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Concepción Arenal, ética y filosofía de la compasión

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Rebeca Grynspan: “Me hice feminista para luchar porque todas podamos llegar”

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Silvia Gil: “A las mujeres no se nos da la autoridad, tenemos que pelearlar”

Conocimos a Silvia Gil cuando le entregaron un premio. Enfundada en su impecable uniforme, con el tricornio bajo el brazo, cruzó el patio que conduce al salón de actos del CSIC con determinación y paso firme.

María Eugenia Gay: “Las mujeres debemos reivindicar lo que nos corresponde”

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Lita Cabellut: “En el pueblo gitano hay una generación con hambre de liberarse”

Lita Cabellut es una de las artistas españolas más cotizadas del mundo, con una vida y obra únicas. Afincada en La Haya (Holanda) ha visitado Madrid recientemente para participar en un debate sobre “Mujeres excepcionales”.

Anna Ferrer, 50 años ayudando a los “intocables”

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Princesas con tatuaje o traición de la realidad


Pipi Calzaslargas. Pipi Calzaslargas.

La literatura infantil y juvenil consideramos de ella que es el primer eslabón hacia el conocimiento, la igualdad y el encuentro con el individuo en la sociedad. Nadie crea que la situación ha mejorado en cuanto a esto, pues al tiempo, que se dieron ciertos pasos para progresar en dicho conocimiento de la mujer y su identidad, la confusión invadía la crítica y la creación.

En 1994, Teresa Colomer analizaba los cambios que se habían producido en el ámbito de la igualdad de género en las publicaciones de la LIJ, desde la década de los 70, en un artículo titulado “A favor de las niñas: El sexismo en literatura infantil”. A pesar de los avances y de publicaciones como Las tres mellizas, de Roser Capdevilla, serie episódica comenzada en 1983, y después adaptada a la televisión, donde las protagonistas son niñas, el balance que desglosa Colomer no es optimista. Los roles de género en la LIJ no han cambiado demasiado a pesar de publicaciones con un claro marchamo feminista, como la colección de Lumen “A favor de las niñas”. Tampoco las protagonistas niñas alcanzan a rivalizar en un espacio en el que siguen predominando héroes masculinos. Todo es un falso espejo.

Vuelve a llamar la atención sobre el tema un artículo publicado en 2009, “Princesitas con tatuaje: las nuevas caras del sexismo en la literatura juvenil”, donde la alerta es máxima, al detectar que los esfuerzos realizados desde los años 70 para alcanzar la igualdad de género se ven banalizados e incluso con retrocesos preocupantes en la publicación de novelas donde los arquetipos y los roles femeninos no dejan de ser “rosas”. Ahí, sin ir más lejos, se observa, que las relaciones de poder continúan estableciéndose con la argumentación de salvadores masculinos. Si bien en la Literatura Infantil el fenómeno comercial de libros expresamente lanzados para adolescentes, no acentúa de una manera tan clara esta visión tópica. Colomer examina un proceso que forma parte de un fenómeno social y que se proyecta en la LIJ. Lo políticamente correcto e incluso la “madrastra pedagógica”, utilizada por el mercado editorial, han colonizado los espacios críticos instaurando una visión conservadora y también fuertemente ideologizada. La banalización de las conductas o la desinhibición sexual en el caso de la literatura para jóvenes, no implica que las adolescentes vayan a alcanzar un estatuto personal de florecimiento personal más allá de los roles de sumisión. Por supuesto que no, nadie crea –repito- que se ha mejorado en materia literaria que no es sino es espejo e imagen de la vida.

La cuestión resulta contradictoria en apariencia, si pensamos en las polémicas surgidas, por ejemplo, en torno a los cuentos de hadas y los roles de género, que tiene otros cauces de resolución didácticos, como el cambio de roles, que no afecta a la materia primaria del cuento. Y también porque los cambios se han operado en algunas películas donde las protagonistas son heroínas (desde Pocahontas, Mulan, hasta Brave) que forman parte del imaginario social infantil como lo han sido las relecturas de Disney en los años 50 y 60 del siglo pasado. El aumento y la inquietud por la violencia de género en edades tempranas de la adolescencia forman parte de este fenómeno, ya que sorprende que la coeducación y los avances legislativos no hayan sido capaces de corregir ciertas desviaciones. Acierta probablemente Colomer en su diagnóstico, al situar el fenómeno en la mercantilización de las novelas para jóvenes y otros subproductos que han adaptado fórmulas de liberación sexual, en sus aspectos más superficiales, sin profundizar en ningún momento en la necesidad de formar personas plenas de manera integral. Es este uno de los cauces de la desestabilización y desconcierto.

La literatura, por otra parte, forma parte de una transmisión larga en la que se reproducen modelos del imaginario colectivo, de la idealización, pero también de la realidad. Así ocurre con Mujercitas, de L. M. Alcott, donde se transcriben los esquemas domésticos y los matrimonios como finales felices para las mujeres, incluso para la “rebelde” Jo. Madres, cuidadoras, costureras y cocineras son papeles preponderantes. Los roles masculinos en la LIJ, en su función de héroes, están muy definidos, de igual manera que los de las niñas. La etiqueta de literatura para mujeres, tampoco ha ayudado demasiado, confinando un tipo de escritura para un público determinado que también es mayoritario y, por tanto, fácil de manipular como instrumento comercial. En este sentido podemos incluir la exitosa saga de Crepúsculo, cargado de simbología indescifrable para almas sensibles.

Es importante, en este sentido, considerar las dificultades de lograr una Literatura Infantil no sexista. Incluso los libros que recogen entre sus mensajes la no discriminación, en ocasiones no son sino inversiones de modelos masculinos, porque la literatura es reflejo de la sociedad y este fenómeno también se ha producido en el ámbito de la mujer que ha conquistado posiciones de poder. Así, la interiorización de modelos, la configuración de los mismos géneros literarios y temáticos determinan de alguna manera el problema del sexismo en la LIJ. Los programas de Buenos Tratos desarrollan interesantes propuestas en la confección de materiales, como los laboratorios teatrales, que cumplen una buena función, y promueven la lectura de textos clásicos (Alicia en el país de las maravillas, de L. Carroll; Pipi Calzaslargas de A. Lindgren; Matilda de R. Dahl; Me importa un comino del rey pepino, de Atalanta, de Rodari; C. Nöstinger…) con otras lecturas provenientes de la colección “A favor de las niñas” (La mano de Milena o El jardinero astrólogo de A. Turin), con otros en los que la identidad de género tiene prioridad y también los cambios en los roles. Como los dedicados a mujeres creadoras (Frida Kalo); el álbum ¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa?, de Raquel Reguera; P de papá de Isabel Martins con ilustraciones de Bernardo Carvalho.

Al tiempo los roles se duplican, aumenta la división y la confrontación. Los chicos, tampoco se encuentran exactamente retratados con tanto héroe que todo lo tiene que hacer bien, o que viene predestinado al mundo para tener que mantener una familia, quiera o no. La mayor parte de la LJ se dirige a las chicas, dejando a los chicos sin su libro de bolsillo porque en ciertas edades no es grande la oferta ni el compromiso. Modelos irreales de plástico donde nadie se reconoce. Casi todo permanece igual que antaño en materia literaria, porque se traiciona la realidad.

La reflexión sobre un tema tan importante debe incluirse en la educación emocional de la infancia, la prevención de la violencia de género y de la ejercida dentro y fuera de las aulas debe funcionar como una voz de alerta. La contradicción que supone desterrar lo políticamente incorrecto no ha resuelto la perpetuación de modelos y roles, más bien al contrario, nos ha desposeído de algunas maestras y las ha alterado con poco criterio. Ni la LIJ ni la escuela pueden quedar al margen del compromiso con la erradicación de la violencia machista.  

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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