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La movilidad es una cuestión de justicia social, no de libertad individual

  • Escrito por Greenpeace España
  • Publicado en Planeta

Toda la vida nos han vendido que la movilidad era una cuestión de libertad individual y estatus social. Y no es así. Si miramos cómo nos movemos, quién lo hace y con qué frecuencia, veremos el reflejo de unas elecciones vitales que no siempre consideran todas las consecuencias. Si algo nos ha recordado la pandemia es que las cosas pueden cambiar muy rápido, y tenemos una oportunidad única para hacer nuestra sociedad y nuestra movilidad más resiliente.

Como sociedad hemos considerado la movilidad como un aspecto individual y vinculado a la libertad y el estatus social, y todo gracias a la industria del automóvil, del petróleo y a su marketing. Y también a algunos políticos por pensar y vivir de esa forma.

Pero vamos a preguntarnos… ¿Dónde está la libertad cuando dependemos de un coche contaminante para acceder a los servicios que nos quedan lejos? ¿Dónde está cuando nuestros peques no pueden jugar en la calle o ir andando al cole porque es peligroso? ¿O cuando crecen respirando aire tóxico por la contaminación del tráfico? ¿Qué identidad personal hay cuando nos compramos todos el mismo SUV y vamos a la misma gasolinera, enriqueciendo a las empresas que más contaminan? ¿Por qué nuestras vacaciones dependen de una industria aeronáutica que no respeta el clima, ni a la sociedad ni a su personal? ¿Acaso el “estatus social” consiste en que cuando más dinero ganemos, más capacidad de movernos perjudicando al planeta, nuestro bien común más esencial?

Hasta que llegó la pandemia, estábamos consumiendo más que nunca. Y los nuevos patrones de movilidad juegan un gran papel a la hora de causar estragos al planeta. Pero no todos nos movemos igual. Quienes tienen más poder adquisitivo se desplazan mucho más, impactando negativamente en el clima de forma desproporcionada. El resultado puede parecernos el mismo para todos, pero las consecuencias no las pagamos igual. El cambio climático y la contaminación del aire atacan más a los más vulnerables. Un cambio climático alimentado por los tubos de escape. Una contaminación que causa enfermedades y muertes prematuras, accidentes de tráfico que hieren y matan a miles de personas, barrios divididos por autopistas, y entornos naturales enterrados bajo hormigón, recalentando nuestras ciudades por la falta de zonas verdes y terreno natural.

No queremos que cambies solo tú, ¡queremos cambiar el sistema!

Desde 2017, Greenpeace ha liderado una activa campaña de movilidad y contaminación, con multitud de debates sobre este tema. Pero al final, nuestro transporte es más que cada uno de nosotros… es sobre todos nosotros. No basta con un cambio individual, necesitamos reinventar el sistema para hacerlo más resiliente y adaptarnos a la realidad del cambio climático.

Queremos cielos limpios y un aire respirable. Ciudades y pueblos donde los niños y niñas puedan jugar, con calles donde se pueda andar o ir en bicicleta. Queremos espacios verdes (también en las calles) que nos ayuden frente a las olas de calor y nos refresquen física y mentalmente. Queremos que las personas sean autosuficientes y puedan acceder a todos los servicios (al trabajo, a la escuela, a comprar o al parque) andando, en bicicleta o en transporte público, sin tener que depender del coche.

Seguiremos teniendo coches para cuando sea imprescindible, pero los que hayan han de ser eléctricos, más eficientes y menos contaminantes, y de un tamaño y potencia razonables (¡basta de SUV enormes!). Para viajar necesitamos más trenes y que resulten más asequibles que el coche o el avión. La movilidad es un servicio público, no un negocio, y debe servir de forma razonable, sostenible y equitativa para toda la sociedad. Y esto va más allá de la movilidad, puesto que alcanza el modelo social, el espacio público, nuestra relación con el tiempo y lo que entendemos como progreso.

Es hora de reconocer que la movilidad consiste en un tema de autonomía personal y cohesión social. Si no, todo lo demás es puro greenwashing.

Texto escrito por Elodie Mertz, responsable de la campaña de transporte en Greenpeace Bélgica y del informe “Transforma el Transporte” elaborado por el equipo europeo de Clean Transport Now.