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Grandes tendencias científico-tecnológicas en el siglo XXI


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

La ciencia y la tecnología son dinamizadoras claves del cambio social, trascienden su propio marco y son esenciales en la mayoría de las áreas de las actividades cotidianas de la vida de los seres humanos. A la dimensión de la ciencia y la tecnología como creadoras de cultura, hay que añadir su carácter reflejo y temporal, es decir, pueden ser contempladas según el momento histórico en el que se inscriben.

El papel político de la ciencia y la tecnología es evidente y se entronca con la distribución del poder y el ejercicio del control social. Un papel que adquiere especial significación en un mundo hiperconectado como el actual, regido por intereses económicos y estratégicos de alcance mundial

Los impactos sociales de la ciencia y la tecnología han hecho necesario que los análisis que se acometan a la hora de analizar sus implicaciones sean interdisciplinares. Los adelantos se suceden ininterrumpidamente y a un ritmo acelerado, aunque no involucren a todos los ciudadanos del planeta. La experiencia vivida con la pandemia de la Covid-19 y la aparición de diversas vacunas en menos de un año, novedosas en vacunología, son una muestra de los tiempos con los que nos manejamos en este campo.

Un debate que involucra a la ciencia y la tecnología es que una misma información desemboca en conclusiones antagónicas. En ocasiones, las discrepancias provienen del hecho de que la información que tenemos no es la adecuada y puede hacernos concebir que estamos conociendo la realidad, cuando simplemente echamos una mirada superficial. Nos debatimos en un universo que presenta dificultades para hacer predicciones sobre su futuro. Por otro lado, la falta de alfabetización en estos temas por parte de la ciudadanía hace más difícil su comprensión. Lo anterior tiene apreciables efectos, entre otros que la opinión pública desconozca cuales son las áreas de conocimiento en las que se está avanzando, a excepción de las más polémicas o con mayores alcances.

Mostrar que la aceptabilidad social de los progresos que van acaeciendo dependen, en buena medida, de las diversas idiosincrasias culturales, a modo ilustrativo, recordemos en el caso de la reproducción humana asistida que en algunos países se permite, por ley, la maternidad subrogada y en otros no. Los diversos criterios ponen de manifiesto la imposibilidad de pensar que los avances científicos pueden llevar a los numerosos grupos implicados a pronunciar juicios idénticos sobre los grandes retos coligados. La variedad de criterios depende de las características enraizadas en cada sociedad o en cada individuo en concreto. Las distintas opiniones denotan que las reflexiones provienen de factores valorativos. Los grupos de opinión pueden estar coyunturalmente de acuerdo, si bien su ideal de ser humano y de la organización social difieran. Aun en el supuesto de que la ciencia y la tecnología exploraran y definieran todos los argumentos de discusión, nunca se disociarían de su contexto ideológico. El ideal científico es el de la unanimidad, aunque es una utopía, pues la unanimidad se obtiene sobre la base de unos principios iniciales “en sí”. Las verdades del ser humano son siempre parciales, colmadas de emociones. Los científicos sociales reconocen, como en el caso de George Simmel, que la esfera de los deseos espontáneos, de los impulsos improvisados, tendrán siempre un lugar, incluso en sociedades organizadas y planificadas[1].

En este contexto, cualquier exploración social centrada en las tendencias científico-tecnológicas ha de enmarcarse en la esfera de los valores: sociales, éticos, morales, religiosos… De lo anterior se deriva la hipótesis de que todo descubrimiento soporta modificaciones en el medio social y que estas mudanzas afectan la forma en la que vemos el mundo y el sentimiento de nuestro propio ser y valer. Afecta a nuestra concepción del mundo, porque cambia nuestros deseos, expectativas, temores… De hecho, éstos han mudado, en cada momento histórico, las pautas y códigos de conducta sociales. Cada paso que damos es un reflejo de nuestra proyección como humanidad y, además, actúan retroalimentándose, porque nos ayuda a interactuar con el medio natural y social y por añadidura, influye en los procesos de pensamiento. No en vano, las innovaciones que se van desencadenándose cambian nuestras costumbres, formas de comunicarnos, de trasladarnos, de actuar, de trabajar, de vivir, de disfrutar del ocio…

El mundo en la tercera década del siglo XXI está irreversiblemente condicionado por la ciencia y la tecnología, inmersos como estamos en un proceso tecnológico, que ha conducido a un nuevo paradigma de sociedad. Nos enfrentamos a la cuarta tercera gran transformación global en la historia de la humanidad: la primera la neolítica, la segunda la industrial y la tercera, la de nuestros días, la tecnológica. Coincide con la que para la que algunos es la cuarta revolución industrial (Revolución 4.0), en la que convergen las tecnologías digitales con las físicas y que conllevará una automatización total de la producción, a partir de sistemas ciberfísicos que combinarán la maquinaría física con procesos digitales (internet de las cosas, cloud computing, nube…)[2].

El Informe del Foro de Davos del año 2016[3] del World Economic Forum anticipó lo que se entiende por Revolución 4.0: la convergencia de las nanotecnologías, las neurotecnologías, los robots, la inteligencia artificial, la biotecnología, los sistemas de almacenamiento de energía, los drones e impresoras 3D.

En un libro también de ese mismo año Klaus Schwab, fundador de este organismo decía: “Estamos al borde de una revolución tecnológica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos desarrollamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformación será distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes”[4]. Y sostiene que los “nuevos poderes” estarán vinculados con la ingeniería genética y las neurotecnologías, si bien – según exponía- la revolución afectará tanto al futuro del trabajo, como a la seguridad geopolítica, a las desigualdades sociales y a la ética.

Para algunos nos encontramos en ciernes de la quinta revolución industrial, cuya protagonista será la inteligencia artificial que, en conexión con la nanotecnología y la biotecnología, llevarán de sí la fusión humano-máquina que se anticipa como una gran oportunidad para desarrollar un nuevo tipo de ser humano con mayores capacidades y habilidades (ideología del transhumanismo), si bien debemos sojuzgar sus riesgos, en tanto en cuanto podrían articularse políticas de corte eugenésico.

Como vemos, estamos en un momento histórico colmado de extraordinarios retos y oportunidades merced a la ciencia y la tecnología, aunque también son muchos los dilemas y hasta peligros de este ciber-bio-modelo de sociedad que se perfila para las próximas décadas. Entre ellos los relacionados con la adaptación del mundo empresarial a los nuevos tiempos, en el que ya se califica como “darwinismo tecnológico”; los relativos discriminaciones en manos de una élite tecnocrática que comporté más desigualdades sociales; los concernientes a las relaciones entre los seres humanos y los robots, los vinculados a la automatización y robotización de las fábricas y el trabajo; los coligados a los desarrollos y aplicaciones de la inteligencia artificial; los relativos a usos indebidos de la ingeniería genética humana etc.

Esperemos saber conducirnos por el mejor de los caminos posibles… _______________________________________________

[1] Simmel, G. (1977). Sociología. Tomo I. Madrid: Ed. Revista de Occidente.

[2] La primera revolución industrial, entre 1760 y 1830, supuso el paso de la producción manual a la mecanizada; la segunda, en torno a 1850, trajo la electricidad e hizo posible la producción en masa y la tercera de mediados del siglo XX, se desarrolló con la electrónica y las tecnologías de la comunicación y la información.

[3] World Economic Forum (2016). Global Risks.

[4] Schwab, Klaus (2016). La cuarta revolución industrial. Barcelona: Debate.

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.