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Rastreadores: "Detectar un brote no es malo, el hándicap es dejarte contactos"

Vista de los trabajadores del grupo multidisciplinar de rastreadores este domingo en Logroño. EFE/Raquel Manzanares Vista de los trabajadores del grupo multidisciplinar de rastreadores este domingo en Logroño. EFE/Raquel Manzanares

En esta fase de la pandemia las autoridades sanitarias apelan a la responsabilidad personal frente a la COVID y, tras los contagios, fían a los rastreadores la misión de desenredar la tela de araña que suponen los contactos, una labor en la que la principal vulnerabilidad es dejarse fuera alguno.

Este fin de semana, al darse un importante aumento de positivos, con nuevos infectados en una residencia, el consejero de Sanidad, Miguel Rodríguez, lanzó un mensaje claro: se ha detectado un patrón de contagio que revela que el número de casos primarios se da fundamentalmente entre personas jóvenes, y se produce una transmisión secundaria en los núcleos familiares o en el entorno más cercano.

De ahí la importancia de reaccionar con rapidez y hacer un seguimiento "exhaustivo" de los casos y sus contactos, y también de actuar con un marcado carácter preventivo. Juega un papel clave la persuasión, para explicar a la gente por qué ha de guardar una cuarentena y que, al final, "es por el bien común" porque esta lucha es de todos.

Efe ha hablado con dos rastreadores, Esther Benavente y Jaime Pardo, que han sido contratados hace alrededor de dos meses por la Consejería de Sanidad de Cantabria y que forman parte del equipo que en esta comunidad está haciendo el seguimiento de los contagiados y sus contactos.

Detectar un brote, según señalan, no es negativo, sino que significa que el sistema funciona. Las alarmas deben saltar, señala Esther, cuando examinando los casos positivos que se registran en un día no hay relación con los ya controlados anteriormente. Y lo peligroso y el mayor hándicap o vulnerabilidad del sistema es dejarte fuera algún contacto, destaca Jaime.

Por eso es tan importante que la gente haga memoria y sea sincera cuando los rastreadores llaman por teléfono a la hora de detallar con quién ha pasado tiempo en los tres días previos al positivo en coronavirus. La reacción a esa llamada suele ir de la sorpresa a la incredulidad, a veces llegando al susto, pero en general el que está al otro lado del teléfono es "comprensivo" y "colaborativo".

Esther explica que muchas veces la gente ya se espera esa comunicación porque cuando quien ha dado positivo por COVID es alguien de su entorno más cercano ya se lo ha avisado. "Al decirles que han estado en contacto con un positivo comentan por ejemplo 'sí ya me ha dicho mi primo', porque ha corrido la voz en la familia", manifiesta.

El trabajo del rastreador es recabar de esa persona que ha dado positivo sus contactos en los tres días previos al resultado de la PCR, y a partir de ahí empezar a llamar y citarles para la prueba. Por definición, un contacto estrecho es todo aquel que ha estado a menos de 2 metros y más de 15 minutos con un positivo, independientemente de si ha llevado o no puesta la mascarilla.

Los rastreadores informan a los positivos y a los contactos de los protocolos y recomendaciones sanitarias y se hace un seguimiento en la cuarentena durante aproximadamente diez días. Y otra parte de su tarea es responder consultas y dudas que llegan al departamento de Salud Pública por correo o redes sociales y que mandan particulares, asociaciones, colectivos y entidades o empresas.

DESENREDAR LA TELA DE ARAÑA

La jornada de trabajo de los rastreadores no siempre es igual. Los días en los que se han registrado muchos positivos es un no parar, sobre todo si los nuevos casos que salen han tenido una vida social muy activa. "Hay días que no nos da la vida más que para hacer el rastreo puro y duro de contactos cuando han salido muchos casos o cuando esos casos se complican.

Hay gente que igual los tres días previos da la casualidad de que no ha trabajado y ha salido poco, pero a lo mejor se trata de una persona que ha tenido dos cenas con familia y además ha ido a trabajar y se ha juntado con no sé quién. Y la tela de araña que se te forma es muy grande y eso lleva muchísimo tiempo", cuenta Esther.

A la gente que es contacto o positivo y que está en cuarentena se la suele llamar cada dos o tres días, para ver cómo está cumpliendo, preguntar qué tal están, si hay síntomas y resolver dudas. Esther comenta que hay personas a las que les cuesta entender que tengan que estar en cuarentena si han dado negativo, y toca explicar que el virus puede tardar tres días en incubarse.

Aunque tanto ella como su compañero Jaime aseguran que la gente en general es responsable, ha habido a quien le han pillado conduciendo pese a que en teoría estaba en cuarentena, o en medio de ruidos que denotaban que para nada estaba aislado.

Estos rastreadores creen que es normal que surjan casos y brotes, porque en la nueva normalidad la gente sale y tiene más contacto. Sí que es cierto que se está notando un aumento de casos, pero no todo se circunscribe a la gente joven y el ocio nocturno, advierte Esther, que destaca que no le gustaría que se "demonizase" al colectivo juvenil. Jaime insiste en que frenar los contagios "está en manos de la gente" si se cumplen las normas sanitarias y pide aumentar la labor de concienciación. EFE.