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Victoria Ocampo (1890-1979). Feminista, reivindicativa e icono cultural bonaerense


Victoria Ocampo firmando libros en El Ateneo, Buenos Aires, 1967 Victoria Ocampo firmando libros en El Ateneo, Buenos Aires, 1967

Mi esperanza es muñón de mí misma

que volteo y que ya es rigidez

Gabriela Mistral

Me propongo hablar hoy de una gran mujer, Victoria Ocampo. Culta, preparada, notable ensayista y feminista consecuente que, conscientemente buscó romper los techos de cristal que impiden a la mujer gozar de una visibilidad intelectual.

Probablemente su realización más meritoria y duradera fue dirigir muchos años la mítica revista Sur, que vino a desempeñar, para las letras y el pensamiento argentino, un papel similar al que tuvo la Revista de Occidente en los años veinte y treinta de mil novecientos, en nuestro país.

Pionera en diversos ámbitos, fue la primera mujer en ingresar en la Academia Argentina de las Letras. Exigir reconocimiento y tener acceso a lugares reservados exclusivamente a los varones, suponía y sigue suponiendo, pagar un precio muy alto. Como es fácil de imaginar fue atacada, inmisericordemente y, procuraron cerrarle todas las puertas de acceso al lugar que pretendía ocupar con todo merecimiento.

Tuvo una excelente educación… pero se negó a aceptar el papel y la función que le asignaban a la mujer. De carácter decidido, gran capacidad combativa y luchadora sin descanso ni tregua pensaba que, aunque con prudencia, no está de más, de cuando en cuando, meter el dedo en la llaga.

Tenía una enorme confianza en el poder regenerador de la cultura, en la palabra y en el espíritu crítico. Era consciente de que las estructuras patriarcales convertían la realidad cotidiana en una auténtica distopía… quiso hacer de su vida y lo logró, un meta-relato emancipador.

De naturaleza un tanto contradictoria, solía desconcertar a quienes esperaban de ella un comportamiento menos valiente y rupturista. Sus principios eran firmes pero su forma de llevarlos a cabo flexible. Un escritor, como Jorge Luis Borges, tan inteligente, complejo y tan poco dado a los elogios, llegó a decir de ella: “Todo lo que ha hecho me parece muy notable”. Por otra parte, Ernesto Sábato, tan remiso a la hora de prodigar alabanzas, afirmó en más de una ocasión que la cultura argentina debe mucho a esa mujer tan obstinada.

Como pensadora era exigente y concienzuda. No es justo observarla tan sólo desde el prisma de promotora de la cultura. La exquisita calidad de su prosa puede disfrutarse leyendo su autobiografía así como sus artículos, conferencias y ensayos. Digo esto, porque para algunos leerla constituirá un auténtico descubrimiento, que irá acompañado del reconocimiento… que le fue explícitamente negado durante demasiados años.

Si esto ocurría en su Argentina natal, es preciso imaginarse que la recepción de su pensamiento y su prosa ha sido notablemente escasa en nuestro país. Constituye una excepción Ortega y Gasset que le abrió las páginas de su revista y que la tenía en una alta consideración. Es igualmente significativo que se la haya acusado de clasismo y elitismo, especialmente porque a ningún otro intelectual o escritor varón ha merecido ese calificativo, aunque procediera del mismo círculo social.

Era una mujer intuitiva y procuraba calibrar lo que depende y lo que no depende de nuestras decisiones… para dar los menos pasos posibles en falso. Hay que decir en su favor, que creía que aunque era difícil podían cambiarse las cosas con esfuerzo. Logró dejar un sello indeleble y múltiples huellas de sus innovaciones conceptuales aunque solían ir acompañadas de algunas extravagancias y salidas de tono.

Lógicamente le producía una honda insatisfacción lo que otros calificaban como el curso natural de las cosas. Intuitiva e inteligente como era, entreveía que las interpretaciones eran, con frecuencia, conflictivas… y en ese sentido rara vez, rehuía el debate, ni defender puntos de vista polémicos. Trabajaba con tesón, lo que podríamos definir como la arquitectura de las decisiones. Hay que tener una gran confianza en sí mismo para atreverse a afrontar y enfrentarse a perspectivas sociales sin duda, reaccionarias y desfasadas.

Casi todo es cuestión de perspectiva. Para mí uno de sus indudables logros fue tomar conciencia de que hay impulsos cívicos que no han tenido, hasta el presente quien los articule culturalmente. Incorporar la voz de la mujer a la historia del pensamiento era una tarea que merecía ser asumida y a ella consagró sus mejores esfuerzos. Su lucha en pro de una óptica feminista, puede decirse que adquiere una dimensión ontológica.

No quiero rehuir temas espinosos como el de la relación con su hermana Silvina Ocampo. Hubo tensiones y rivalidad manifiesta entre ambas. Creo que a este respecto será de mucha utilidad leer el ensayo “La hermana menor, retrato de Silvina Ocampo” de la periodista argentina Mariana Enríquez. Se ha incurrido en encumbrar a una para menospreciar a la otra. Craso error, son plenamente complementarias y representan dos puntos de vista válidos. Tanto la ensayista como la novelista y autora de retratos breves, se han ganado un lugar en las letras argentinas.

A Victoria Ocampo no solía gustarle desvelar cuestiones íntimas, sin embargo, hay juicios suyos que dejan poco lugar a dudas, llega a calificar a su hermana de persona disfrazada de sí misma. Para rebuscar algunos comentarios que procuraba que no salieran a la luz, hay que consultar sus diarios, ya que era una diarista muy perspicaz e interesante. En privado se expresaba con sinceridad. Se han realizado diversos acercamientos psicoanalíticos en este mismo sentido. Victoria Ocampo solía establecer nítidamente los límites de su territorio y marcaba las líneas rojas en lo que concernía a su intimidad.

Conocemos que uno de sus constantes objetivos era transcender artísticamente las circunstancias que la rodeaban y, en cierto modo, la recluían. Sus textos son más de una vez y más de dos, un excelente diagnóstico para escrutar la sociedad en que le tocó vivir, desde un punto de vista femenino. Para ella, el uso del lenguaje era primordial, es más, un auténtico instrumento de precisión. Rehúye constantemente, eso sí, las banalidades y los lugares comunes. Tal vez, por eso, su literatura y no sólo la memorialística tiene un no sé qué de alumbramiento.

No solía dar puntada sin hilo. Como reconoce explícitamente, su autobiografía tiene la pretensión, tal vez irrealizable, de adelantarse a las biografías que en el futuro pudieran dedicársele. Por eso, precisamente, por eso, hay que leer “Darse” con mucha atención y también la magnífica introducción que el escritor y crítico literario Carlos Pardo realiza, ya que supone un privilegiado punto de vista para penetrar y descubrir a Victoria Ocampo a través de ella misma.

En buena medida en nuestro país Victoria Ocampo está por descubrir. Buena parte de su obra ensayística y su defensa de las ideas feministas han sido poco exploradas o permanecen todavía en la penumbra.

Aunque no se le hayan reconocido sus méritos fue vanguardista, pionera en diversos ámbitos, viajera pertinaz y traductora. A este respecto es digno de mencionarse que solía traducirse a sí misma, ya que muchos de sus textos están originalmente escritos en francés.

Es significativo y una prueba más de su excelente nivel cultural que muy joven aún, se atreviera a escribir sobre “La Divina Comedia” de Dante Alighieri. Sus planteamientos feministas son ostensibles desde su primera obra “De Francesca a Beatrice”, 1924.

En 1936 fundó la Unión Argentina de Mujeres (UAM) junto a Susana Larguía Barrenechea y la también escritora María Rosa Oliver Romero. Los años treinta fueron convulsos y de auge de los totalitarismos, principalmente en Europa, pero sus consecuencias se manifestaron ampliamente en diversos países latinoamericanos como Argentina o Chile.

Victoria Ocampo, tanto desde las páginas de Sur como desde la UAM, defendió incansablemente los derechos de la mujer. Eran años difíciles. Los sectores más reaccionarios de la sociedad argentina, al igual que en diversos países europeos, pretendían reformar el Código Civil con la finalidad de que ninguna mujer casada pudiera aceptar trabajos o ejercer su profesión sin la expresa autorización del marido. Tendemos a caer en el pesimismo y a no tener en cuenta los “triunfos significativos” que se consiguieron a través de la lucha y la movilización. En esta ocasión las feministas y los sectores progresistas triunfaron.

Quizás sea este el momento para señalar que entre el plantel de colaboradores de la revista Sur se encuentran escritores de la talla y del talento de Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Enrique Anderson Imbert o Adolfo Bioy Casares, a la sazón marido de su hermana Silvina. Entre los objetivos más destacados de esta espléndida revista, puede citarse que divulgó el pensamiento y la literatura internacional más vanguardista de esos años.

Tenía una probada capacidad de trabajo. En medio de una sociedad que veía con hostilidad, mal disimulada, que la mujer ocupase puestos, que tradicionalmente había desempeñado el varón, había que seguir una estrategia prudente y gradualista. Había que actuar con cordura, a fin de que las reivindicaciones feministas fueran ganando terreno. Sus planteamientos fueron luminosos y modernos.

Otra faceta en la que no se ha insistido lo suficiente es la de que promovió incesantemente usos y hábitos cívicos. Tenía pleno sentido, sin ir más lejos, defender las ideas laicas en una sociedad donde el peso del conservadurismo se dejaba sentir con fuerza.

Tenía las ideas muy claras. Rehuyó, conscientemente, aquellos movimientos vanguardistas a los que podría definirse “como significantes vacios de significados”. Con sencillez pero con firme fundamento fue abanderada de las nuevas ideas. Tuvo una formación “muy francesa” pero, al mismo tiempo, como manifestaba en más de una ocasión era “muy criolla”.

Vivió momentos difíciles, donde asomaba en lontananza y con toda su crudeza “el calvario de la derrota”. El camino que eligió era largo y tortuoso aunque también encontró oasis de frescura y personas inteligentes con quien compartir sus experiencias.

Su formación humanista era sólida. Siempre creyó que una vida sin reflexión y sin someter a examen y crítica los proyectos carecía de sentido. Su vida intensamente intelectual fue un intento de resolver muchos porqués. Contar su propia historia, para ella era una forma de indagar sin concesiones el papel y las dificultades de la mujer para dejarse oír y para romper ataduras. Es el suyo, por tanto, un testimonio imprescindible no sólo para las letras argentinas, sino para la penetración del feminismo en Latinoamérica durante esos años.

Tuvo amistad con Gabriela Mistral con quien compartía muchas cosas. Se conocieron en Madrid a través de María de Maeztu y establecieron una correspondencia, que nos permite conocer aspectos sobre los que no se ha hecho hincapié de la nueva mujer criolla, su visión del mundo y sus expectativas.

A este respecto sugiero la lectura del libro de Elizabeth Horan, “This America of Ours: The correspondence of Gabriela Mistral y Victoria Ocampo” University of Texas Press, ed. Austin TX. Les aseguro que no les dejará indiferentes conocer los puntos de vista, experiencias, ilusiones y angustias que están muy presentes en este intercambio epistolar.

Entre los diversos géneros que Victoria Ocampo cultivó creo que donde mejor se expresa su personalidad, sus inquietudes y su compromiso es en el ensayo. En estos tiempos en el que se usa, abusa y banaliza tanto el verbo compartir, ella hizo un auténtico esfuerzo por comunicar sus ideas, por animar los movimientos a los que pertenecía o con los que simpatizaba y por encontrar un nivel de complicidad con sus lectoras. Tenía un intenso brillo en la mirada que se trasladaba a la pluma. Padeció ataques y sufrió no pocas heridas que fueron dejándole cicatrices en la piel. ¡Quién ha dicho que ganar la independencia sea ni fácil, ni cómodo!

En los círculos en que acostumbraba a moverse, a menudo calificados de elitistas, siempre que les era posible los presuntuosos, los egocéntricos le cerraban el paso tanto por razones de género como por soberbia. Frente a tanto oportunismo y ventajismo, en ocasiones Victoria Ocampo se veía obligada a emplear paradojas en lugar de atacar de frente, aunque en otras ocasiones se movía en línea recta y no se apartaba de sus objetivos.

Es lamentable y, desde luego, triste que en esta época de proliferación de simplismos y banalidades haya personas que no han leído un libro en su vida. Leer, sin duda, nos hace mejores y también más despiertos.

Mi propósito al escribir este somero ensayo no es otro que reivindicar el pensamiento y la actitud valiente de Victoria Ocampo. Cuando predominan las fake news y el simplismo se ha convertido en norma, es una necesidad imperiosa conocer el pensamiento de personas tan poliédricas como Victoria Ocampo.

Cuando se lo proponía era corrosiva y sabía advertir, con un sentido del humor muy porteño, el peligro que suponen las falsas soluciones autocráticas. No quiero poner fin a estas reflexiones sin señalar que entre las lagunas existentes en nuestra formación, una bien evidente es el desconocimiento y desinterés por la literatura y el pensamiento latinoamericano, dejando al margen algunos autores como el colombiano y máximo representante del “boom” latinoamericano de los sesenta, Gabriel García Márquez.

Desde luego, el pensamiento de la primera mujer que logró penetrar en un espacio exclusivo de los varones, como la Academia Argentina de las Letras, no solo merece la pena ser recordada sino que sus planteamientos tan vivos, tan mestizos y tan poco valorados, nos son muy útiles para comprender buena parte del siglo XX… visto desde la óptica latino-americana.

Por todas estas razones y otras que me guardo para una próxima colaboración, creo que es de justicia romper una lanza por quien tanto luchó en pro de ideales tan nobles.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.