en sus ambiciones ejecutivas con intención de gobierno de la nación española como en sus anhelos de conservación de poder del propio Partido Popular.

Las reacciones de los dueños de los escaños PP superaban en cariz vulgar precisamente la acusación soportada por el ex primer edil de Valladolid, quien aprovechaba la extraordinaria ocasión que le brindaron los siglos para el lucimiento con la ayuda de los datos, torrencialmente lanzados con una economía de esfuerzo y de tiempo, de cuyas consecuencias nada se sabe, concretamente si serán digeridas a tiempo por el candidato conservador ya agobiado por la ciencia aritmética.

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.