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La metamorfosis de Almeida

  • Escrito por María López
  • Publicado en Nacional

"Buenos días Madrid, todo saldrá bien". Desde la primera semana de confinamiento los madrileños amanecen con un mensaje de Twitter en el que el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, insufla ánimos a sus vecinos, ante quienes ha moldeado un nuevo perfil, institucional y de consenso, para hacer frente a la pandemia.

Su gestión en la ciudad española más golpeada por el coronavirus ha levantado elogios. Desconocido por muchos hasta que arrebató el bastón de mando a Manuela Carmena, en sus primeros meses como regidor fue blanco de memes y burlas.

De respuesta rápida y locuaz, Martínez-Almeida ha aparcado ahora los dardos socarrones que le han caracterizado, primero en la oposición y después como azote de Pablo Casado contra el Gobierno de Pedro Sánchez.

Y ha marcado perfil propio admitiendo la falta de certezas, huyendo de la crítica política y conectando con lo que da identidad a los madrileños: la cerveza, las charlas en los parques y el encuentro entre amigos. Lo 'popular', vaya.

Desde el principio de la pandemia, cuentan a Efe fuentes de su equipo, el alcalde fue consciente de que se iba a vivir un momento histórico, el más grave atravesado por Madrid más allá de las guerras, y entendió que no era tiempo para la confrontación política.

Es momento de "arrimar el hombro" y trabajar "codo con codo", la prioridad número uno es salvar vidas, ha señalado en numerosas ocasiones Martínez-Almeida, que apenas se ha sumado a las críticas que desde su propio partido lanzan a La Moncloa. No tocan. La exigencia de responsabilidades llegará, pero después, dice.

Mantiene reuniones periódicas con el resto de la oposición y por el momento ha sabido esquivar las polémicas: ni despidos en los servicios frenados ni escándalos con los más de 7.000 menús diarios que reparte a familias vulnerables.

Aunque no ha dejado de exigir equipos de protección e incluso lanzó un órdago al Gobierno para pedir mascarillas y batas para la funeraria, Martínez-Almeida ha borrado de su diccionario las palabras gruesas y, de paso, las ironías.

Un comportamiento que difiere de los que tienen Casado o la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que han atacado de forma más directa la gestión del Gobierno, aunque en el entorno del primer edil rebajan esta comparación.

El alcalde, señalan, habla "de continuo" con Ayuso, que hace "lo que tiene que hacer" pues combate en un frente "duro", el sanitario, y mantiene contacto a menudo con Casado.

En parte, el éxito de su gestión tiene que ver con la información, la que tiene y la que no tiene.

Fue de los primeros en decir que había que quedarse en casa. Lo hizo en la mañana del jueves 12 de marzo, un día antes de que el presidente anunciase que decretaría el estado de alarma, y durante dos semanas pidió la paralización de la construcción.

Está además muy expuesto, cada día aparece en televisión o es entrevistado en la radio y en las ruedas de prensa telemáticas del Consistorio no hay límite al número de preguntas, que se leen en su totalidad.

Es mitad estrategia mitad efecto llamada, cuentan desde su equipo. Primero decidieron que era importante dar información de forma continuada porque, pese a carecer de competencias, el Ayuntamiento es la institución más cercana, y después lo reclamaron desde las televisiones.

En múltiples entrevistas ha señalado que los ciudadanos no merecen medias verdades y ha pedido tratarlos como adultos, aunque haya que decirles que no se sabe cuándo se acabará el confinamiento.

Estos días, el alcalde trabaja sobre todo en casa aunque acude al menos dos horas al día al Palacio de Cibeles para mantener teleconferencias y firmar documentos.

Su agenda incluye visitas a los colectivos que están haciendo frente a la crisis, desde el hospital de Ifema al tanatorio de la M-30. Ha habido incluso espacio para ayudar en el reparto de comida.

Su equipo de confianza lo componen los concejales Inmaculada Sanz y Borja Carabante, la coordinadora general de Alcaldía, Matilde García Duarte, y Ana de Miguel, su jefa de gabinete.

Comparte todos los grupos de trabajo creados con la vicealcaldesa, Begoña Villacís, de Ciudadanos, y le separa un telefonazo del resto de sus concejales.

Cada día atiende unas 40 llamadas y tiene un centenar de chats en Whatsapp, cuentan desde su equipo. Cada día da los buenos días y decide en primera persona el contenido de sus redes sociales.

En sus mensajes evoca las "cañas con los amigos", el Wanda -Almeida es antes que nada colchonero- los "tardeos en El Retiro" o "las noches que nunca duermen" junto a un mensaje reiterado: hay que seguir tirando para que la curva baje y que todo salga bien.

Es pronto para saber si en el futuro Almeida volverá a hacer uso de la ironía con un toque de chulería en sus críticas y si su porvenir será en clave nacional.

Los suyos aseguran que es "feliz en Madrid" y creen que no busca nada más. Almeida, al que le ha costado despuntar públicamente, también bromeaba sobre las posibilidades de ser nombrado cabeza de lista, pero nunca dejó de figurar en las quinielas.

Ahora que nunca más será un desconocido, se ha permitido reírse públicamente -en la plaza Twitter- del apodo con el que le bautizaron sus detractores.

Y ya se sabe lo que dice el refranero. EFE.