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«Patriarcado, el organismo nocivo», el documental que «busca la raíz» de la violencia machista


  • Escrito por María G. de Montis
  • Publicado en La Zurda
(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

«Basta con girar la cabeza a izquierda y derecha para encontrar casos de mujeres que han sufrido violencia machista», aseguran los documentalistas Teresa Soler y Albert Sanfeliu. Ellos mismos lo comprobaron cuando comenzaron a preparar su último trabajo, Patriarcado, el organismo nocivo, un filme con el que buscan la raíz de la violencia de género para “avanzar entre todos” y en el que cuentan con el testimonio de cuatro víctimas que encontraron simplemente preguntando en su entorno.

“Es demoledor. Te das cuenta de que desconoces la realidad que nos rodea en cuanto a la violencia machista”, añade Sanfeliu en una entrevista con Efeminista.Su documental, financiado por distintos ayuntamientos e instituciones y por más de doscientos mecenas, aborda la violencia machista a través de la mirada de Montse, Nadia, Silvia y Vicky, quienes sufrieron violencia de género, pero también desde las aulas, con la aparición de un grupo de adolescentes de entre 15 y 19 años que plantean sus dudas en materia de deseo, amor o educación sexual.

Además, intervienen en el filme la doctora en Filosofía Ana de Miguel, la catedrática en Psicología Carmen Delgado, el sociólogo y sexólogo Erick Pescador, la catedrática en Sociología Marina Subirats, el médico forense Miguel Lorente y la psicóloga y formadora Isa Duque, así como el director del proyecto Fabricanciones, Rafa Sánchez Gálvez, o la Fiscal de Sala Delegada Violencia sobre la Mujer, Teresa Peramato Martín.

Patriarcado, organismo nocivo está producido por Pandora Box TV y tiene previsto su estreno en el primer trimestre de este 2022 en Valencia, Girona, Barcelona, Madrid y Zaragoza.

Herramienta para comprender

PREGUNTA.- ¿Qué vamos a ver en el documental?

TERESA SOLER.- Es un documental que, ante todo, pretende ser una herramienta que nos ayude a comprender, a aprender y también a desaprender. Porque, en lo que respecta al patriarcado, hemos aprendido cosas que no eran. El afán de Albert y mío ha sido intentar ir a buscar esos lugares, esas trampas; intentar desaprender para realmente comprender cuál es el origen de esta lacra.

P.- Incluyen como objetivos de su documental la transformación social o la pedagogía… ¿Está dirigido a un público exclusivamente joven?

ALBERT SANFELIU.- Sí y no, es para todas las edades. A nivel personal, creo que es muy difícil entender aquello que no se ha experimentado. Lo puedes entender a nivel intelectual o cognitivo, pero si no lo vives eres incapaz de percibir esas emociones. Y creo que eso es lo que ocurre con la violencia machista. En mi caso, como masculino, no solo es difícil entender aquello que no has vivido, sino que formas parte del género que violenta, pega, asesina y genera esa violencia. A mí me genera un punto de desafección hacia mi género muy fuerte.

P.- Entonces, ¿cómo se dirigen al público masculino?

T.S.- Ha sido un reto. Abordar un problema como el patriarcado, que está absolutamente diseminado por toda la sociedad, en todos los aspectos y en todos los ámbitos, requirió que Albert y yo nos planteáramos escoger tres o cuatro puntos fundamentales desde los que abarcarlo. Uno de ellos es la pornografía y cómo construye pensamiento, teniendo en cuenta que hoy en día los niños y niñas a partir de 10 años ya están consumiendo porno en línea, porno mainstream, y generando un patrón de conducta no solo sexual, sino en la asunción de la mujer. Nos pareció sumamente grave y por eso es uno de los ejes desde el que pretendemos entender cómo se gesta la violencia de género.

A. S.- Una de las maneras de entenderla son los testimonios: el de las mujeres víctimas, el de especialistas y también el de adolescentes. Nosotros creemos que la violencia machista, la violencia sexual, se debe abordar de manera reglada. No porque nosotros pensemos que es lo mejor, sino porque los mismos adolescentes lo están pidiendo a gritos. En el documental, organizamos un debate reglado en una clase con chavales. Y, en un momento de la charla, uno de los protagonistas dice que alguien que ve pornografía ya ve que es ficción. Él lo equipara con ver Fast and Furious y tener ganas de salir con el coche y saltarse todos los semáforos. A mí me parece una reflexión muy interesante para un adolescente de 17 años, teniendo en cuenta que, según los estudios, más de la mitad de los adolescentes tienen el porno mainstream como patrón de conducta a seguir. Tenemos que estar muy atentos a sus reflexiones. Tienen una capacidad para percibir las emociones muy interesante; no podemos pecar de ‘adultismo’. Es una generación muy preparada.

La violencia machista, en todas partes

P.- ¿Cuáles son los otros ejes del documental?

T. S.- Nos aproximamos al patriarcado desde el porno, como decíamos antes, y desde la educación, tanto en su concepción más amplia como en otra más concreta, la educación sexual. También hablamos de la violencia machista que han sufrido y siguen sufriendo las mujeres a partir de cuatro testimonios, aunque los espectadores verán que lo enfocamos sin victimismo ni paternalismo ni pena. Ellas comparten su experiencia ya reflexionada.

A.S.- Su abanico de edades es muy amplio, desde los 19 hasta los setenta y algo. Se cubre un espectro grande de edades y de experiencias, que van desde la violencia psicológica hasta la física.

P.- ¿Cómo llegaron a esos cuatro casos?

A.S.- Cómo llegamos es quizás lo más bonito y trágico del documental. Cuando decidimos entrar en contacto con mujeres que hubiesen sufrido violencia machista, buscando, además, un perfil fuera de los estereotipos de los que se hacen eco los medios de comunicación, se nos hizo un mundo. No sabíamos a quién acudir: hay un montón de asociaciones, de mujeres que han tenido un impacto mediático muy importante… queríamos alejarnos de eso. Cuando estábamos en ese punto, preguntándonos, simplemente tuvimos que girarnos a izquierda y a derecha para encontrar esos casos alrededor. Tres de las cuatro mujeres son personas cercanas a nuestro núcleo. Esto es algo que te aligera a nivel laboral, pero también es demoledor. Te das cuenta de que desconoces mucho de la realidad que nos rodea en cuanto a la violencia machista.

T.S.- Yo reto a cualquiera a que hagan este mismo ejercicio, que de repente miren con profundidad a su alrededor. Se darán cuenta de que tienen casos cerca, muy cerca, de mujeres que han sido víctimas de violencia machista.

Ellos, parte del problema y de la solución

P.- Ambos inciden en la importancia de “la mirada masculina” en su documental.

T.S.- Sí, son parte del problema y para nosotros era fundamental. Es una cuestión de todos: si el hombre es parte del conflicto, debe ser también parte de la solución.

A.S.- Nosotros, además de documentalistas, somos ciudadanos. No puedes decir que no, no puedes no plantearte ciertos temas. Hace cinco años hicimos el primer documental de la saga, que fue sobre corrupción, y nos enseñó muchas cosas. En el tema del patriarcado, lo agradable, pero triste, ha sido verlo en nuestro entorno. En mi caso, como masculino, he visto a congéneres normalizando unos roles y conductas que yo, personalmente, hace unos años también hubiese dado por válidas. Pero siempre hay algo que te corroe y te chirría. Hay cosas a las que no puedes decir que no.

P.- ¿Cómo les gustaría que se sintiesen los espectadores después de su proyección?

A.S.- Bailando y aplaudiendo, mientras su psique empieza a sacudirse y a repreguntarse. Eso es muy importante: a título personal, esto nos ha sacudido mucho.

P.- ¿Qué les ha sacudido a ustedes?

A.S.- Sobre todo, cuando la psicóloga Carmen Delgado nos plantea la cantidad de preguntas erróneas que hacemos, impuestas por el patriarcado, y nos propone qué preguntas hacer ante estos casos de violencia machista. Para mí, sirven como acicate para llevarlas al día a día.

T.S.- Yo me tenía por una persona bastante inquieta, puesta en este tema, pero entrar en este proceso me ha hecho darme cuenta de que no sabía nada de nada. Y fíjate que es un tema sobre el que he leído, visto cosas… y, sin embargo, cuánto me faltaba por saber, por aprender. Y, sobre todo, cuánto creía tener sabido que no es verdad, que hay que desaprender. Y eso es lo más complicado.

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