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Las drag queen, artistas que buscan la libertad y acabar con su precariedad


  • Escrito por Ana Márquez
  • Publicado en La Zurda
(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El Drag ha impregnado desde los años ochenta las noches del barrio de Chueca y estas artistas han revolucionado la escena madrileña a través de su lucha por desprenderse de los estigmas y reivindicar lo que son: “artistas que con su arte buscan la libertad de ser quienes quieran ser”, al igual que piden derechos y reconocimiento a su trabajo.

Un domingo, a las seis de la tarde, a plena luz del día, la calle Valverde está concurrida por las drag queens que bajan de taxis y portan grandes maletones -donde almacenan su vestimenta- ante la mirada de los paseantes.

Algunos, los menos, miran curiosos mientras otros aplauden la llegada de sus compañeras y chasquean los dedos con gritos de "¡guapa!" y "¡reina!", y ellas, ya peripuestas y en tacones, entran en la sala Yasta para participar en la Gala Reina Drag y, posteriormente, la Roar Party.

En los últimos meses, tras el boom de concurso Drag Race, que bebe de la producción estadounidense de RuPaul, los espectáculos de travestis han adquirido una nueva vida, en la que las artistas son el centro de atención y “no han quedado relegadas a las esquinas de las discotecas”, como asegura a Efe la drag Mary Conazo.

Ella junto a Jota Carajota -quien participó en la segunda edición de Drag Race- son las organizadoras de la fiesta ‘Las Dragonas’ quienes, según explican a Efe, llegaron a Madrid con “ganas de abrirse camino”, aunque en Andalucía, su tierra de origen, eran “menos y mejor valoradas” pero querían avanzar.

“El Drag real es horrible (...) Te pagan en negro, a veces ni con dinero sino en copas, no hay convenio, no hay seguridad y los empresarios tradicionales de la noche se lucran de nuestro trabajo”, critica Jota Carajota quien, además, añade que en Madrid es “muy difícil” encontrar “espacios queer que no sean gays normativos”.

Por estas razones y algunas otras, decidieron arrancar ‘las Dragonas’ donde invitar a drag, en su mayoría sureñas, y “artistas que con su arte buscan la libertad de ser quienes quieran ser”.

Drag queens, hombres cis que se travisten de mujer; drag kings, mujeres cis que performan de hombre; artistas drag transexuales o no binarios, o hyper queens, mujeres que practican el arte Drag femenino, son algunas de las modalidades de estos espectáculos que, tradicionalmente, se ha atribuido a los hombres.

Con esta filosofía de inclusión y reconocimiento también han nacido otras iniciativas en la nueva ruta del Drag en Madrid como la Gala de las Reinas o la ROAR Party, un concurso y galas temáticas, respectivamente, en las que participa en su organización el DJ Jamie Torrijos.

“Estas fiestas son 50 % bailar, beber, disfrutar o ligar, en el orden que se prefiera, y el otro 50 % ver el espectáculo”, asegura Torrijos, quien aboga por espacios “segurísimos” en el que “todo el mundo esté incluido” y puedan disfrutar sin que nadie juzgue.

La lista de la nueva ola de la escena madrileña drag continúa con ‘La Dragalada’, una ruta importada de Barcelona que se celebra por seis locales con artistas locales que agotan entradas cada mes; la Casa Drag Latina, cinco drags que muestran su racialidad en los espectáculos, y otras iniciativas que se salen del circuito de Chueca y conquistan el Reina Sofía con el ‘Brunch Drag” en el restaurante Nubel o el Auto Cine que este año por el Orgullo celebrará carrera de tacones o pasarelas.

La máxima de estos espacios es dar visibilidad a artistas locales y también de renombre, ofreciendo "salarios dignos" porque "lo que hace es arte", recalca Torrijos.

Hace seis años que Chanel Anorex practica el Drag, después de hacerlo por primera vez en una celebración del Orgullo, y ha visto cómo ha cambiado el panorama: “Ahora puedes ver a drag en teatros, comuniones, bautizos o despedidas de soltero, a plena luz del día”, pero también reivindica el papel artístico que ejercen y su remuneración. “Yo no me dedico exclusivamente al Drag.

Tengo mi trabajo de lunes a viernes y me puedo permitir invertir en mi personaje”, afirma. La indumentaria que utilizan para sus espectáculos pueden llegar a rondar hasta los mil euros, sumando trajes, zapatos y maquillajes, más las horas necesarias para vestirse y desplazarse.

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