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El feminismo sindical


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

El Feminismo sindical es sin duda una vertiente más del Feminismo de la Igualdad, sin duda de gran importancia, cuya finalidad es conseguir la Igualdad real y efectiva, entre sexos, en el ámbito laboral. Esto supone tener las mismas oportunidades y los mismos derechos laborales y económicos que los hombres para desarrollar un proyecto de vida en las mismas condiciones que ellos, para garantizar una independencia económica, con salarios y trabajos dignos, sin atisbos de violencias ni discriminaciones.

Dadas las características del movimiento obrero y sindical, cuyo fundamento es la lucha de clase para conseguir derechos laborales y sociales para los trabajadores, se podría pensar que la igualdad de oportunidades entre sexos ha sido una constante desde su inicio. Nada más lejos de la realidad.

En una sociedad patriarcal como la nuestra, con roles de género muy marcados, la incorporación al trabajo remunerado de forma generalizada de las mujeres no tuvo lugar hasta el siglo XX y podría decirse que hasta los años posteriores a la II Guerra Mundial. Sin embargo, el inicio lo encontramos casi un siglo antes, cuando la Revolución Industrial de finales del s. XIX, al necesitar mano de obra, recurrió a las mujeres. Así, por primera vez, las obreras alcanzan visibilidad. Al cambiar el hogar por la fábrica como espacio laboral, logran independencia económica, y llegan a convertirse en un problema social en la época, porque su mera existencia ponía en cuestión el modelo tradicional burgués imperante hasta el momento, el del "hombre proveedor de recursos para paliar necesidades en el hogar" y el de la “mujer cuidadora del hogar y la familia”.

Aun así, la mujer era figura secundaria a la del hombre dentro del núcleo familiar y se va a concentrar en ciertos empleos, generalmente los menos cualificados y peor pagados. La segregación sexual del mercado laboral estaba en marcha unida indefectiblemente a la discriminación salarial. Tales rasgos no tardaron en institucionalizarse porque garantizaban la continuidad del orden patriarcal establecido, de la estructura familiar y de las relaciones de poder dentro de ella. A finales del s. XIX en Europa, y principios del s. XX en España, la figura de la mujer trabajadora se va haciendo familiar y, pese a existir una gran variedad de situaciones, el perfil dominante es el de mujeres jóvenes y solteras. Con independencia del trabajo que realizaran los empleos femeninos, tenían en común largas jornadas de trabajo, salarios escasos e inferiores a los masculinos y deficientes condiciones materiales de las instalaciones, sobre todo en las fábricas. Esta situación provocaría que las mujeres obreras comenzaran a organizarse creando sindicatos propios y/o integrándose en sindicatos mixtos de la época, incorporándose definitivamente a la lucha obrera de clases.

Durante la II República, la sindicación femenina se acelera. En 1932, UGT cuenta con 231 sindicatos de obreras y 41.948 afiliadas, aunque apenas representan el 4% del total de sindicalistas. La menor extensión del sindicalismo de clase entre la población activa femenina no le va a impedir jugar un papel importante en la consecución de los derechos laborales y sociales de las mujeres, durante este periodo. Todo este auge del movimiento sindical femenino, desaparece durante la dictadura. Tras la guerra civil, muchas mujeres sindicalistas, fueron encarceladas o tuvieron que exiliarse para poder sobrevivir. La guerra acentuó los roles de género, acercando las posiciones sobre las mujeres tanto del bando republicano como del nacional. A medida que se acercaba el final de la misma, se imponía una división sexual del trabajo que se mantuvo casi inamovible a lo largo de las primeras décadas de la Dictadura y hasta bien entrados los años ’60. Destierro, depuraciones laborales y muerte condenaron a muchas mujeres trabajadoras a la necesidad, y a permanecer al cuidado del hogar y la familia, sometidas por un Régimen donde el único papel asignado era el de la reproducción.

El primer congreso de la UGT tras la muerte del Dictador, aún en la clandestinidad, es presidido por una mujer, Ludivina García, que pasaría a formar parte de la posterior Comisión Ejecutiva, y que jugaría un papel importante en la creación del Departamento Confederal de la Mujer Trabajadora de UGT en 1983, y del Instituto de la Mujer en el mismo año.

Aun así, el trabajo de las mujeres sindicalistas en esta etapa, no fue fácil. No se entendía, que las mujeres no constituimos un grupo, una comunidad, una categoría ni una minoría. Éramos y somos más del 50% de la población, y estamos mujeres en todos y cada uno de los grupos o minorías que se puedan considerar.

Sin duda, es difícil que la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres sea realmente efectiva en un sistema capitalista que genera desigualdades, de manera intrínseca. Aun así, merece la pena actuar a favor de la igualdad en el mundo sindical porque es necesario, que quienes desde sus orígenes se organizaron, como mínimo, para lograr mejores condiciones de vida y trabajo, atiendan a sus compañeras de clase de igual manera y no sólo en lo que atañe a las condiciones laborales sino, y eso es algo demasiadas veces ignorado por la acción sindical, en lo que afecta a las condiciones de vida cotidiana.

Hoy, un movimiento de mujeres feministas se está gestando en el ámbito sindical, especialmente en nuestro país, con gran tradición sindical y es este el lugar propicio para poner en valor la existencia de un “feminismo sindical” que busca deconstruir todo la estructura social y laboral establecida, para construir un mundo más libre y más igualitario.

Sin duda, es un desafío para este feminismo sindical, el superar la precariedad del trabajo femenino y la vulnerabilidad social asociada al solo hecho de ser mujer y tener por ello asignada una responsabilidad inconciliable entre el mundo del trabajo y el trabajo doméstico.

Somos las mujeres sindicalistas y feministas quienes ponemos en la agenda sindical, la problemática de la discriminación laboral de las mujeres trabajadoras.

Somos las mujeres sindicalistas y feministas las que planteamos cuestiones y acciones concretas relacionadas con las políticas de cuidado, con la brecha salarial, la doble o triple jornada laboral, el techo de cristal, el trabajo precarizado, la feminización de la pobreza, entre otros puntos.

Las Políticas Neoliberales que el gobierno del PP, Cs y VOX han ido aplicando con el pretexto de la crisis económica y sanitaria, están amenazando el tejido social y el bienestar de las personas en general, y de las mujeres en particular. En nuestra Comunidad muchas de las medidas que se están adoptando están agravando las desigualdades ya existentes entre mujeres y hombres, recortando la inversión pública en infraestructura social, (educación, salud, cuidados, protección social, etc.)

El Feminismo Sindical forma parte del ese gran Movimiento feminista Global, que estamos viendo resurgir en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Las mujeres feministas sabemos que unidas, podemos cambiar esta sociedad patriarcal que nos ha condenado a lo largo de la historia a la categoría de “ciudadanos de segunda”.

Por ello hago una llamada a las mujeres trabajadoras, para que se impliquen sindicalmente. Tenemos que luchar contra un sistema patriarcal que nos discrimina y debemos unirnos para construir otra realidad social y laboral que nos permita recuperar los derechos que la Historia y las políticas

Secretaria de Igualdad y Movimientos Ciudadanos UGT Madrid

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