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El anciano que en el aislamiento no deja de tocar el saxo en su "ovnipuerto"

  • Escrito por Lorena Rodríguez de la Torre
  • Publicado en Crónicas
Lucio Ballesteros, de 89 años, posa ante la nave espacial creada por él en la pequeña aldea de Montoedo, A Teixeira (Ourense). EFE/ Brais Lorenzo Lucio Ballesteros, de 89 años, posa ante la nave espacial creada por él en la pequeña aldea de Montoedo, A Teixeira (Ourense). EFE/ Brais Lorenzo

En Ourense está Montoedo, una pequeña aldea de la Ribeira Sacra, Allí vive Lucio Ballesteros, jubilado de 89 años. Músico, escritor, creador de una suerte de nave espacial y protagonista de un documental. Es un anciano que, con encierro o sin él, va al bautizado como "ovnipuerto" con su saxo.

En su complejo casi "hermético", más propio de una película de ciencia ficción y al que han puesto nombre los vecinos de aldeas aledañas, respira tranquilidad. Su creador no da la mano y mantiene la distancia social. Sabe que es población de riesgo pero encara la crisis sanitaria como todo en la vida, con un calculado pragmatismo.

"No pienso en ese patógeno. Si yo no me meto con él, él no se va a meter conmigo", dice a Efe este hombre, que escribe, y muchísimo. También de pandemias. Lo que peor lleva del enclaustramiento, sin querer frivolizar, pues es una cuestión suya personal, es el tener que cocinar. No le gusta mucho, reconoce.

La historia de Lucio Ballesteros comenzó a gestarse en los años sesenta cuando empezó su carrera como técnico electrónico. Ingresó por oposición en TVE, en Barcelona, en 1965. Después cambió la ciudad condal por el sur, Mijas, donde pasó 22 años, antes de recalar en Galicia "por amor", como él mismo confiesa.

La idea de construir la máquina que luce en su jardín no la puso en marcha hasta establecerse en Montoedo, parroquia del ayuntamiento de A Teixeira, una vez retirado del oficio. En total, dedicó "dos años y medio" a montar la cúpula, que califica de "única en el mundo".

Su sueño ahora pasa por acabarla, pues la construcción no es un deseo de adulto, menos para un soñador empedernido: "La tengo en mi cabeza desde niño, así que imaginen, la he pilotado cientos de veces en mi mente", relata. Y, sin dudarlo, convida a lo onírico: "Para entrar en mi mundo, hay que hacerlo con la mente en blanco".

Y, en esas circunstancias, dejarse llevar. En su biblioteca particular acumula más de cien vídeos, con 41 temas científicos, libros, y sus "inventos", pues no solo cuenta con uno, aunque el que acapare todas las miradas y flashes sea de manera permanente el de mayores dimensiones.

La nave que está ubicada delante de su casa, de aluminio y metacrilato, consta de veinte metros de diámetro y lleva 64 radios intercambiables. Está preparada, detalla Ballesteros, para funcionar con la ayuda de dos placas solares de hasta 280 vatios cada una y un generador estático, que operaría, según los estudios en los que se ha basado, "las 24 horas de los 365 días del año".

En ese imaginario que conserva y que le ayuda a afrontar todas las etapas de su existencia, su "ovnipuerto" sería "autónomo" y tendría una capacidad de "hasta 32 pasajeros". Aunque "esa no es la finalidad", se apresura, risueño, a explicar. Por el momento, son todavía pocas las personas que han podido acceder a su interior, entre ellas los cineastas Simone Saibene y Xoel Méndez, autores del documental "10/7".

El título no es baladí. Es el planeta anhelado por Lucio, ése al que ha dedicado una de sus obras, "Una regresión hacia el saber". El "10/7" es un mundo sin jefes, donde no hay dinero ni desconfianza que campe a sus anchas, por ende tampoco ambición y vanidad.

Que un poco de locura es lo mejor para conservar la cordura es su lema para ir tirando. Y le sirve. Tanto a los que se contagian de su atmósfera como a él mismo. Lucio Ballesteros, viudo, descarta, y es la eterna pregunta, la posibilidad de ceder su nave o de hacer algo con ella cuando él no esté, dado que es un proyecto suyo. Nadie como él ha pensado tanto en esas cifras, "10/7", ni se mueve con tantísimo equilibrio entre la realidad y la fantasía. EFE.