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Le Château d’Oiron, del lugar del marqués de Carabás al actual museo contemporáneo


Claude Gouffier, marqués del Castillo de Oiron, fue la inspiración del marqués de Carabás para El Gato con Botas. Perrault escribió la obra cuando se retiró de la corte como secretario de Jean-Baptiste Colbert, ministro de Luis XIV de Francia. La muerte de Colbert pudo haber forzado la jubilación de Perrault, momento en el que se dedicó a escribir.

Los eruditos han debatido sobre el origen de sus cuentos, si son cuentos de hadas literarios originales, o son modificados de cuentos tradicionales, o basados ​​en cuentos escritos por escritores medievales anteriores como Boccaccio, Straparola, Basile entre otros. Las tramas simples con las que comenzó Perrault fueron modificadas, con una ornamentación extraordinaria propia de la corte francesa, con un lenguaje mejorado y reescrito para una audiencia de cortesanos noble y aristocrática. Temáticamente, las historias apoyan la creencia de Perrault de que la nobleza es superior a la clase campesina, y muchas de las historias muestran una adhesión a las creencias católicas, como aquellas en las que una mujer se purifica del pecado y se arrepiente antes de reintegrarse a la sociedad.

El marqués de Carabás es el nombre del protagonista del cuento Le Maître chat o le Chat botté de Charles Perrault, que apareció por primera vez en 1697 en Les Contes de ma mère l'Oye. El marqués de Carabas no es un marqués como sugiere su nombre. Este usurpado título de nobleza y el exótico nombre de Carabás fueron inventados por el Gato con Botas para su amo (cuyo nombre real se desconoce), es decir, que se produce lo que podríamos denominar como metapersonaje del cuento donde un personaje (el gato) inventa otro personaje (un marqués). Él es el tercer hijo de un molinero sin un centavo que no le dejó nada más que este gato. Al hacer pasar a su miserable maestro por un marqués, el gato con botas espera atraer la atención y los favores del rey a través de diversas argucias de cuestionable rigor moral. El joven asciende en su escala social, pasando de la condición de hijo de molinero sin herencias a la de conde de Carabás y yerno del rey, sin llegar a ser marqués. Su deslumbrante ascenso social puede parecer tanto más injusto porque no ha hecho más que dejarse guiar por su gato, que él mismo recurre a la mentira y la astucia para manipular mejor a los distintos protagonistas del cuento. Claude Gouffier quien sin duda inspiraría a Perrault.

Claude Gouffier dedicó su vida entera al Rey y a la Corte. El soberano lo nombró en 1535 primer gentilhombre de Cámara. En 1545, Claude recibe el cargo de capitán de los Cien Gentilhombres del Rey, encargados de escoltar y proteger al soberano. En 1546 fue nombrado gran escudero de Francia, un prestigioso e importante cargo que consistía en llevar las insignias del Rey durante las ceremonias oficiales, así como la gestión de las cuadras reales (escuela de equitación, armería, organización de las justas). Además, fue uno de los mayores coleccionistas y amantes del arte de su época. Su extraordinaria fortuna, amasada principalmente con las múltiples adquisiciones de tierras de su abuelo Guillaume y de su padre Artus mediante donaciones reales, matrimonios o compras, le permitió crear una colección que incluía desde cuadros de Rafael, de Jules Romain y de Pérugin, hasta el retrato de Juan El Bueno (actualmente en el Louvre), tapices, cortinas de cuero, libros miniados, cubertería de plata…

Con su muerte en 1570 los Gouffier pierden la posición privilegiada que disfrutaban en la corte de los Valois. A principios del siglo XVII, la Corte se fijó en Versalles y ya no fueron más que una importante familia provincial. Louis Gouffier, nieto de Claude, es el último de los "grandes" de la familia y con él comenzaró el declive: gobernador de Poitiers y consejero de Estado en 1619, nombrado duque y par de Francia un año después, se opuso a Richelieu, quien lo envió exiliado a Oiron. A él se deben los apartamentos de recepción, las fachadas ornamentadas y la rica decoración interior del castillo. La implantación en Oiron de la "dinastía" propiamente dicha de los Gouffier cesa con Artus. Amigo íntimo del filósofo Blaise Pascal, fallece en 1667 cediendo el castillo y el señorío a su hermana Charlotte, última que llevaría el apellido familiar y cuyo esposo, François d’Aubusson, marqués de la Feuillade, proseguirá las obras del monumento.

El castillo de Oiron podría limitarse a ser un magnífico escenario para una decoración espectacular: fastuosa galería de pinturas murales siguiendo el estilo de la Escuela de Fontainebleau, excepcional conjunto de carpinterías pintadas y esculpidas del siglo XVII. En la actualidad alberga la colección de arte contemporáneo Curios & Mirabilia, libremente inspirada en la temática del gabinete de curiosidades, en referencia a la fabulosa colección de arte de Claude Gouffier.

Los artistas reinterpretan un lugar y una decoración con un origen excepcional: galería de pinturas murales renacentistas siguiendo el estilo de la Escuela de Fontainebleau, carpinterías pintadas y esculpidas del siglo XVII.

Tras los pasos del marqués de Carabás (El gato con botas), cuyo modelo según cuenta la leyenda fue Claude Gouffier, se invita al visitante a pasear entre "curiosidades" y "maravillas sorprendentes como por ejemplo una representación del Cocatrix. Foto 7554 Cuando Christian Boltanski puso en la galería de los retratos a la descendencia en lugar de los antepasados no es paradójico.

La selección oligárquica por nacimiento desaparece ante la igualdad de oportunidades de la democracia republicana: el linaje cede ante el grupo demográfico.

Los niños de la escuela de Oiron, hoy personajes anónimos que miran a la cámara vestidos con una sudadera, se encuentran virtualmente expuestos a la notoriedad. Alguno de ellos será tal vez señalado un día («el tercero por la derecha, en la cuarta fila») por sus éxitos.

Mientras tanto, todos los niños se han prestado al juego de ser fotografiados por Boltanski para cubrir la pared hasta llegar al cimacio superior.

Además de retratos de niños individualizados, estas fotografías constituyen también documentos sociológicos, convirtiéndose más en clichés que en ilustraciones.

Las diferentes salas descubren obras de arte en una mezcolanza entre lo realizado por el hombre y por la naturaleza. Hay una sala de trofeos que llevan la marca de uno de los maestros de la reutilización de residuos y desechos desde 1960.

Las originales combinaciones de este artista que maneja con facilidad varios lenguajes responden al profundo conocimiento de la historia de los objetos y de su relación con el lenguaje.

Imágenes de la diversidad del mundo y del caos reorganizado, estas composiciones incluyen objetos con una misteriosa historia y resumen la macabra implicación de las obras del hombre con las de la naturaleza, tan popular en las colecciones del Renacimiento.

La enumeración de los elementos y su clasificación serían aún más extensas que las de Rabelais... Las prótesis y los maniquíes pelean con las grebas de las armaduras, las máscaras de ceremonia africanas con las máscaras de gas, las cabezas de caballos de madera con las de jabalí y con el cráneo de joven hipopótamo. La guerra es el brazo armado de la religión

Los crucifijos recuerdan que las guerras de religión que ocasionaron la batalla de Moncontour, a pocas leguas de ahí, no forman parte de un pasado tan lejano.

El 30 de junio de cada año, Raoul Marek invita a 150 ciudadanos de Oiron a un suntuoso almuerzo para rememorar los lazos históricos entre el pueblo y el castillo.

La mesa de banquete de la sala de armas del monumento se engalana con los cubiertos personalizados que se descuelgan para la ocasión. Cada cual debe reconocerse en el plato para encontrar su lugar.

El resto del año, el servicio de mesa decora las paredes del comedor formando un triple friso. Con objetos cotidianos, Marek inscribe a los ciudadanos de Oiron en una perspectiva temporal. Cada plato lleva la silueta del rostro de su propietario caracterizado en el pasado.

El vaso tiene grabadas las iniciales de la persona y fija el presente del nacimiento hasta la muerte. La servilleta lleva la huella de la mano izquierda, evocando el futuro.

Un testimonio del presente que, en cuanto se realiza, está condenado a convertirse en un documento histórico, en toda una memoria regional: una simbología capaz de enlazar con la posteridad.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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