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El estrés en las mujeres ha aumentado debido al teletrabajo y al cuidado de dependientes


Otra de las muchas consecuencias derivadas de la pandemia es el aumento del nivel de estrés para las mujeres durante sus horas de teletrabajo porque ellas, cuando conviven con personas dependientes, dedican más tiempo a su cuidado que los hombres.

Así lo ha sostenido la profesora de la IESE y directora del Centro Internacional del Trabajo y Familia (ICWF), Mireia Las Heras, durante la cuarta y última jornada del ciclo “Mujeres Invisibles“, un conjunto de coloquios que se celebran en el Palau Macaya de Barcelona sobre el impacto de la pandemia en las mujeres y su repercusión en sectores considerados esenciales, que se complementa con una exposición fotográfica de la Agencia Efe.

Las Heras, que ha participado en la conferencia junto a la doctora en Sociología Sònia Parella, ha aseverado que el estrés por la pandemia ha afectado a hombres y mujeres “en igual medida”, una situación que cambia cuando en la familia conviven niños, personas con discapacidad o ancianos.

En ese caso, las mujeres han reportado mayores niveles de estrés y angustia que los hombres, especialmente en el caso de madres solteras, por la “interferencia” de su vida personal sobre el ámbito laboral.

Mayores niveles de estrés y angustia en las mujeres

“Las mujeres han tenido una mayor fatiga mental y estrés en el trabajo en remoto debido a la dedicación a los hijos y dependientes”, ha resumido tras alertar que es “normal” que a la mayoría de personas no le haya “gustado” el teletrabajo en las condiciones en las que lo han tenido que poner en práctica durante el coronavirus. “Es como si has ido en patera por el Mediterráneo y dices que no te gusta un crucero. No tiene nada que ver”, ha enfatizado.

Según Las Heras, ellas han dedicado más tiempo a las tareas que los hombres y los han apoyado también en mayor medida para que pudieran “trabajar adecuadamente”, un dato que ha relacionado con el hecho que, durante la pandemia, ellos hayan asegurado “querer más” a sus parejas que al revés.

De hecho, gestionar la logística sanitaria ha afectado a la vitalidad y dedicación de las mujeres tanto en el trabajo como en la familia, un extremo menos evidente en el caso de personas cuyas parejas tienen “corresponsabilidad“.

Discriminación dentro de los colectivos de ‘Mujeres invisibles’

Por otro lado, Parella ha hecho énfasis en la “dimensión étnico racial” de la discriminación laboral de la mujer, ya que, como ha resaltado, la emergencia sanitaria ha golpeado con más dureza a los colectivos vulnerables, especialmente a las mujeres migrantes.

Tal como ha explicado, a la precarización laboral que suelen sufrir y la “explotación” socioeconómica de la que son víctimas, se ha añadido una mayor inseguridad frente al virus, puesto que muchas trabajan en el ámbito de los cuidados sin contrato laboral.

“La crisis sanitaria global ha ofrecido una oportunidad para reivindicar el cuidado como pilar, pero lo que muestran los datos es que muchas mujeres migrantes han experimentado mucha más presión y un mayor riesgo de perder el trabajo”, ha aseverado.

Además, estas mujeres disponen de menor cobertura de la seguridad social y de menos derechos, por lo que, ha lamentado, “aquello de que la crisis va a empujar hacia arriba a las cuidadoras, de momento está lejos de que sea una realidad”.

De acuerdo con Parella, las mujeres migrantes han sufrido infinidad de situaciones de “abusos” e incluso “confinamientos forzados” cuando han tenido que cuidar a personas muy vulnerables, ello en un marco jurídico que, a día de hoy, no las “protege”.

Potenciar las ayudas públicas como solución

Por eso, esta especialista ha apostado por potenciar la financiación pública para poder mejorar el sector sin favorecer la economía sumergida, lo que necesariamente pasa, ha subrayado, por desarrollar más políticas públicas en este ámbito.

“Ahora el cuidado se mercantiliza”, ha advertido al detallar que el acceso a profesionales del sector “depende de la capacidad económica” de las familias, lo que “genera desigualdades, precarización e informalización de las relaciones laborales”.

“Hay que dotar de una estructura bien remunerada al sector, pero sin financiación no es posible generar empleo decente”, ha añadido antes de zanjar: “Necesitamos otro tipo de modelo que no pivote necesariamente sobre familia empleadora”.

Con esta conferencia se ha puesto punto final al ciclo “Mujeres Invisibles“, comisariado por las periodistas Esther Grávalos y Carmen Domingo, que comenzó el pasado mes y que ha abordado la relación entre las mujeres con la sociedad, la sanidad, la política y el trabajo en la era covid.