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Víctor Díaz Cardiel, veterano líder obrero: “A mis 85 años, jamás escuché decir que en España había un Gobierno social-comunista”


Víctor Díaz Cardiel en una imagen de archivo. Víctor Díaz Cardiel en una imagen de archivo.

Víctor Díaz Cardiel tiene 85 años. Es hoy uno de los dirigentes obreros comunistas de mayor veteranía y experiencia. Ya desde la infancia, sufrió en su familia el zarpazo de la represión franquista contra la clase obrera, violencia cruel y premeditadamente desplegada durante la Guerra Civil, y la posguerra, hasta la muerte del dictador. Pese a ello, Víctor adoptó el compromiso de asumir importantes responsabilidades políticas y sindicales, de acción y organización, para alzarse contra aquella impostura. Ya desde su mocedad, comenzó a militar en el Partido Comunista de España, la histórica organización política que cumple el próximo mes de abril un siglo de vida desde su fundación y que ha dado dirigentes obreros como él, vinculado asimismo a las Comisiones Obreras. Militancia dentro y fuera de las fábricas, detenciones, torturas, palizas, juicios, condenas…hasta 8 años de prisión le fueron arrebatados de vida de su familia y de la suya, dedicada a tiempo completo a la lucha por la conquista de las libertades democráticas y por los derechos de l@s trabajador@s. Y todo ello con el propósito de lograr para todos y todas condiciones existenciales, laborales y salariales dignas de los seres libres. En la culminación de su trayectoria, El Obrero ha conversado con él en Madrid.

Rafael Fraguas. ¿Qué persona o acontecimiento le influyó más a la hora de adoptar el compromiso político y qué edad tenía entonces?

Víctor Díaz Cardiel. La Guerra Civil las pasaron mis padres en Aranjuez donde mi padre estuvo destinado como guardia de seguridad de Caballería. Mi madre le siguió desde nuestro pueblo, Fuensalida (Toledo). Yo, que había nacido el 8 de agosto de 1935, les acompañé. Cuando regresamos desde Aranjuez a Fuensalida, en abril de 1939, nada más bajarnos del autocar, mi padre fue detenido y llevado a la cárcel local. Pasó allí nueve meses, yendo después a la cárcel de Torrijos, donde pasaría otros nueve meses. De Torrijos sería conducido a la de Talavera de la Reina, donde permanecería preso durante cuatro años, para proseguir encarcelado luego en la prisión madrileña de Porlier y luego en la de Alcalá de Henares. Le pedían pena de muerte. Yo había ido a verle a distintas prisiones.

Pregunta. ¿Qué recuerdos conserva de entonces?

Respuesta. El recuerdo que tengo de aquellas visitas, siendo un niño, no se me ha ido nunca de la cabeza: la cárcel de Talavera de la Reina estaba al lado de un rio y había una humedad increíble; la prisión de Alcalá era una enorme hilera de colchonetas aplastadas con yerbas, juntas unas con otras, desplegadas en galerías larguísimas… Mi padre salió de la cárcel en diciembre de 1945. En 1946, una hermana de mi madre, mi tía Elena, nos buscó una habitación para los tres, en Carabanchel Alto, un habitación con derecho a cocina.

P. ¿Sabía o imaginaba el futuro que le aguardaba? ¿Era consciente de la represión que se ejercía contra quienes, como Usted se oponía al franquismo, especialmente entre los y las comunistas?

R. Saber, saber por así decir, cuesta saberlo, pero el hecho decisivo fue ocurrido en noviembre de 1962, tras la detención de Julián Grimau, que desencadenó una importantísima movilización social y política en Europa. El asesinato de Julián, fusilado el 20 de abril de 1963, daba una idea de la represión que se ejercía contra quienes nos oponíamos al franquismo. La experiencia vivida en casa, es decir, los años de cárcel de mi propio padre, las detenciones que él tuvo cuando la Brigada Político Social (BPS) no pudo detenerme a mí mismo en 1962 y se lo llevó a él -que pagaría durísimamente en sus carnes con graves palizas-, eran elementos, por así decir, para imaginarse, para ser consciente de cómo se ejercía la represión contra uno.

P. ¿Cómo había sido su primera detención?

R. Fue en enero de 1956. Nos llevaron a mi padre y a mí por aquello de llamarnos los dos iguales, en nombre y apellido. La detención venía como consecuencia de la intervención, por parte de la policía política, de una carta, que desde París dirigió mi tío Pedro a su hermana, mi madre, en la que le explicaba los llamados sucesos de Hungría acecidos entonces. O sea, la BPS tenía intervenida la correspondencia que recibían mis padres.

La BPS se personó en la casa de mis padres, un día de enero de 1956, sobre las dos de la madrugada. Llamaron a la puerta, mi madre salió asustada, abrió la puerta y preguntó a la policía.

- ¿Por quién preguntan?

-Por Victoriano Díaz-Cardiel.

- ¿Por cuál de los dos pregunta, por mi marido o por mi hijo?

-¡Ah!, hay dos con el mismo nombre, pues entonces nos llevamos a los dos. Y así fue. En la Dirección General de Seguridad (DGS), en la Puerta del Sol, nos mantuvieron unas 24. Durante esas horas a mí, en particular, me golpearon, me tiraron fuertemente del pelo y de las orejas, diciéndome, que yo no iba a ser en la vida ni un joven comunista, ni nada de nada.

Cuando nos pusieron en libertad, de noche, tanto mi padre como a mí, este me fue contando lo que le habían hecho: recibió varias palizas, estaba desmejorado, cansado, de los palos que había recibido. Regresamos desde la Puerta del Sol hasta Carabanchel Alto caminando, una madrugada de enero en la que hacía un frío horroroso.

P. En medio de la lucha y de la adversidad ¿qué era lo que les movía a seguir luchando?

R. La libertad no es un eslogan político, ni propaganda; es algo muy importante, muy serio. Entrar a trabajar en una fábrica, en Madrid o en el resto de España, en los años 50, como yo entré ese mismo año, en enero, implicaba ser obligatoriamente sindicalizado -por supuesto, sin ser consultado-, en el Sindicato Vertical, no había otro. No había derecho de reunión, ni de asociación, ni libertad sindical ni libertad política. Esto, con todo, era una parte de la realidad. La otra parte era la situación derivada de las condiciones de trabajo: cuando las recuerdo, algunas de ellas, el pulso se me detiene para poder seguir respondiendo a este cuestionario: …los trenecillos que cogíamos miles de trabajadores en la estación de Atocha, que viajábamos en ellos hacinados, sin luces, sin calefacción, en los topes, de pie, por no pagar si no teníamos tarjetas expendidas por las distintas fábricas de la zona…

P. ¿Puede precisar cómo eran esas condiciones de trabajo?

R. En un mi caso concreto, desde Carabanchel Alto donde vivía, hasta Atocha, tenía que coger dos tranvías de ida y dos de vuelta varias horas del día hasta llegar o salir del trabajo. Recuerdo haber vivido en aquellas condiciones durante doce años en una fábrica dedicada a la construcción y reparación maquinaria ferroviaria, la empresa Euskalduna, filial de la de Bilbao donde estaba la central. En la fábrica, había numerosos trabajadores procedentes del campo. Las condiciones de trabajo en Euskalduna, tanto en la fragua como en el conjunto de los patios, en las naves, donde en los meses de julio y agosto, en verano, con 35º y 40º, como en diciembre y enero, en pleno invierno, resultaban francamente intolerables. En los comedores de la fábrica, en mesas grandes de mármol, nos hacinábamos hasta cincuenta, para estar junto a la estufa y el único plato disponible eran unos pocos boniatos cocidos…así durante años. Un aprendiz como yo ganaba 5 pesetas con 20 céntimos. La tarjeta del tren nos costaba 6 pesetas…era la miseria.

P. ¿Qué actitud adoptaban los y las comunistas como Usted para soportar la tortura, la persecución y la cárcel?

R. Contaré mi caso particular; fue el 4 de abril de 1965. Con mi mujer y mi hijo de ocho meses, Víctor Ángel, estaba en mi domicilio de la calle madrileña de José Barbastre, 22. Súbitamente, hicieron irrupción en mi casa seis miembros de la Brigada Político Social (BPS) tras romper la puerta de nuestra casa y entrar en ella como verdaderas fieras. Comenzaron a romperlo todo, tirando libros al suelo, cortando sillones y sillas, rajando el cochecito donde dormía nuestro hijo. Al ver todo aquello desde el suelo, boca abajo, esposado en la espalda, sentí un dolor infinito, una rabia aún mayor y pensé que resistiría, que podría soportar las torturas en aquella maldita Dirección General de Seguridad que me esperaba. La persecución, la propia cárcel, no la llevé tan mal. El inspector jefe que dirigió mi detención se llamaba Juan Gelabert. Y los inspectores que participaron, Francisco Sendín Campero, Félix Mínguez González, Carlos Rico García, Alfredo Romero y Carlos Evo.

P. ¿Cómo fue la detención?

R. Fue de madrugada cuando llamaron a la puerta, la aporrearon fuertemente, diciendo: -¡Abran, somos la Policía! Nosotros no les abrimos. Carmen, mi esposa entonces, tuvo una reacción, una actitud valiente, tranquila; hablamos unos momentos sobre lo que deberíamos hacer y fuimos a la ventana-balcón del comedor, del quinto piso en el que vivíamos y pensamos en atar unas sábanas y tratar de que yo huyera mientras la Policía no se percatara de la posibilidad de fuga por la parte trasera de la casa. Velozmente, calculamos los pros y los contras. Era bastante alta la distancia al suelo, había riesgos, por lo cual, desistimos de esa forma de fuga. Nos pareció arriesgado. Encendimos la cocina, entonces de carbón, y quemamos todo lo que nos pareció comprometido: direcciones, cartas, documentos. Fue entonces cuando abrimos la ventana de la cocina, que daba a un patio de tres edificios de la calle y alertamos a los vecinos dando palmadas y algunas voces: “¡¡La Policía detiene a un trabajador acusado de ser comunista!!”. Entonces llegaron los bomberos, a los que la Policía había avisado diciendo que trataban de detener a un ladrón y este había amenazado con tirarse por la ventana. Varios vecinos de los bloques cercanos de donde vivíamos nosotros, se asomaron por las ventanas a ver lo que ocurría. Al cabo de más o menos una hora, los policías nos dijeron que tenían la orden judicial de registro. Seguimos sin abrir la puerta. Entonces la tiraron, partiéndola en dos, la rompieron por la mitad; y así entraron en nuestra casa, como bestias furibundas. Estaban como locos, por el espectáculo que decían que les habíamos dado. Rajaron el colchón donde dormía nuestro bebé Víctor, los sillones del comedor, el colchón de nuestra cama, tiraron todo, diciendo que estábamos quemando todas las pruebas. Llamaron al sereno, que les había abierto la puerta del portal, a los vecinos de enfrente, la señora Justa, señora e hija, como testigos. No, no les había gustado nada, claro está, el que hubiéramos alertado a los vecinos. Me bajaron las escaleras, cinco pisos, dándome todo tipo de golpes, bofetones… también me quitaron los cordones de los zapatos, porque pensaban que, a lo mejor, me querría suicidar…Mientras yo pensaba en cómo quedarían Carmen y nuestro hijo de ocho meses.

P. ¿Qué sucedió luego?

R. Me metieron en un coche y me llevaron a la Puerta del Sol, donde se hallaba la Dirección General de Seguridad, DGS. Cuando llegué allí, empezó “el baile”, llamémosle así. Después de sacarme cuantas cosas que llevaba en los bolsillos, de tomarme las huellas y hacerme unas fotografías en una silla giratoria que parecía la silla de la tortura preludio de lo que me esperaba, me dejaron en una celda del sótano, de la cual me sacaron-subieron, por unas escalinatas a un despacho varios individuos. Y allí empezó el interrogatorio.

P. ¿Cómo se desarrolló el interrogatorio?

R. El comisario Sáiz Aujerón, un policía fuerte, alto, me dijo.

-Tú eres joven y fuerte: ¿por qué no nos pegamos tú y yo?

Empezó, claro está, él. Durante un tiempo, fui sometido a la botella borracha, consistente en que te dejan en medio de un grupo, o círculo de personas, (5 ó 6 o más, según) y todos ellos se someten, se dedican a darte puñetazos, patadas, empujones…. Y vuelta a empezar. Entonces uno de ellos te vuelve a decir. “Tú eres fuerte y joven, ¿porqué no te pegas conmigo?” Y así toda una ronda represiva que termina haciéndote perder el sentido… hasta que te devuelven a la celda y vuelta a empezar tras la recuperación. Otras sesiones consisten en un bajar y subir del despacho a la celda, de la celda al despacho, sin tiempo alguno para respirar… Otra más consistía en ponerte las esposas, en cuclillas, para que se te clavaran en las muñecas y te hicieran sufrir un dolor increíble, agudo, nervioso, fuerte, irresistible. Recuerdo que me decían: - “¿Así, que tú eres el secretario de Julián Grimau y también te creerás que no se tiró por esa ventana?” me decía aquel policía apellidado Saiz, señalándome la ventana que estaba en un lado del despacho en el que me torturaron. - “Tú, creerás que lo tiramos nosotros…”, me decían. Fueron tres largos y horribles días los que me retuvieron en la DGS y después me trasladaron a las Salesas (sede de los Juzgados) donde, a veces, te hacían el expediente; de allí pasé a Carabanchel, prisión provincial de Madrid. Recuerdo que las cosas que me dijeron que iban a hacer con Carmen, mi compañera, fueron horribles, insultantes.

P. Julián Grimau, ¿cómo fue su detención y muerte? Antes de ser apresado por la policía política franquista, fue delatado. El individuo que lo delató ¿trabajaba o no para la CIA como después se dijo?

R. Respondiendo a esta pregunta me permitiré que le adjunte una participación que en su día, me pidieron desde Mundo Obrero, y en la que hacía, entre otras, unas consideraciones respecto al libro “Julián Grimau, el último muerto de la Guerra Civil”, de Pedro Carvajal. Fernando Jáuregui y Pedro Vega, en otro libro, también comentan donde había estado Julián antes de su detención. Personalmente, en estos momentos, ni encuentro un recuerdo con claridad de la persona, el nombre del autor material que entregó a Julián a la BPS. Si hubo un delator que trabajaba para la CIA, me resulta difícil añadir nada sobre esto.

P. ¿Cuándo algún militante flaqueaba o se quebraba, que actitud adoptaba el Partido con respecto a él?

R. Francamente a lo largo de los años de prisión, estando en la cárcel de Carabanchel no recuerdo, más que un solo caso de confusión entre unos detenidos en Madrid, que se acusaban unos a otros de haber “facilitado” una detención; el que se había quebrado, pasó poco tiempo en Carabanchel, los que estábamos allí, y lo vimos, no adoptamos ninguna medida al respecto. En las prisiones centrales, o sea, en mis estancias en Soria, nunca se nos presentó caso alguno que pudiera llevar a adoptar ningún tipo de medida.

P: ¿Qué principales inconvenientes y ventajas, si es que presentaba alguna, planteaba la lucha clandestina?

R. Inconvenientes, todos, ventajas, ninguna. Durante la dictadura, el Partido Comunista de España era ilegal. En el mismo momento en que haces algo práctico, pasas a estar en la ilegalidad de la clandestinidad: cuando te reúnes en un grupo, siquiera de tres personas, para hablar de política en general, para preparar un boicot a los tranvías o ir a una concentración contra la carestía de vida… Si se convoca una huelga, en una fábrica, en unas oficinas, en un hospital, entonces, te detienen, pasas por la invasión arbitraria de tu domicilio, acabas en la DGS, te abren expediente y te llevan a juicio para pedirte, por ejemplo, 18 años de prisión. Otro aspecto de la clandestinidad, es que tienes que hacer una vida “aislada” de toda la familia, de los amigos o compañeros de trabajo; si esto no lo llevas a rajatabla, pues ocurre que si cometes un desliz, lo pagas, y de qué manera. El caso es que yo cometí un desliz y el error me costó el paso por la DGS, los juzgados de las Salesas y 7 años, 3 meses y 25 días seguidos en cárceles provinciales y penales como Soria y Segovia. Con otras tres causas llegué a permanecer ocho años menos unos días de prisión.

P. ¿Cuáles fueron los hechos más gozosos y los más dolorosos de su vida como militante y dirigente comunista?

R. Los hechos más dolorosos, sin duda alguna, fueron el fusilamiento de Julián Grimau, el 20 de abril de 1963, así como el vil asesinato de los camaradas del despacho de abogados de la calle de Atocha, 55, el 24 de enero de 1977. Todo ello fue dolorosísimo. En mi memoria estarán para siempre, los camaradas del despacho de Atocha asesinados: Javier Sauquillo, Serafín Holgado, Enrique Valdelvira, Luis Benavides y Ángel Rodríguez. Y también, Lola, Miguel y Luis… y Alejandro, gravemente heridos. En cuanto al episodio más gozoso, fue cuando Carmen, mi primera esposa y yo contrajimos matrimonio en enero de 1963, el día 17. Era un día gélido de invierno, pero íbamos a casarnos de manera “ilegal”; por aquello de que los padres de Carmen no entendían que la boda no fuera por la iglesia ni que el contrato matrimonial no se hiciera en el templo del barrio, ni que mi situación lo impidiera. Como había que sustanciarlo, eso fue lo que hizo positivamente un buen amigo y camarada que habló con el sacerdote de una iglesia próxima a la Gran Vía, y a eso de las 09:00 de la mañana allí, en la iglesia, nos presentamos Carmen y yo para contraer matrimonio ¡que gozada! Gozosa también fue, sin duda, aquella primera huelga en una fábrica importante del metal en 1962. Además, la enorme alegría de aquel Sábado Santo Rojo, el conocer públicamente lo que fue, lo que significó la legalización del PCE, la legalización de los partidos políticos en España, al fin: la Libertad. Todo se hunde en la niebla del olvido, dice el poeta. Pero cuando la niebla se despeja, el olvido está lleno de memoria.

P. ¿Cuál fue el más importante movimiento huelguístico de todos aquellos años?

R. A partir del 7 de enero de 1977, los trabajadores madrileños, desarrollaron el mejor y más importante de los movimientos huelguísticos conocido en Madrid. Aproximadamente medio millón de trabajadores fueron a la huelga; ellos fueron los verdaderos protagonistas del mayor movimiento social y democrático desarrollado por la libertad y en defensa de sus intereses y de condiciones dignas de trabajo y salario. La Junta Democrática y la Plataforma Democrática se solidarizaron con las huelgas y las movilizaciones. La semana del 11 al 18 de enero de 1976, fue sencillamente extraordinaria por los niveles de movilización alcanzados: el paro de los trabajadores del Metro madrileño, la huelga llevada a cabo en este vital medio de transporte público, fue decisiva para el desarrollo de la lucha del movimiento obrero madrileño; pero, al tiempo, lo sería para dar un impulso importante a la situación política. Es fundamental retener que el papel de los militantes comunistas y del sindicato CCOO, madrileños. con esta impresionante actividad, mostraron no ser ni estar “aparte” de sus compañeros de trabajo. En ello está lo verdaderamente destacable de aquellos momentos, de tales circunstancias.

P. ¿Qué papel desempeñó el PCE y de Comisiones Obreras en aquel movimiento?

R. No hubo ni una sola huelga en cualquier centro de trabajo del metal, de la construcción, del transporte público y privado Metro, EMT, Iberia, camionetas de viajeros a los pueblos de la periferia, en Banca, Seguros, Textil, Artes Gráficas…, en la que los militantes del PCE no desarrollaran un papel básico a favor de las libertades y por los intereses salariales, de nivel de vida, de todos los trabajadores y trabajadoras. La iniciativa, el entusiasmo de la militancia en la acción, tanto en las huelgas como en las concentraciones y manifestaciones, en todo tipo de movilizaciones ciudadanas, aquel esfuerzo consiguió la libertad, para todos y todas.

La legalización, de hecho, que no de derecho, del PCE la estábamos ganando a pulso, en medio de la adversidad de una cadena de secuestros, asesinatos, y graves intentos desestabilizadores como el de los asesinatos del despacho de Atocha 24 de enero de 1977 y de la dura represión.

P. ¿Cuál era el contexto político entonces?

R. Tras un discurso de Arias Navarro, jefe del Gobierno de esa época, en el que había anunciado el llamado “espíritu del 12 de febrero”, la dirección del PCE, junto a la dirección del PCE madrileño, convocaron una rueda de Prensa en un hotel, que resultó multitudinaria. Fue noticia y titular de editoriales en todos los medios de comunicación. Los sucesos de Vitoria, a primeros de marzo de 1976, el asesinato allí de cinco trabajadores cuando se celebraba una asamblea laboral, contribuyó al cese de Arias Navarro. Aquel mismo mes de marzo, el día 19, en concreto, que era festivo, desde la dirección del Partido Comunista en Madrid decidimos celebrar una amplia asamblea de militantes, en la que, por primera vez en España, desde la Guerra Civil, intervendría el Secretario General del PCE: Santiago Carrillo. En la asamblea participaron unas 180 personas y la celebramos en una fábrica de muebles situada entre los términos municipales de Móstoles y Villaviciosa de Odón. La reunión fue preparada con máxima precisión, la visita de Santiago Carrillo a la misma tenía un auténtico interés. Se iba a encontrar en su salsa, con lo más granado de la militancia comunista en Madrid. No se podía fallar ni en la preparación ni en la celebración; y no se falló en nada. Estábamos comprometidos en lograr la legalización de nuestro partido, para la conquista de la libertad y la democracia. En la reunión, que iba a debatir sobre la situación política, se trataba de mostrar la importante movilización del Movimiento Obrero, a la vez que impulsar un movimiento asociativo generalizado para lo cual asistieron militantes de todas las organizaciones del Partido.

P. ¿Quiénes acudieron a la asamblea?

R. Estaban presentes los militantes del PCE que más se habían destacado y habían influido en mayor medida en las huelgas del transporte público del Metal, sobre todo los polígonos industriales, de Getafe, Villaverde, Corredor del Henares, Méndez Álvaro…., de la Construcción y las Comunicaciones; de Banca, Seguros, Textil y Artes Gráficas; más del Agua y Electricidad; de la Administración Pública y de la Cultura y el Arte, del Cine y el Teatro, de Profesionales y Técnicos, del Movimiento Asociativo (Asociaciones de vecinos y de Padres; así como de Abogados, Médicos…, etc. No hubo ovaciones, se siguió con los informes y el debate, Santiago Carrillo hablaría brevemente.

P. ¿Cómo fueron los preparativos de aquel evento?

R. Antes, los días 12 y 13 de febrero de 1976 habíamos llevado a cabo unas jornadas sobre la mujer trabajadora, que permitieron dar un verdadero impulso a la conferencia del PCE acerca de la liberación de la mujer que el tiempo pasaría a impulsar el Movimiento Democrático de Mujeres. También entre el 14 y 20 de junio de 1976, se llevaría a cabo una Semana ciudadana, en la que los presidentes de Asociaciones Vecinales, Antonio Villanueva y Julián Rebolllo, jugarían un destacable papel en el impulso de este importante movimiento. Además, durante esa semana, se llevó a cabo la gran concentración de la calle Preciados, (“inmortalizada” por una fotografía de César Lucas en El País, con un niño en primer plano sobre los hombros de su padre) así como una manifestación en Moratalaz contra la subida del pan; la consolidación de las Asociaciones de Vecinos, las Asociaciones de Padres… todo estaba en marcha. El acierto de aquellas movilizaciones se expresaba en la gran extensión con la que los comunistas madrileños habían logrado penetrar en el tejido social. Algunos de los hombres y mujeres del PSOE de esos momentos, que ocupan hoy relevantes papeles en la política europea, empezaron a destacar a algunos de sus miembros a los distritos para incorporarse a la lucha y a la actividad del movimiento asociativo. Estábamos ganando a pulso la conquista de la libertad, el logro de las ansiadas libertades democráticas.

P. ¿Cómo se desarrollaron los siguientes pasos?

R. En septiembre de 1976, a la vuelta de la celebración del Pleno ampliado del Comité Central del PCE celebrado en Roma en julio, dimos a conocer públicamente la territorialización de las organizaciones; informamos de la composición de la dirección del Partido en Madrid con nombres y apellidos en aplicación de la política de salir a la superficie. Ese fue un momento estelar, por así decir, de las actividad de las/os comunistas madrileños. En ese momento, el verdadero objetivo era, por encima de todo, la legalización del PCE. Ponerlo todo, apostarlo todo por la legalización, hasta el extremo de llegar a reconocer la bandera, la monarquía, etc… Visto lo ocurrido a las alturas del 2007, no fue lo más acertado. Se puede seguir opinando, tal y como hace Santiago Carrillo en el libro El año de la peluca y otros comentario acerca de que el PCE ya se había pronunciado en 1942 por una España Democrática, que el tema no era Monarquía o República, etc… pero lo cierto, es lo cierto: la verdadera fuerza del PCE, lo que le daba prestigio, era, por encima de todo, su capacidad de movilización. El PCE al aceptar la bandera y la Monarquía, no hicimos otra cosa, por decirlo así, que hacernos el harakiri.

P. La importancia de Santiago Carrillo como líder del PCE ¿en qué medida y en qué épocas benefició o perjudicó al Partido Comunista de España?

R. Ahí está la vida política de Santiago Carrillo, que ha sido larga, larguísima, e intensa, intensísima: ingresó en las Juventudes Socialistas y no tardó en ser Secretario general. Participó en la insurrección de Asturias en 1934, a los 19-20 años. Fue encarcelado y salió en libertad con el triunfo del Frente Popular. Participó en las negociaciones para la unificación de las Juventudes Socialistas y las Juventudes Comunistas, que dieron lugar a las Juventudes Socialistas Unificadas. Bien joven, por cierto, tras el golpe militar fascista de julio de 1936, fue miembro de la Junta de Defensa de Madrid como responsable de Orden Público. Santiago Carrillo, tuvo un papel destacado en la transformación de la lucha-acción por la lucha-sindical del movimiento obrero. Lanzó la idea de la Reconciliación Nacional, que pudiera superar los enfrentamientos de la guerra en dos trincheras, de la batalla-lucha de trincheras.

P. Históricamente, ¿cómo había surgido la separación entre socialistas y comunistas?

R. Desde una perspectiva histórica hay que recordar que la agitación social mundialmente extendida impactó en la Revolución Rusa y en la toma del poder por los bolcheviques. Las Juventudes Socialistas se habían constituido en 1920. Dentro del PSOE se prefirió esperar a la convocatoria del Congreso Extraordinario de abril de 1921 para decidir sobre la aceptación -o no- de las veintiuna condiciones de adhesión impuestas por el Komitern, la Internacional Comunista. Cuando el cónclave se clausuró con la derrota de sus tesis por 8.808 votos contra 6.025, la minoría “tercerista” decidió escindirse y fundar el Partido Comunista Obrero Español (PCOE); un año después y por orden de la Internacional, ambos grupos se fusionaron para crear el partido Comunista de España (PCE). El pulso entre socialistas y comunistas, es, ha sido una constante histórica. Para el próximo mes de abril de 2021 se van a cumplir 100 años del nacimiento, del PCE. Las realidades políticas, las distintas circunstancias del PSOE, y del PCE, con Gobiernos de Felipe González a lo largo de más de una década, y ahora, en nuestros más recientes tiempos son, en la práctica concreta, exponentes de esas discrepancias. En relación al llamado Régimen del 78, no se puede olvidar que trajo a nuestro país, a España, las libertades políticas, constreñidas, puede que sí, pero ciertamente, libertades políticas. A mis 85 años, jamás había oído decir que en España había un Gobierno de coalición social-comunista. Eso era cosa de otros países de Europa, de Italia, de Francia, pero ¿de España?, vivir para ver. Por cierto, el Parlamento español ¿cuándo va a condenar la Dictadura Fascista franquista del general Franco, Caudillo de España-bajo palio? Pasan los años y estas cosas, como una única dictadura militar de este calibre sigue sin ser condenada. Conocer la historia de nuestro país tal y como ha sido desde 1931 no es, no resulta una tarea fácil.

P. Para que un partido comunista funcione tan bien como lo hizo el PCE en la clandestinidad ¿cuál es la condición decisiva: la militancia, la organización, la moral de lucha, la doctrina, la disciplina… todas ellas u otras?

R. Antes de seguir, gracias por la opinión acerca del buen funcionamiento del PCE en la clandestinidad. La verdad, lo cierto es que, a lo largo de los años de la dictadura, puede hacerse un extenso comentario acerca de lo que fueron las primeras y durísimas condiciones de este periodo, por ejemplo 1939-1950; o de otros más próximos, los que yo viví más directamente, 1960-1976. Respecto a las condiciones decisivas, estoy con su afirmación… eran todas ellas.

P. ¿Qué peso ha de tener la teoría respecto de la práctica política?

R. Buscar la verdad en la mera teoría es pura Escolástica. La única verdad, se encuentra en la práctica. El ejemplo más claro, según mi opinión, sobre el peso de la teoría, el que tiene que tener ésta sobre la práctica, está en la Revolución de Octubre de 1917.

P. ¿Qué cuota de su contribución política de la conquista de las libertades en España debe el apoyo de su compañera y el de tu familia?

R. Pues es difícil del todo hablar de cuota en el caso de Marita. Ha sido, ha contribuido, a lo largo de ni más ni menos que 30 años a mantenerme coherente con mis raíces, que son las suyas por cierto, y en las consecuencias prácticas de quienes saben, sienten, que sin libertades políticas, no se puede ser feliz. Hemos sido y somos, por así decir, dos en uno. A lo largo de estos años, hemos participado juntos en las diferentes organizaciones políticas, PCE, IU. Hemos estado en las diferentes movilizaciones y concentraciones sociales, políticas, de solidaridad con todos los pueblos oprimidos, como el del el Sahara; en actos de solidaridad con Cuba, Nicaragua, u otros sobre la cárcel de Carabanchel, así como en infinidad de asambleas…, y así hemos ido contribuyendo a fortalecer la convicción de que las libertades son y sean sagradas.