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Juezas afganas piden compromisos internacionales para combatir «la guerra contra las mujeres»


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Magistradas afganas exiliadas en España tras la toma del poder por los talibanes, en agosto de 2021, han reprochado a la comunidad internacional que haya dejado «solos» a sus conciudadanos en un territorio donde lo único que queda es «oscuridad».

Así lo han asegurado las juezas afganas refugiadas en España Gulalai Hotak y Safia Jan Mohammad en un receso de la jornada «Afganistán, la guerra silenciosa contra mujeres y niñas», celebrada en Las Palmas de Gran Canaria y en cuya inauguración la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha respaldado la crítica de estas mujeres.

«No podemos consentir este fracaso de la comunidad internacional ante el silencio cómplice de nuestros organismos», ha señalado la ministra.

Robles ha afirmado, en su intervención por videoconferencia, que muchas de las mujeres que lograron huir de ese país después de que los tabilanes derrocaran al Gobierno de Ashraf Ghani están siendo ahora amenazadas por los maridos que dejaron allí con no volver a ver a sus hijos, un «chantaje» que está obligando a muchas a regresar.

Una situación complicada

La ministra ha agradecido al Gobierno canario y al Colegio de Abogados de Las Palmas que hayan organizado esta jornada en un momento en el que «se habla de Ucrania», como es «natural», ya que, a su juicio, «hay que seguir haciéndolo también de la situación que siguen sufriendo las niñas y mujeres de Afganistán y en otros lugares de África».

Por ello, ha agradecido toda la red de apoyo que se puso en marcha en España para ayudar en lo que se ha podido y ha subrayado la importancia «de que esa red no calle nunca», al tiempo que ha recalcado que las muertes de «muchos hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas por defender los derechos humanos, la paz y la libertad que ahora se han visto tan brutalmente vulnerados por el régimen talibán no pueden ser en vano».

En los mismos términos se han pronunciado tanto la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell, quien ha concluido su intervención diciendo que «los derechos humanos son universales o no son», como la viceconsejera canaria de Justicia, Carla Vallejo, quien ha advertido de que «cuando se violentan los derechos humanos se violentan en todas partes y todos estamos en peligro».

En estas jornadas han participado cuatro de las ocho juezas afganas que han pedido asilo en España, donde tratan de reestructurar sus vidas y la de sus familias en ciudades como Sevilla, Madrid, Pamplona o Bilbao.

Estas profesionales, que aspiran a aprender el español y a encontrar trabajo en este país, viven «vidas modestas» con ayuda de oenegés como CEAR, tal y como ha contado a los periodistas Safia Jan Mohammad, quien subsiste en la capital de Navarra, junto a su marido y dos hijos, con una ayuda mensual de 290 euros.

Su compañera Gulalai Hotak logró huir «de la noche al día» de su país a Turquía con ayuda de su hermano, que trabajaba en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Afganistán.

«En Turquía, donde la situación económica es difícil, esperé tres meses a que otras compañeras juezas llegaran. La Asociación de Mujeres Juezas de España jugó un papel muy importante para que nosotras pudiéramos salir de nuestro país, donde el 50 por ciento de la población vive en la pobreza», ha referido Hotak.

La comunidad internacional «les ha dejado solos»

La magistrada ha lamentado que la comunidad internacional «haya dejado solos» a los afganos y que en su país solo quede «oscuridad», de ahí que su aspiración sea ahora convalidar su titulación en España para poder trabajar y seguir su vida aquí junto a su familia.

Sobre el día a día de los afganos que han quedado sometidos al régimen talibán, Gulalai Hotak ha dicho que los familiares que dejó allí, con quienes sigue en contacto, viven en la pobreza y «han tenido que cambiar de casa cuatro veces para esconderse de las autoridades».

Respecto a la realidad de la infancia, ha asegurado que «las niñas están muy reprimidas: estudian hasta los 12 años y después de esa edad los estudios están prohibidos para ellas».

«La represión y los prejuicios» que sufren las niñas afganas es tal que «hace que no puedan hablar con un profesor hombre para preguntar sobre sus deberes», ha apostillado Hotak, quien ha afirmado que por este tipo de situaciones solo «ve oscuridad en Afganistán y también en el mundo».

Safia Jan Mohammad ejercía, con la protección de guardaespaldas proporcionados por el Gobierno, como jueza de violencia contra la mujer en Afganistán -donde quedan otras 70 profesionales como ella- y ahora vive con su familia en Pamplona, donde ha podido conseguir un Número de Identidad de Extranjero (NIE) que caduca en nueve meses y espera obtener también el asilo.

 

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