Fernando Caruncho, un jardinero español en París para recuperar la esperanza

  • Escrito por María D. Valderrama
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El paisajista español Fernando Caruncho en su salón de exposición de París durante una entrevista con Efe con motivo de la presentación de su proyecto "La nuit de Spirite" en el Palacio Real de la capital francesa. Caruncho está convencido de que la naturaleza es el método más efectivo para recuperar la fe en el humanismo. EFE/María D. Valderrama El paisajista español Fernando Caruncho en su salón de exposición de París durante una entrevista con Efe con motivo de la presentación de su proyecto "La nuit de Spirite" en el Palacio Real de la capital francesa. Caruncho está convencido de que la naturaleza es el método más efectivo para recuperar la fe en el humanismo. EFE/María D. Valderrama

Contra el hastío y el escepticismo, jardines. Tras 40 años de trabajo, el paisajista español Fernando Caruncho está convencido de que la naturaleza es el método más efectivo para recuperar la fe en el humanismo, una filosofía que este martes pondrá en práctica en el Palacio Real de París.

No quiere -dice- que lo llamen paisajista. Caruncho (Madrid, 1957) es un jardinero que considera que el jardín puede devolver la esperanza en la belleza del mundo. "Pero necesitamos cambiar la mirada y mirar a través de las pequeñas llamas que tenemos dentro de nosotros pero que las circunstancias nos apagan", dice Caruncho en una entrevista a Efe, con motivo de la presentación de su proyecto "La Nuit de Spirite".

"Spirite", Espirita en español, es el nombre de una novela del escritor Théophile Gautier y del personaje que encarnaba el alma del protagonista, Guy de Malivert, "un escéptico deprimido", según el jardinero.

"Lo que queremos decir es: en el jardín se esconde el espíritu del ser humano, vuelve al jardín para recuperarlo", explica. No se trata del lema de una marca deportiva ni de un libro de autoayuda, sino de una "vuelta a los orígenes" que desde hace un centenar de años Europa ha perdido de vista, y que Caruncho busca recuperar desde hace cerca de medio siglo. "Desde la Bauhaus, la arquitectura ha olvidado por completo el mundo del jardín.

Eso ha sido un gravísimo error que Europa está pagando muy duro porque nos ha desconectado del mundo de la naturaleza, que es nuestra madre, la que nos da de comer", señala.

Mientras el equipo que fabrica sus faroles de cobre prepara la instalación en los jardines del Palais Royal, en un espectáculo que tan solo se mostrará durante la tarde de este martes, Caruncho se muestra halagado de que el Ministerio de Cultura francés, el Centro de Monumentos Nacionales y el dominio del mismo Palacio le hayan invitado a crear este proyecto efímero. Cuando duda, y antes de responder, pide unos minutos para reflexionar la pregunta con un paseo.

No sin motivo, a Caruncho lo llaman "El jardinero filósofo": es un hombre tranquilo que llegó al jardín en busca de una verdad que había creído poder encontrar a los 19 años en las aulas de filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid.

Pero la respuesta vino tres años más tarde, cuando estudiaba el pensamiento griego. "Estudiando a los griegos me doy cuenta de que dios había muerto, es lo que dijo Nietzsche; la filosofía era una especulación ridícula al lado de la ciencia; la poesía, ¿para qué?, solamente nos habíamos quedado con la ciencia, que es con lo que nos hemos quedado, y esto es un riesgo inmenso", lamenta.

A partir de ahí, y con el recuerdo de la fuerte emoción que le había producido el contacto con la naturaleza en Ronda, donde vivían sus abuelos, encontró la verdad que buscaba.

"Hay que volver al origen, y el origen está en el jardín. Epicuro dice: 'No se puede entender la verdad si no es desde el jardín'. Por eso el jardín es tan importante en el siglo XXI, más que nunca. Es más, creo que el siglo XXI será un mundo en el jardín o no será", sostiene.

Caruncho defiende el lugar del jardín en las ciudades como un templo donde no hay ideología, religión ni política. El único lugar donde el hombre puede encontrar la intimidad, recuperar su entusiasmo y su parte sagrada; el lugar donde puede seguir creyendo ciegamente en la "belleza del mundo".

Insiste en que se nace con esa sensibilidad pero "hemos dejado de transmitirla a nuestros hijos". En sus minimalistas y geométricos jardines ha reflejado sus raíces gallegas y andaluzas ("La Alhambra es sin duda el origen del jardín europeo"), pero también su visión histórica y filosófica del jardín como símbolo de la concordia y de reencuentro con los valores del humanismo, donde se firmó la paz de algunas de las guerras más mortíferas de la Historia.

Y si lamenta que desde la Primera Guerra Mundial los jardines hayan pasado a ser vistos como una cuestión elitista, constata ahora que la tendencia se invierte. "Eso es un rollo inventado. El jardín tiene un fundamento popular muy importante", afirma.

"Nuestra responsabilidad era haber mantenido la Madre Nutricia. Mientras el político y el gran empresario no entiendan que el mundo de la educación y la transmisión de valores es la transmisión de su propio futuro, esto no va a funcionar. Ya es hora de que la gente entienda que tenemos una responsabilidad con la naturaleza", concluye.