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Una española y un fisio en Tokio


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)

Tokio es una ciudad fascinante, especialmente para aquellos a los que les gusta ese mundo. Viví por un año sola en varias ciudades de Japón y bueno, como siempre digo: muy bien sin entrar en detalles. Hoy hablo de uno de esos detalles que es ponerse malo físicamente en un país que no te entienden. Como no había manera de aguantar los dolores que me producían mis articulaciones y demás lesiones propias del sedentarismo artrósico al que la profesión de escritor-profesor-investigador le somete a uno, pues decidí tener sesiones y citas con el fisioterapeuta o kine. ¡ya ves tú, menuda cita! Ya he hablado de estos encuentros en otras partes pero ahora vuelvo a hacerlo. Si acaso los fisios son los que algo –poco- se acercan a una mejoría hipotética que no real del problema, más si acaso que los neurólogos –obsesionados por los tratamientos salvajes medicamentosos y de infiltraciones para zumbao mental- . Caso aparte el de los traumatólogos –entrenados más que nada para descuartizar a una vaca en la encimera de su cocina, que para otra cosa- que por ahí no vamos a pasar, al menos de momento. En Japón la profesión de fisio es dedicada en su mayoría por personas ciegas, lo cual es un alivio si se tiene en cuenta que de la vergüenza que tengo en general, me baño en las playas y en las piscinas con bañadores pantalón, como quien se mete en una butifarra. No me gusta mi desnudez, lo paso mal.

Como no se ponían de acuerdo los unos con los otros y cada cual barre para adentro sin llegar a solucionar nada desde hace quince años que venimos padeciendo, pues nada, decidí aplicar de alguna manera algun consejillo del echaopalante del fisio que por lo general va del listillo total sin siquiera ser médico pero que alomejor con tanto lesionado como ven es hasta razonable escuchar su manera de ver al dolorido. ¡Aguanta la pedrá! Una consulta en japonés y yo respondiendo en japonés inventado y en francés.

Y claro una de las frases que uno tiene que oír diciendo para sus adentros “ahí va la hostia pues” o “Putain” como dirían los franceses, es aquello de: usted tendría que abandonar la posición de ordenador y de trabajo en una mesa. Repito: “ahí va la hostia” osea que tengo que abandonar toda mi vida, lo que hago y abandonar. Advierto que nunca digo palabrotas, pero cuando escribo el subconsciente, surge.

La consulta y piscineo estaba en el barrio de Harajuku, pero antes de eso, había pasado delante de Hagurazaka. Visitar este distrito de gran influencia francesa siempre provoca nostalgia. Varios restaurantes y tiendas con nombres franceses, de alta escala y bien aislados en sus callejones. Vagabundeo por ahí mientras me pienso lo del kine. Observo el estilo de vida japonés, casas, jardines, templos, santuarios. ¡Un paseo bajo la lluvia, en calma y limpieza! ¡No conozco a casi nadie! A pesar de vivir allí, no puedo dehar de hacer fotos a esas delicadas flores, observar una ceremonia religiosa en un santuario, ¡era una mañana tranquila a pesar del clima gris!

El fisio o kine –por ejemplo en Francia se les llama kineterapeuta, únicos autorizados por la ley a masajear una zona dolorida o lesionada- advirtió que caminara –si ya lo hago- o que haga piscina. Esto siempre me lleva a pensar si quiere que construya una piscina o qué. Pero bueno, lo mejor es alejar mis ideas absurdas y concentrarme en la cosa. Hacer piscina.

Yo me pregunto muchas cosas con respecto al tema piscinil. Hay que decir que esto de preguntarse cosas auque produce mucho dolor de cabeza, es eficaz y ayuda al progreso personal, en Madrid se llama comerse el coco o darle mogollón al tarro. Yo, nadar, nado, pero nado a mi modo de ver, muy mal, como muy tonta y siempre que lo hago, luego me duele todo, especialmente la zona lumbar, esto me ha pasado toda la vida, con lo que llego a la piscina ante lo que yo creo son las miradas de todo el mundo y...mal, muy mal. Me convence para ir a uno de esos centros japoneses terribles con mil asiáticos nadando todos en la misma dirección. ¡Estos no conocen la anarquía de mi pueblo!. ¡Chavales, que uno nada pa donde quiere! Me tiro de cabeza, porque aun creo Hier encore j’avais 20 ans, y me doy cuenta que he fastidiado justamente la zona que tengo pero que es el cuello. Resulta que está prohibido tirarse de cabeza, viene un propio con su pito y te da la chapa. Tu con cara de tortuga deprimida dices: Amén, y para tus adentros dices: ¡vaya ua está la españolita dando la nota!

Hay que bajar por las escaleras, cosa que no he hecho en mi vida porque me ha parecido algo reservado para cuando sea ya muy muy vieja. En las piscinas de Francia y Alemania, mas si son para terapias por lo tanto te obligan a sumergirte por las escaleras, lo que para mi significa empezar de mala manera. Después te pones a nadar y te das cuenta de que estas hecha según bajas por esas malditas escaleras que se clavan en el pie con el gorro de mosca, una auténtica foca marina o mamut acuático, a juzgar por cómo se mueve el agua al meterte tú.

Ahora sí que mira la gente, ahora miran de verdad, no por tu belleza precisamente, sino porque has demostrado que no eres de ellos. En esos lugares, cualquier mayor de 65 años está hecho un máquina de la natación, del dominio del agua y te mira con desprecio, sí señor, te mira como diciendo “esta glotona y cerda ha venido a quitar la plaza a una de las nuestras (de 70 años pa arriba) que nadan todas como la misma Esther Williams que en japonés habría muchas más” ellas siempre tienen la misma edad.

Comienzas a nadar o a bucear que es lo que a mi me gusta y rápidamente viene un monitor que te dice que en las piscinas no se viene a jugar y bucear que vienes a hacer una terapia de mejora de esclerosis, de artrosis y de no sé cuantas pendejadas más para potenciar tu depre. ¡Aquí no se bucea, señora, afirma una japonesa, tipo sargento de la segunda guerra mundial! Y también piensas: si esta llega a conocer a mi madre, se entera. Pero tu madre no está y yo no tengo agallas para decir lo que pienso porque me da pereza y taquicardia.

Vale, vale, mientras contemplo a toda la japonesada feliz y atlética, salgo del agua como puedo, observo que baja el nivel del agua, después de haber realizado un ejercicios lentos, ¡madre mia! en el agua, porque eso y nada más que eso es lo único que tengo derecho –según mi estado- a hacer. Y mientras realizo los malditos ejercicios lentos, pasan la mara de jubilados nadando como en competición, si me apuras hasta estilo mariposa para cabrear a la generación de cuarentones que estamos para el arrastre. ¡Putain! Con lo cual, y conociéndome, pues no vuelvo, claro.

Sigo mi ruta de vuelta por el barrio meca de los Mangas Akihabara. Si eres fanático de los videojuegos, los juegos de arcade, los juegos retro de nuestra infancia, los dibujos animados japoneses y todo lo relacionado con la electrónica, ¡pues dite que estarás en el cielo en este vecindario! Ni siquiera puedo describir la emoción de Mr Gingerbread, ¡creo que es comparable a un niño que llevas a Disney World por primera vez! Por allí seguían los Nintendo, Mario, Donkey Kong, Street Fighter… ¿qué sucede? Quieres compartir esa emoción con alguien europeo, ¿qué sucede? Que no hay ningún europeo a mano, y tu con tu artrosis para arriba y para abajo.

El ambiente que reina en este distrito es especial, ¡un ambiente GEEK con pantallas, luces y música a todo volumen! Hay docenas y docenas de edificios de cinco a seis pisos con productos derivados de juegos y dibujos animados, figuritas, pines.

Al final terminas en el barrio de Ginza, es decir, el paraíso de compras ¿porqué? No lo sé. La calle principal: Chuo Dori, el equivalente a nuestra Avenue des Champs-Elysées, o a la Calle Preciados de Madrid, tiene la particularidad de cerrar el acceso a los coches los sábados y domingos de 13h a 20h ¡y esto desde 1970! ¡Es súper agradable y ya han copiado esta costumbre, como para que así compres más! Me gustó mucho la arquitectura de los edificios, cada uno de ellos es único. ¡Las marcas de lujo obviamente están presentes y adaptan sus colecciones al estilo de los japoneses! Fue interesante escudriñar los escaparates de Prada, Gucci, Chanel, etc., pero también los de marcas de consumo como Gap, Levis, H&M. ¡a la japonesa! ¡Los cortes y colores reflejan dicha moda! Por fin descubres que todo te queda pequeño, que son muy raros aunque les admires en sus capacidades físicas frente a las tuyas.

Me planteé hablar por conferencia con alguna amiga para retomar mi posición en el Universo porque entre tantos millones de personas ajenas a mí, la cosa se ponía difícil. El fisio, quiso verme (en el buen sentido, ya dije que era ciego) desde su Atalaya…y ahí que fui cada tres días a su torre ubicada en el mejor barrio de Tokio, durante varios meses. Le convencí con lo de la piscina, diciéndole que los europeos no sabemos nadar y ¡pum! Invente otra cosa y la inventó.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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