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Profetas del pis, cebollas, cereales y otras pruebas del embarazo


Que las mujeres pudieran confirmar sus embarazos en la intimidad de su propia casa se describió como una "pequeña revolución privada" hace 35 años, cuando la primera versión casera de la prueba de embarazo moderna apareció en Estados Unidos. Hoy, los tests de embarazo se encuentran entre las pruebas de diagnóstico más utilizadas y representan cientos de millones de dólares en ventas cada año.

El desarrollo de estas pruebas, que se basan en la detección de gonadotropina coriónica humana (GCH) en la orina, se produjo cincuenta años después del descubrimiento de la GCH por Aschheim y Zondek y después de varios siglos de descripciones de muchas otras pruebas de embarazo.

Aunque no es intuitivo que el análisis de orina sea la clave para la detección del embarazo, por razones desconocidas la mayoría de las pruebas de embarazo históricas se han centrado solo en eso (Figura 1). A partir de la Edad Media, los "profetas del pis" afirmaban en Europa que eran capaces de predecir el embarazo con una variedad de pruebas estrambóticas basadas en la orina (Figura 2). Creían que la orina de las mujeres embarazadas oxidaba una uña, cambiaba el color de una hoja o daba cobijo a pequeñas criaturas vivas. Según sabemos hoy, es poco probable que alguna de estas pruebas pudiera detectar correctamente el embarazo.

La compañía farmacéutica estadounidense Organon International obtuvo la primera patente de una prueba de embarazo casera en 1969, dos años después de que Margaret Crane se diese cuenta de que el procedimiento de prueba en laboratorio era relativamente simple y diseñase el primer prototipo. El producto estuvo disponible en Canadá en 1971 y en Estados Unidos en 1977, después de no pocos retrasos causados por las implicaciones puritanas sobre la moralidad sexual y la capacidad de las mujeres para realizar pruebas y hacer frente a los resultados sin un médico, lo cual, dicho sea de paso, reducía las ganancias de ese colectivo sanitario.

Figura 1. Cronología resumida de las pruebas de embarazo. La prueba más antigua practicada en Egipto consistía en orinar sobre semillas de cereales y ver si brotaban. Al final de la década de 1920 comenzaron las primeras pruebas de embarazo modernas, en las que se inyectaba orina a los animales: la orina de las mujeres embarazadas les hacía ovular. A partir de 1960, los anticuerpos permitieron que las pruebas de embarazo se realizaran en los consultorios médicos. En 1971, una versión casera de esta prueba basada en anticuerpos estaba disponible en Canadá, aunque las pruebas caseras no llegaron al resto del mundo hasta 1977. Las primeras pruebas similares a las caseras del mercado actual se desarrollaron en 1988. Modificado a partir de un dibujo de Olivia Foster. Cortesía de Harvard University.

Antes de eso, la prueba de embarazo más común se realizaba en los consultorios de los médicos analistas donde nunca faltaban unas misteriosas ranas que servían para realizar una de las primeras pruebas de embarazo, el test de la rana, una prueba que se usó intensivamente hasta los años 1960, cuando se desarrollaron los métodos hormonales, pero que continúa usándose en zonas rurales de muchos países latinoamericanos por su simplicidad y bajo coste.

Consiste en inyectar orina de la presunta embarazada bajo la piel de una rana o sapo hembra. La orina de la embarazada contiene GHC, una hormona específica que se produce en la placenta después de que un óvulo fertilizado se haya implantado en el útero y normalmente sólo aparece durante el embarazo. La GCH estimula la ovulación del animal. Si la rana desovaba en 24 horas, la prueba se consideraba positiva. El animal sobrevivía y podía ser utilizado para otra prueba, aunque dejando pasar una cuarentena.

Figura 2. Los médicos medievales, los llamados “profetas del pis” practicaban más la uromancia que los que hoy entendemos por urología. Para sus diagnósticos usaban la rueda de colores de la orina. Wellcome Collection, Londres.

Si la prueba de la rana nos parece hoy casi tan ancestral como las que practicaban los profetas del piss, más lo son las pruebas del embarazo que ya practicaban los médicos egipcios hace más de 3.000 años, porque para las mujeres de la antigüedad era tan útil saber si estaban embarazadas o no como lo es hoy.

La primera prueba de embarazo practicada con éxito se inventó en el antiguo Egipto. Las descripciones de la prueba de embarazo egipcia se encontraron en la colección de papiros Carlsberg fechada en 1350 a. C. Desde una perspectiva moderna, la prueba egipcia del embarazo era sumamente extraña. La prueba requería que una mujer orinara diariamente sobre semillas de cebada y trigo. Si la cebada crecía, nacería un niño; si germinaba el trigo, una niña; si ninguna brotaba, la mujer no estaba embarazada.

Los antiguos egipcios desaparecieron, pero su prueba de embarazo persistió después el del colapso del antiguo Egipto. La prueba reapareció en los textos médicos griegos y romanos y se utilizó también en la Europa medieval. La versión egipcia se describió en el manual más antiguo para parteras, The Birth of Mankind (El nacimiento de la humanidad) de 1540. La misma prueba apareció en 1714 en el Dreck-Apotheke (La farmacia sucia) de Christian Franz Paullini, un libro de texto sobre el uso de excrementos y secreciones humanas y animales, así como de componentes de sus cuerpos como medicamentos. Además de las heces y la orina, los órganos internos, la saliva, los mocos, el sudor, el semen, el cerumen, la sangre menstrual, las telarañas y las lombrices intestinales Paullini se recreó en compendiar un sinfín de medicamentos escatológicos cuyos ingredientes se utilizaron tanto interna como externamente.

La ciencia moderna está bastante de acuerdo con los antiguos egipcios porque, a pesar de su sorprendente rareza, la prueba era sorprendentemente precisa: orinar en cebada o trigo determina correctamente el embarazo en el setenta por ciento de los casos. Y, como cabía esperar, no se producía germinación de ambos cereales en la orina de mujeres no embarazadas ni en la orina de hombres.

Figura 3. Alegoría del empleo del trigo y la cebada en el Antiguo Egipto. Dibujo de Olivia Foster. Cortesía de Harvard University.

Sin embargo, si las semillas no brotan los científicos también saben que eso no significa necesariamente que la mujer no esté embarazada. Además, el sexo del bebé no se puede determinar usando cebada o trigo. Lo que sí se ha comprobado es que los niveles elevados de estrógeno en la orina de las mujeres embarazadas fomentan la germinación de semillas de cebada y trigo.

Pero orinar sobre las semillas de trigo y cebada no era la única prueba de embarazo del antiguo Egipto. Los antiguos egipcios tenían muchas más pruebas de embarazo, cada una de las cuales tiene una explicación científica que demuestra cuán extremadamente precisos eran los naturalistas y médicos del Antiguo Egipto.

En la prueba de la cebolla, la presunta embarazada tenía que introducirse una cebolla en la vagina antes de acostarse. Si por la mañana el aliento olía a cebolla, estaba embarazada. Hoy la ciencia ha demostrado que durante el embarazo hay un aumento del flujo sanguíneo a través de los vasos de la vagina, lo que da como resultado una absorción más rápida de los compuestos sulfúricos de la cebolla, lo que provoca un aliento característico.

Para practicar la prueba de la grasa, el médico ungía por las noches los pezones, los brazos y los hombros de una mujer con aceite o grasa. Por la mañana, si sus pechos eran de color oliváceo, estaba embarazada. Hoy en día, sabemos que durante el embarazo las venas de los senos se dilatan debido al aumento de los niveles de estrógeno.

Para practicar la prueba de leche materna con sandía, la mujer tenía que beber una mezcla de sandía y leche materna de otra mujer. Si vomitaba, estaba embarazada. Basaban esa prueba en la tendencia de las mujeres a sentir náuseas y vómitos en las primeras etapas del embarazo, porque el metabolismo femenino evita el consumo de cualquier sustancia que pueda perturbar el desarrollo del embrión o provocar un aborto.

En conclusión, la precisión de la prueba de embarazo egipcia basada en semillas de cebada y trigo era notablemente alta especialmente si tenemos en cuenta que la inventaron hace más de treinta siglos, cuando en la península Ibérica, en pleno Neolítico, los habitantes andaban todavía enredados levantando dólmenes y megalitos.

El único inconveniente de la medicina ginecológica egipcia era que había que esperar una semana para conocer los resultados. Pero, al fin y al cabo, todavía era más rápido que esperar nueve meses.

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.

 

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