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El confinamiento es más efectivo en países donde los ancianos viven más solos

El confinamiento no resulta tan efectivo en los países donde las personas mayores conviven dentro del mismo hogar con jóvenes como en los países donde viven solos o con su pareja, según un estudio hecho con el censo de 81 países por el Centro de Estudios Demográficos (CED) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Los investigadores del CED-UAB Albert Esteve, Iñaki Permanyer, Diederik Boertien, con la colaboración de James W. Vaupel, de la Universidad del Sur de Dinamarca, han explotado datos de censos de población de 81 países del mundo para estimar el papel potencial de los hogares en la transmisión de la Covid-19 y sus efectos en la mortalidad.

El estudio, que ha publicado la revista Proceeding of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), muestra que las pautas de corresidencia de ancianos son determinantes para estimar su grado de vulnerabilidad.

Dada la letalidad de la enfermedad entre los mayores, el estudio muestra que las pautas de corresidencia de ancianos son determinantes para estimar su grado de vulnerabilidad y concluye que confinar a los ancianos en sus hogares en países donde mayoritariamente viven solos o con sus parejas de la misma edad puede ser una estrategia efectiva.

Por el contrario, esta misma estrategia resultaría menos efectiva en aquellos países donde los mayores conviven dentro del mismo hogar con personas más jóvenes. El estudio resalta que los patrones de corresidencia de ancianos en África y partes de Asia aumentan la vulnerabilidad de estos países a las muertes inducidas por la transmisión de Covid-19 en el hogar.

También destaca que los países del sur de Europa, que tienen poblaciones envejecidas y niveles relativamente altos de corresidencia intergeneracional, son los más vulnerables a los brotes de Covid-19.

Según los investigadores, prevenir las infecciones primarias entre personas mayores mayor es más eficaz en países con hogares pequeños y poca corresidencia intergeneracional, como Francia, mientras que confinar grupos de edad más jóvenes puede tener un impacto mayor en países con hogares grandes e intergeneracionales, como Bangladesh.

Los investigadores argumentan que a la hora de tomar medidas para mitigar los efectos adversos de la Covid-19, epidemiólogos y políticos deberían tener en cuenta como la estructura por edades y los patrones de corresidencia condicionan la vulnerabilidad de las poblaciones ante la enfermedad.

Los demógrafos también recomiendan que, más allá de la edad, las estrategias de desconfinamiento y los modelos epidemiológicos deberían incorporar con más intensidad datos demográficos y de hogares para evitar, especialmente, la transmisión de la enfermedad a personas mayores.

"Aspectos como la densidad fuera y dentro de los hogares deberían ser estudiados también", según los investigadores. Los mismos investigadores publicaron hace dos meses un estudio en la revista 'Perspectivas Demográficas' vaciando los datos de España, donde ya observaban como la vulnerabilidad de las provincias españolas en la Covid-19 venía dada por la mayor o menor proporción de personas jóvenes y mayores y por las pautas de corresidencia de estas.

Aquel estudio ya revelaba cómo la estructura demográfica (la mayor o menor proporción de personas jóvenes y mayores) y las pautas co-residencia de la población (el tamaño y estructura por edad de los hogares) condicionaban la vulnerabilidad de las provincias españolas a la Covid-19.

Según los investigadores, ambos factores resultarían determinantes para entender la mortalidad diferencial que podría darse entre provincias ante un mismo porcentaje de personas contagiadas.

Por su estructura de población, las provincias más envejecidas de España (Zamora, Lugo, Ourense, Salamanca) tendrían el doble de mortalidad por 100.000 habitantes que las más jóvenes (Ceuta y Melilla, Almería, Las Palmas), mientras que Madrid y Barcelona presentarían valores similares. EFE.