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Sartorius advierte contra la manipulación del lenguaje y sus "engaños"

  • Escrito por Carmen Naranjo
  • Publicado en Nacional

Derecho a decidir, exiliado político, Estado español o crecimiento negativo son algunos de los conceptos que el ensayista y exdiputado Nicolás Sartorius considera "verdaderas aberraciones", manipulaciones del lenguaje que ha reunido en un diccionario para desvelar los "engaños" que encierran.

Sesenta y cinco ejemplos en orden alfabético componen el libro "La manipulación del lenguaje. Breve diccionario de los engaños" (Espasa), un número que se queda corto porque hay muchas tergiversaciones que nos rodean a diario pero "en algún momento tenía que parar", asegura Sartorius en una entrevista con Efe.

Fue hace unos cuatro años cuando el exportavoz de IU en el Congreso y vicepresidente de la Fundación Alternativas se dio cuenta del uso extendido de términos, de frases hechas, que eran "absolutos engaños" porque, en realidad, significaban lo contrario y recordó que esto es lo que ocurre en las dictaduras y que las batallas de las ideas se empiezan ganando o perdiendo por el lenguaje.

Algunas de estas expresiones casi dan risa, señala Sartorius, como ocurre con "crecimiento negativo" o "indemnización en diferido simulada", pero hay otras como "preso político" o "derecho a decidir" que son utilizadas en sentido engañoso pero se terminan convirtiendo en algo indiscutible. Hay, indica, "verdaderas aberraciones", expresiones "absolutamente estúpidas" pero que "la gente compra" de tal forma que lo peligroso, advierte, es que se han convertido en lugares comunes.

El diccionario comienza con la expresión "ajuste de cuentas", sobre la que Sartorius dice que cuando se utiliza al hablar de un asesinato da por hecho que existe una explicación y supone una ocultación del crimen. Y acaba con "voto útil": cada cual vota a quien quiere y decirle a alguien que su voto es inútil es como echarle de la democracia, sostiene el autor.

Envolver con palabras realidades que significan lo contrario es lo que ocurre con términos como "derecho a decidir", explica Sartorius, que señala que esa expresión tiene mejor "venta" que "derecho a la autodeterminación". En ella observa dos manipulaciones, como son que supone la existencia de una soberanía previa y el hecho de que otorgaría a ciertos pueblos el derecho a decidir su futuro sin contar con los demás.

Hablar de "Estado español", otra de las entradas de este diccionario, significa decir que España no es una nación, "lo que no solo es un disparate sino que choca con la realidad más obvia". Pero lo más grave de este asunto, indica Sartorius, es que esa expresión no solo la utilizan los nacionalistas sino que lo hacen también políticos no nacionalistas, comentaristas de los medios de comunicación e, incluso, partidos y sindicatos de la izquierda.

Por eso, asegura en el diccionario, que el uso continuado del concepto "Estado español" no es solo "tergiversador y propio del nacionalismo excluyente, sino también peligroso, puesto que no se encontrará una solución positiva y duradera a la configuración territorial de España sobre la base de la mutua negación de realidades históricas discutibles".

"Exiliado político" es otra expresión surgida en el "ecosistema" lingüístico del independentismo catalán, similar al de "preso político", dice Sartorius en su obra, que considera un "transformismo" o "contorsionismo" convertir "a los políticos presos en presos políticos y a los prófugos de la justicia en exiliados políticos".

Este diccionario de "engaños" contiene además términos como "Estado del Bienestar" que, dice su autor, mejor haría en llamarse en Estado "del malestar", o "violencia de género" que, en su opinión, se queda "corto" para definir lo que a veces roza el terrorismo, y que cree menos conveniente que "violencia machista".

En esta "batalla" contra la manipulación del lenguaje o el "universo de la mentira", Nicolás Sartorius destaca la necesidad de que los medios de comunicación limpien y cuiden su lenguaje frente a estas expresiones. De alguna manera, este diccionario es también una crítica "a esos medios de comunicación que compran estos conceptos falsos y los difunden", reconoce Sartorius que concluye que "una mentira, aunque se difunda mil veces, sigue siendo una mentira".