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Kilian ha aprendido a sonreír en la UCI de neonatos

  • Escrito por Divina Beas
  • Publicado en Crónicas

Kilian tiene poco más de cuatro meses y ya ha pasado por quirófano una docena de veces. Sufre un problema en su pequeño cerebro que este último mes se ha complicado con una meningitis grave y, a pesar de tener todo en contra, ha aprendido a sonreír en la UCI de neonatos del Hospital de la Vall d'Hebron de Barcelona.

Mario, su padre, ha explicado en una entrevista con EFE que el estado de salud de su pequeño no está "controlado al cien por cien", aunque son "muy creyentes" y están "esperanzados en que irá adelante".

Debido al coronavirus, ahora sólo puede estar uno de los dos padres con Kilian y es la madre, Julisa, quien se desplaza cada día desde la casa Ronald Mcdonald, andando o en coche, hasta el Hospital de Niños de la Vall d'Hebron, donde han atendido a su hijo desde el nacimiento, a las 34 semanas de gestación.

Mario y Julisa, originarios de Honduras, viven en Girona, ciudad en la que se conocieron y se casaron hace cuatro años. En diciembre pasado, en la semana 33 de embarazo, los médicos observaron que el bebé había sufrido una hemorragia en el cerebro, por lo que derivaron a la madre al Hospital de la Vall d'Hebron, donde se tratan los casos más complicados de embarazos de riesgo.

Allí nació por cesárea el pequeño Kilian el 10 de diciembre y ya sólo ha salido del hospital en dos ocasiones, la última de las cuales terminó cuando se le detectó una meningitis, que requirió su ingreso de nuevo en marzo pasado.

Ahora sigue luchando en la UCI de neonatos, donde todas las enfermeras y médicos le conocen, y donde su mamá ha conseguido que el pequeño empiece a reír y a mamar. Mario, esperanzado y orgulloso, da cuenta de los progresos: 6 kilos de peso y 62 centímetros de largo, a pesar de las operaciones, los ingresos en el hospital y la meningitis.

Esta joven familia afronta esta grave situación en medio de la pandemia con resignación y con el apoyo de sus creencias religiosas, que les "ayudan mucho, porque no hay limitaciones para Dios y puede ocurrir un milagro".

En la casa Ronald McDonald están casi "como en casa", aunque las condiciones de vida en la misma han cambiado notablemente desde que el coronavirus entró en la vida de todos. Ahora, las zonas comunes con ordenadores, futbolín y otras distracciones están cerradas, así como el comedor común, mientras que en la cocina sólo se puede entrar por turnos y se ha de comer en las habitaciones.

"Hemos de tener mucho cuidado porque en la casa viven niños con enfermedades que les hacen muy vulnerables y, aunque es cansado estar así, es necesario", ha argumentado Mario. El padre del pequeño Kilian recuerda que antes de la pandemia, hace poco más de un mes, los padres de otros niños que están ingresados o reciben tratamiento en Vall d'Hebron podían conversar entre ellos y apoyarse.

"En la casa ha cambiado la cercanía, antes se compartía más, ahora los niños están encerrados en la habitación", a la espera de ir al hospital a recibir el tratamiento correspondiente. La casa sólo está ocupada al 40 % ahora, por sólo seis familias, cuando lo habitual son 15, y se ha recomendado que estén únicamente los padres, sin otros hijos y sin recibir visitas.

Mario espera con mucha ilusión las videoconferencias en las que su mujer le enseña a Kilian y alguna vez se ha acercado al hospital, para verle, cuando los médicos estiman. EFE.