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Patrick en Buenos Aires paseando su violín


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Cansado y bien cansado estaba ya Patrick de la vida, una vida a la que ya había dado lo mejor de sí mismo y como un dios mortal debía parar y reposar. Por ello y por otras cosas se marchó a Buenos Aires.

Siempre había escuchado y casi que ya era vox populi que Gardel vive en el Barrio de Caminito, que fue un bulo, que no se murió, y que ¡recontra!, hizo muy bien en fingir ese teatro si es que realmente fue así. A Patrick, las letras de los tangos le parecieron algo trágicas, desagarradas pero siempre muy adecuadas para lo que uno va a hacer en la Argentina que no es otra cosa que vivir: Vivirla. Patrick realmente escapó como todos, probablemente con la idea de que huyendo de si mismo, logras algún conocimiento de ti mismo, hasta que compruebas que por más que viajes da igual: nunca te escapas de lo que eres, y más vale que decidas coger tu propia mano y el camino de la aceptación. Había sufrido enormemente con una madre que como la de Sarasate había estado con él desde pequeño al pié del cañón para conseguir lo que realmente era, un gran violinista, uno de los mejores del mundo, pero es verdad que estas cosas tienen un precio y Patrick estaba ya muy cansado.

Era obvio también que la criatura era superdotado para la música lo cuál animaba a su madre y a los profesores. Aquello iba en detrimento de su infancia que se perdía en la espesura de aquellos bosques franceses en que fue criado. Su imagen era tierna, blanquita, infantil, con el cuello algo torcido, colocando sus deditos y sufriendo para conseguir que el endemoniado violín donara su más puro sonido, y esto comenzaba a producir en su proceso mental algunas huellas ya irreversibles. Las cosas así, con diez años ya podía dar conciertos sin chirriar el instrumento como principal solista. Pero se hizo un niño introvertido, de esos de natural solitario al ser ésta una profesión de soledad que pocos niños ejercitaban. ¿porqué? Porque no iba al colegio, estudiaba en su casa. Todo le parecía ecléctico, indiferente, superior, como si de un aristócrata se tratara, un individuo de esos que parece que desprecia al resto del mundo, si bien una mirada más detenida nos profundiza en un fondo muy distinto de su imagen. Patrick era eso, introversión y semicorcheas. Un poco ángel caído en Argentina. Su perpetuo estado de ensimismamiento también le llevaba a la observación, cualidad fundamental que tenemos que desarrollar todos en este mundo, ayuda a dominar el egocentrismo.

La cuestión es que decidió largarse a Buenos Aires, escapado del sistema maternal, igual que Galdós escapó de la represión materna a Madrid, menos mal que algunos hombres se revelan contra su madre si no...Estaríamos perdidos. Otros a cambio a sido gracias a la figura materna que se han convertido en gigantes. En cualquier caso Patrick adoraba a su madre, todo lo que era se lo debía a ella, pero por eso mismo tenía que largarse. ¿Cuántas veces en las biografías más celebradas no ha sido el poder materno el desencadenante de más de una situación en ocasiones trágica?

Patrick era un ser libre en cuanto a ataduras convencionales se refiere, pues tenía desde siempre claro -probablemente fruto del análisis de su exterioridad- que tener hijos en la vida era la mayor barbaridad que el ser humano puede cometer. Ciertamente si a la mayoría de los hombres les hubieran preguntado cuántos hijos quieren tener probablemente la respuesta sería: ninguno. Por eso, Patrick consideraba a las mujeres -a las que adoraba- como las "responsables" de estos acontecimientos, pues sin duda de ellas depende el control de la natalidad y sobre todo la decisión. Inevitablemente esto de los hijos no era para él, era como perder su identidad mal que pese, y sobre todo el entierro de pareja que solo de dedicará a esa enfermiza crianza quedándote tu en el abandono casi casi como una tortuga común...solo eso, tortuga común.

Patrick en Buenos Aires se convirtió en el protagonista de este dramoviaje o quien todavía mantiene fuertes elementos propios de los aristócratas del momento, pero en completa decadencia, un a modo de personaje con elementos pertenecientes a los protagonistas del Romanticismo, al mas puro estilo del Don Álvaro, y supongo que a muchos les recordará. Le verán movido por la fuerza del destino que ha llevado al suicidio a tantos, sólo que en Patrick el proceso del destino se verá influido por nuevos vientos que le dotaron de un renacer, de una nueva personalidad. Consciente de su realidad decidió caer un tiempo en el status naturae, por una necesidad y búsqueda interior, así que, por un tiempo Patrick se dejó caer en brazos del mundo y por un tiempo, fue un enfermo, vicioso, alcohólico y dado a frecuentar ambientes y gentes de aquí y allá que por las tierras bonaerenses, es típico. También metido en el juego quiso salir del maremagnum en el que se encontraba.

Esclarecidas estas inevitables cuestiones, nos encontramos sumergidos en el alma de Patrick quien Guía Peuser en mano quiso instalarse en la misma calle donde había vivido Borges, en la calle Maipú y como cualquier lector ya adivinará por lógica y circunstancias que ya vienen cantando que así reza el tango: Murieron con vos las botellas, cerrando cantinas y burdeles, dejaste tu vida en mataderos... Si no es así no tenemos relato, sin duda era de esperar que Patrick se asomase a la vida, que se olvidara del violín, de la vida encorsetada, del éxito, o incluso que se diera a tocar los tangos en cualquier esquina, a huevo, machacando el arco, escuchando el bandoneón, mirando cómo bailan los argentinos.

Paseaba, paseaba mucho, solo, por Corrientes, la Recoleta, por el barrio de San Telmo... perdía contratos y le daba igual, era el momento de la observación, de aprender y madurar un poco como artista si es que quería ser algo, y otro poco porque el ser humano necesita crecer aunque éste se descalabre, sólo que a veces se nos va la mano. Caño 14, El viejo almacén, Caserón Tejas, La botica del ángel, La Taberna de Bochín, El café Tortoni, Complejo La Plaza...eran algunos garitos donde el rubio violinista ya era famoso y no precisamente por ser concertista.

Buenos Aires como otras ciudades europeas de América Latina produce un efecto de gran impacto en los españoles viajados. ¿Por qué? Por el idioma. Es como estar en una Viena o París pero con personas muy amables y hablando muy bien el español, con bastante gracia y elegancia. Buenos Aires es el lugar ideal de crecimiento no porque lo recomiende el pediatra sino porque sí, hay que estar allí y a poder ser sólo –yo pienso igual que soy la que escribe- así pensaba Patrick cuando se le caían la vida con los mordiscos que te da la soledad en aquellas calles de historias, de sufrimientos de madres, y de gente amable que te entiende: Olorosa como un mate curado la noche acerca agrestes lejanías y despeja las calles que acompañan mi soledad...o Pero de nuevo el mundo se ha salvado. La luz discurre inventando sucios colores y con algún remordimiento de mi complicidad en el resurgimiento del día solicito mi casa, atónita y glacial en la luz blanca, mientras un pájaro detiene el silencio y la noche gastada se ha quedado en los ojos de los ciegos...Estos y tantos otros versos de Fervor de Buenos Aires de 1923 de Borges, a quien Patrick además de a Pérez Galdós conocía a la perfección, repiqueteaban como el Ángelus en su mente, al tiempo que su pasos le trasladaban al abismo de lo desconocido. Cerrando cantinas y burdeles como reza el tango del infortunio que fue sin duda monumental. ¡garufa!

Sólo en esta ocasión y en otra que más adelante el lector descubrirá fue cuando Patrick verdaderamente perdió el interés por su carrera, en suma por el violín y los escenarios. Más adelante en los Diálogos con Sábato leyó que a Borges no le gustaba el bandoneón, lo cuál, como es lógico en nada ha afectado a la marcha del tango, Borges, no lo es todo ni mucho menos en la cultura, aunque los nuevos intelectualillos así nos lo hagan creer a base de citarle a diestro y siniestro. A Patrick que era un número uno de la interpretación y la composición estas opiniones de los grandes le daban risa, eran patéticas, cada cosa y cada quién deben estar en su lugar, Wagner es Wagner, Comcel César o un maestro de la masonería, no hay que mezclar, y en estas…el tango es el tango. Piazzolla está muy bien pero para encontrar la esencia de la verdad hay que ir al germen de donde nació, es como en el flamenco. Piazzolla también fue al taller del tango. Patrick no quiso salir de allí aunque en el siguiente viaje Patrick en Buenos aires II, lo veremos.

Nota: Los editores me han dicho que soy una pesada escribiendo tan largo, así que mejor divido los textos para que se lea todo mejor y no malgastéis el tiempo, vaya a ser que os de un desmayo por leer un texto de cinco o siete minutos. Es broma, no soy la única que escribe aquí y eso. ¡morituri te salutant!

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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