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El trastorno por hipervigilancia: Isidora Rufete de fondo


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Sinónimo de una precaución a veces paralizante y siempre agotadora, la hipervigilancia no se tiene en cuenta a menudo. Y, sin embargo, este trastorno es muy real. Manos húmedas, palpitaciones del corazón, trastornos del sueño: la hipervigilancia1 se refleja en numerosos síntomas físicos que atestiguan un estado psicológico vulnerable. Sensaciones opresivas, perturbadoras y a veces incluso paralizantes, cuyo origen puede ser difícil de comprender.

La mayoría de las veces, están intrínsecamente relacionados con un trastorno de ansiedad, alguna situación traumática. En otros casos, el origen del trastorno es un traumatismo grave. Se manifiesta como un claro estado de alerta aumentado con enorme sensibilidad a lo que nos rodea. La persona puede sentirse como si estuviera alerta a cualquier peligro oculto de la gente o de su entorno. Sin embargo, a menudo estos peligros no son reales. En ambos casos, el resultado es una hipersensibilidad que despierta los sentidos hasta el agotamiento. Algunas madres, durante la crianza de más de un niño seguido, desarrollan este síndrome, que se puede convertir con el tiempo en un problema, al cronificarse. Muchas veces este exceso de precaución se traduce en una conducta manipuladora, asustadiza, vigilante, controladora…que solo trasmite ansiedad a sus familias, a sus hijos. Es la metáfora de la madre helicóptero, en ello lo podemos visualizar y con el tiempo, esas cuidadoras que tenían un exceso de responsabilidad se convierten en personas muy frágiles, que han perdido el sueño, generando trastornos mayores.

El cerebro de estas personas sobreanaliza y reacciona de forma exagerada ante este entorno y sus supuestas amenazas. Por eso se anticipan al peligro potencial y sus sentidos están siempre alerta. Benito Pérez Galdós en su obra La desheredada, con Isidora como protagonista, retrata en forma de monólogo interior o estilo indirecto libre, la mente ciertamente desquiciada de la protagonista, afectada por diversas situaciones de trauma. Una descripción casi de ayer, donde tenemos que reconocer el genio del escritor una vez más, muchas veces más por el conocimiento de las personas, el ahondamiento en el subconsciente. Increíble. Aquí se puede leer. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-desheredada--0/html/ff33d85c-82b1-11df-acc7-002185ce6064_12.html#I_32_

Un estado de hipervigilancia –retratado ya entonces por los autores del XIX- puede provocar síntomas físicos, conductuales, emocionales y mentales. Igualmente cabe señalar que puede aparecer en momentos puntuales sin necesidad de ser patológica, la hipervigilancia puede ser un síntoma (que no un trastorno per se) indicativo de alguna alteración mental o incluso física.

Los síntomas físicos son similares a los de la ansiedad, es decir, sudoración, aumento del ritmo cardíaco, respiración rápida y superficial. Con el tiempo, este estado de alerta constante puede conducir al agotamiento.

Los síntomas conductuales incluyen reflejos de sobresalto y respuestas reflejas rápidas a su entorno. Si eres hipervigilante, puedes reaccionar de forma exagerada cuando oigas un ruido fuerte, cuando malinterpretes el comentario de un compañero. Estas reacciones, que en realidad son intentos de defenderse, pueden ser violentas.

Los síntomas emocionales de la hipervigilancia pueden ser muy abrumadores. Puede la persona experimentar ansiedad intensa, pánico o preocupación incesante. Temer el juicio de los demás, o juzgar a los demás con extrema dureza. Esto a veces se convierte en un pensamiento muy binario: piensas que las cosas están absolutamente bien o absolutamente mal. También se pueden volver retraídos, sufriendo cambios de humor o arrebatos emocionales.

Los síntomas mentales de la hipervigilancia incluyen paranoia, a veces acompañada de racionalización para justificar la hipervigilancia. Algunas personas con hipervigilancia, como las que padecen trastorno de estrés postraumático, experimentan alteraciones del sueño. Valga otro ejemplo en El abuelo, también de Galdós, para representar lo dicho. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-abuelo-novela-en-cinco-jornadas--0/html/ff50a82e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_11.html#I_71_

¿Qué podemos hacer para reducir la hipervigilancia?

El tratamiento dependerá de la causa. En general, debemos normalizar situaciones y pensar en positivo. Es probable que su médico le remita a un terapeuta o psiquiatra. En ocasiones, el tratamiento terapéutico se apoya en medicación, como antidepresivos o antipsicóticos.

La terapia cognitivo-conductual es muy eficaz para tratar la ansiedad. El terapeuta centra las conversaciones en experiencias pasadas y en sus problemas y miedos actuales. La terapia EMDR también es útil para la hipervigilancia, ya que aborda los patrones de comportamiento causados por el trauma.2

 

f. Trastorno cuantitativo de la estructura de la conciencia en el que existe un nivel aumentado (nivel I) de la atención y de la alerta, junto con una exaltación de la esfera sensorial, motórica, cognitiva y afectiva. Se caracteriza por la vivencia de «claridad mental» (los autores clásicos hablaban de «ampliación de la conciencia») que no tiene por qué ir acompañada de un mayor rendimiento, ni siquiera de una mejora real de la atención. De hecho, puede ir acompañada de importantes distorsiones de la atención (hiperprosexia) que se traducen en una distraibilidad. Aparece como un estado de transición en diversos trastornos orgánicos y psiquiátricos o como un preludio de estos: accesos maníacos primarios o secundarios a enfermedades somáticas, algunas formas de inicio de la esquizofrenia e intoxicación por drogas alucinógenas (LSD, cannabis, etc.) y noradrenérgicas (cocaína, anfetaminas).Dic. Universidad de Navarra.

2 Referencias bibliográficas:

  • Barlow, D. H. y Durand, V. M. (2003): Psicopatología. Madrid: Thomson.
  • Goodman, H. H. (Ed.). (1987). Psiquiatría general. México: El Manual Moderno. (Orig. 1984).
  • Lemos, S. (2000): Psicopatología general. Madrid: Síntesis.
  • Vallejo-Ruiloba, J. (1991): Casos clínicos. Psiquiatría. Barcelona: Salvat.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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