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Mayor Oreja: "El 23F enseña que el actual proyecto de ruptura es un disparate"


El exministro del Interior y expresidente del PP vasco Jaime Mayor Oreja. El exministro del Interior y expresidente del PP vasco Jaime Mayor Oreja.

El exministro del Interior Jaime Mayor Oreja, uno de los 350 diputados secuestrados en el Congreso el 23F, piensa, cuando se cumple el 40 aniversario de aquellos hechos, que la principal enseñanza del golpe es que el actual "proyecto de ruptura" que promueven los independentistas es "un disparate".

Es más, en una entrevista con Efe alerta de que lo que pretendía la banda terrorista ETA está hoy "más presente que nunca" por este proceso secesionista que, según argumenta, arrancó con la entrevista mantenida en 2004 por el entonces presidente de ERC, Josep Lluís Carod Rovira, con dirigentes etarras en Perpiñán.

También sostiene Mayor Oreja, que en 1981 era diputado de la UCD, que la intentona golpista fue producto del "profundo malestar" que la "fuerza brutal" de ETA, con sus atentados, había generado en la sociedad española.

"Desde ese malestar se explica, que no se justifica, lo que sucedió en aquellos días", apostilla cuatro décadas después quien fue ministro del Interior con el Gobierno del PP entre 1996 y 2001.

PREGUNTA.- Este año se cumple el 40 aniversario del golpe de Estado del 23F. Usted estuvo aquel día en el hemiciclo. ¿Ha cambiado su recuerdo de aquellos hechos con el paso del tiempo? ¿Cómo evoca lo acontecido en el hemiciclo y todo lo que rodeó aquel episodio?

RESPUESTA.- Recuerdo unido a este acontecimiento otros dos indisociables: el 26 de junio de 1980, cuando yo era miembro del Parlamento Vasco, fuimos secuestrados por trabajadores de Nervacero en la Diputación Foral de Vizcaya, que era el lugar donde se alojó de manera provisional el Parlamento Vasco. Y el 4 de febrero de 1981, acompañando a los reyes en la Sala de Juntas de Guernica, fui testigo de cómo cargos electos de Herri Batasuna provocaron serios incidentes que tuvieron una respuesta ejemplar en el rey Juan Carlos.

Por último, obviamente, también recuerdo el secuestro del Parlamento español. Estando en mi asiento en el Congreso se produjo la irrupción del teniente coronel Tejero. Lo señalo porque el conjunto de los acontecimientos descritos forman parte de un todo que expresa las dificultades de aquellos años de plomo que sufrimos en plena Transición democrática.

De aquel día recuerdo precisamente la paradoja que sufrí habiendo visto, por un lado, a una izquierda radical que bajo el impulso de ETA nos secuestraba y provocaba incidentes y por otro, y en sentido opuesto, una minoría de guardias civiles secuestrando el Parlamento español. Para mí era una paradoja, una contradicción, derivada de la dificultad de aquellos años.

P.- ¿Le parece que la sociedad española de hoy -y sobre todo por parte de los más jóvenes- es consciente de la trascendencia que la intentona tuvo para la consolidación de la democracia en España? Cuarenta años después, ¿es su calidad deficiente, como apunta el vicepresidente Pablo Iglesias junto a las fuerzas independentistas?

R.- Lo que falta es un conocimiento y valoración de la difícil Transición democrática que vivimos. La falta de calidad democrática se fundamenta en la ignorancia del señor Pablo Iglesias sobre la trascendencia de la reforma y de la Transición que se llevó a cabo en España. Esto no es memoria democrática, no es memoria histórica, es simplemente la verdad de aquellos años sacudidos por ETA y sus seguidores, que algunos parecen olvidar.

P.- ¿Cuál es la mayor lección que, con la perspectiva del tiempo transcurrido, se puede extraer de lo ocurrido en el Congreso de los Diputados el 23F de 1981?

R.- La mayor lección de todos estos acontecimientos descritos radica en que es un disparate el proyecto de ruptura que algunos pretenden en estos momentos. Es un disparate.

Y, por otro lado, la lección de vida que me han dado estos acontecimientos es que debemos valorar como se merece el espíritu de la Transición, lo que costó llevarlo a efecto y que fue, sin duda, uno de los mayores aciertos en la historia de España.

P.- La reciente difusión de conversaciones mantenidas en una red social por un grupo de militares en la reserva ha reavivado el fantasma del golpismo en España. ¿Existe este riesgo en la España de 2021?

R.- El único riesgo que hoy tenemos en España es que la ruptura está ganando a la reforma. El riesgo que tenemos en España es esa disparatada España plurinacional. El mayor riesgo es que el proyecto de ETA, es decir, la ruptura, está más presente que nunca. El único golpe en España es el de Cataluña desde el acuerdo en Perpiñán en el año 2004, en el que ETA Y ERC iniciaron el proceso que hoy sufrimos.

P.- El aniversario da pie a hablar nuevamente de las incógnitas que aún persisten en torno al golpe. ¿Son tantas como sostienen algunos? ¿Se sabe, en lo fundamental, la verdad de lo acontecido?

R.- Aquel 23 de febrero fue un día triste para España y fue la consecuencia de un profundo malestar, una profunda inquietud, que producía en aquellos años de plomo la fuerza brutal de ETA. Desde ese malestar se explica, que no se justifica, lo que sucedió en aquellos días. Pero se conoce, en mi opinión, lo fundamental de la verdad de lo acontecido. A mí no me caben dudas al respecto y pienso que no hay más de lo que hoy sabemos.

P.- En este sentido, son recurrentes las sospechas lanzadas desde algunos ámbitos sobre el papel que desempeñó el rey Juan Carlos, ahora criticado por otros motivos. ¿Están, en su opinión, motivadas las dudas sobre su actitud en defensa de la Constitución?

R.- La actitud del rey Juan Carlos no solo fue ejemplar la noche del 23 de febrero, sino que también fue excepcional en lo que yo personalmente viví en la Sala de Juntas de Guernica el 4 de febrero de 1981, es decir, pocos días antes del 23 de febrero y que he mencionado con anterioridad.

En el primer viaje oficial de los reyes al País Vasco, la actitud del rey fue tan ejemplar como en los sucesos en el Congreso de los Diputados. No se pueden disociar ni separar ambos acontecimientos, como antes he dicho.

Acciones absolutamente condenables, al igual que el secuestro del Parlamento Vasco el 26 de junio del año anterior. Tan condenables son todos aquellos hechos como ejemplar fue la actitud del rey en Guernica y el 23 de febrero.