LA ZURDA

El PP vasco vuelve a chocar con Génova en la búsqueda de su "identidad"

  • Escrito por Rafael Herrero
  • Publicado en Nacional
MADRID, 24/02/2020.- Foto cedida por el Partido Popular en la que su presidente nacional, Pablo Casado (c), preside la reunión del Comité de Dirección este lunes en la sede del partido en Madrid. EFE/ PP/ David Mudarra MADRID, 24/02/2020.- Foto cedida por el Partido Popular en la que su presidente nacional, Pablo Casado (c), preside la reunión del Comité de Dirección este lunes en la sede del partido en Madrid. EFE/ PP/ David Mudarra

Pasar de la "resistencia" a la "influencia". De las filas prietas mientras se oían silbar las balas de ETA a un papel más activo y propositivo en una Euskadi sin terrorismo.

Un dilema sobre el que se ha balanceado la búsqueda de la identidad propia del PP vasco, que se ha saldado con enfrentamientos con Génova y sucesivas crisis de liderazgo desde 2008 hasta la defenestración de Alfonso Alonso como candidato a lehendakari.

Durante los largos años de "resistencia", la dirección nacional del PP y la del País Vasco caminaron al mismo son, sin fisuras, en un primer momento bajo el asentado liderazgo de Jaime Mayor Oreja, cuya candidatura a lehendakari en 1990 -la primera bajo las siglas PP- recabó 83.719 apoyos y seis parlamentarios.

Repitió en 1994 -obtuvo 146.960 votos y once escaños- y marchó a Madrid para ocupar el cargo de ministro del Interior, desde el que mantuvo una gran influencia sobre sus compañeros vascos, liderados desde 1996 por Carlos Iturgaiz.

La segunda mitad de la década de los 90 y la primera de los 2000 fueron los años de mayor acoso y persecución de los concejales del PP vasco -12 de ellos fueron asesinados por ETA en esa época- y también los de mayor repunte del partido en Euskadi, al convertirse en la segunda fuerza política en los comicios autonómicos de 1998 (251.743 votos y 16 escaños con Iturgaiz como candidato) y 2001 (326.933 sufragios a la candidatura de Mayor Oreja, que logró 19 asientos).

El exministro no repitió y su sucesora, María San Gil, candidata en 2005, retuvo 210.614 votos y perdió cuatro escaños, aunque no llegó a culminar la legislatura al dimitir en mayo de 2008 como presidenta del PP vasco por sus discrepancias con la dirección de Mariano Rajoy.

San Gil, afín a Aznar y a Mayor Oreja, fue una de las redactoras de la ponencia política del congreso nacional del PP, un proceso en el que mantuvo discrepancias respecto a la "definición de España como gran nación" y al papel del PNV respecto al terrorismo.

Pese a que los artículos que defendió se plasmaron finalmente en la ponencia, decidió abandonar la dirección del PP vasco al entender que Rajoy había dado un "giro" en estas cuestiones respecto a su antecesor, José María Aznar.

La postura de San Gil no fue compartida por muchos dirigentes del PP vasco, que se alineaban con Rajoy y entendían que al partido le correspondía modificar su papel de "resistencia" en una Euskadi que vislumbraba ya el final del terrorismo, motivo por el que la presidenta decidió abandonar.

Uno de los artículos que defendió, referente a un supuesto desinterés del PNV por la "derrota de ETA", fue introducido en julio de 2008 en la ponencia política del PP vasco -que no lo había incluido inicialmente- gracias a una enmienda defendida por el entonces parlamentario autonómico popular Santiago Abascal, hoy presidente de Vox.

A San Gil le sucedió Antonio Basagoiti, quien asumió la presidencia con la intención de modernizar el partido y mantenerlo unido, y que sostuvo una línea de sintonía y colaboración con Rajoy hasta su renuncia, por motivos laborales, en mayo de 2013.

Basagoiti trabajó para sacar al PP de su "aislamiento", normalizó las relaciones con el PNV y se rodeó de jóvenes dirigentes como Arantza Quiroga, Borja Sémper, Iñaki Oyarzabal y Javier Maroto.

Sin embargo, su apuesta no se tradujo en apoyo electoral (146.148 votos y 13 escaños en 2009 y 130.584 sufragios y 10 parlamentarios en 2012), lo que alimentó el recelo entre los sectores del PP que criticaban su supuesta "tibieza" con el nacionalismo.

El testigo lo recogió Arantza Quiroga, la dirigente que defendió activamente pasar de la "resistencia" a la "influencia", una idea que trató de plasmar en octubre de 2015 con una propuesta para crear en el Parlamento Vasco una ponencia de "libertad y convivencia" que trataba de integrar a EH Bildu, cuatro años después de que ETA anunciara el fin de su actividad terrorista.

Su planteamiento fue desautorizado por la dirección nacional y por sus propios compañeros dirigentes del PP vasco.

Alfonso Alonso, entonces ministro de Sanidad, fue el encargado de afear en público la iniciativa de Quiroga, quien retiró su propuesta, hizo los bártulos y decidió abandonar la política para siempre.

Fue el propio Alfonso Alonso quien asumió su relevo, con el respaldo total del PP de Rajoy, y se presentó a lehendakari en 2016, para recabar los peores resultados de la formación conservadora en Euskadi desde 1990, al conseguir 107.771 votos y los nueve escaños que tiene actualmente en la cámara vasca.

Alonso decidió apoyar a Soraya Saénz de Santamaria en el proceso de sucesión de Rajoy y, tras la victoria de Pablo Casado, ha mantenido una difícil relación con la dirección nacional del PP.

La imposición de listas electorales contra su criterio, los pactos con Vox -criticados por Alonso y por otros dirigentes vascos como Borja Sémper-, la apertura de un expediente disciplinario a un juntero popular guipuzcoano y, sobre todo, las palabras de la portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, quien acusó a los populares vascos de "tibieza" con el nacionalismo, distanciaron al dirigente vasco de Génova.

La coalición con Ciudadanos, un partido del que el PP vasco siempre se ha distanciado por su cuestionamiento del Concierto Económico y la foralidad -aspectos innegociables para los populares vascos- ha constituido el último capítulo de una más que tensa relación que aún tiene episodios por escribir, como el futuro liderazgo del PP en Euskadi. EFE.