El viaje exprés al yihadismo de un carpintero marroquí

  • Escrito por Mohamed Siali
  • Publicado en Internacional
Fotografía tomada el pasado 2 de mayo de 2019 y facilitada este miércoles 30 de octubre que muestra a Abdelsamad El Yud (de blanco), un carpintero de 26 años, el cabecilla de la célula terrorista que decapitó en 2018 a dos turistas escandinavas cerca de Marrakech, condenado a muerte y cuyo juicio se encuentra hoy en su última sesión de apelación. EFE/Mohamed Siali 	   Fotografía tomada el pasado 2 de mayo de 2019 y facilitada este miércoles 30 de octubre que muestra a Abdelsamad El Yud (de blanco), un carpintero de 26 años, el cabecilla de la célula terrorista que decapitó en 2018 a dos turistas escandinavas cerca de Marrakech, condenado a muerte y cuyo juicio se encuentra hoy en su última sesión de apelación. EFE/Mohamed Siali

El cabecilla de la célula terrorista que decapitó en 2018 a dos turistas escandinavas cerca de Marrakech, condenado a muerte y cuyo juicio se encuentra hoy en su última sesión de apelación, llegó a planear incluso el asesinato de su mentor en el islam salafista.

Este proceso acelerado de radicalización, y hasta de separación de sus aliados, se observa cada vez más dentro del yihadismo global. Para Abdelsamad El Yud, un carpintero de 26 años, el jeque Mohamed al Magraui, quien lo inició en el islam rigorista es, pese a su severidad, un "apostata" porque evita enseñar a sus discípulos que la yihad o guerra santa es un "deber religioso".

El terrorista dijo durante el proceso de apelación, en el que la corte ha juzgado también a 23 de sus socios, que comenzó a sentirse musulmán el día que se desvinculó de Al Magraui y pasó a seguir al grupo terrorista Estado Islámico (EI).

Al Magraui pertenece a una corriente salafista (Al Yamiya) que cree en la posibilidad de establecer una sociedad puramente musulmana mediante la predicación, sin recurrir a la violencia, e incluso acepta el apoyo a algunos partidos políticos si eso contribuye a cumplir dicho objetivo.

El analista holandés Halim Madkuri, estudioso del fenómeno de la radicalización entre los musulmanes, explicó a Efe que los islamistas radicales rompen su ideología cuando este sistema de ideas es superado por la realidad y se ven obligados a revisarlo hacia una visión más rigorista.

En ese momento, se produce lo que el analista llama "apertura cognitiva", una fase que empuja al islamista radical a superar sus creencias anteriores y a buscar otras aún más extremistas que le permita una explicación que dé una respuesta más decisiva a la realidad.

La radicalización es definida por los expertos como el proceso de adopción de un sistema de ideas extremistas que incluye la disposición a emplear la violencia como una de las herramientas para conseguir un cambio social.

En cuanto al ritmo de ese proceso, un experto del servicio antiterrorista español, que pidió el anonimato, explicó a Efe que el plano psicológico último de la radicalización es aquel en el que el radicalizado "cosifica" a las personas: "pierde el sentido de la compasión porque no mata a personas, sino que mata cosas".

El responsable de seguridad añadió que lo que más cambia la estabilidad cognitiva de un islamista radical hasta convertirlo en una maquina de muerte es el estímulo ofrecido por aquellos lugares del mundo musulmán sometidos a tensión bélica.

En un primer momento, El Yud planeó ir a Siria a luchar en las filas del Estado Islámico (EI), pero fue arrestado y cumplió una pena de prisión en el marco de la ley antiterrorista marroquí por intentar viajar a un foco de conflicto.

Ante esa situación decidió perpetrar ataques en Marruecos con la ayuda de cómplices, algunos de ellos a los que conoció en la cárcel. Aunque sus objetivos iniciales sean los mismos -establecer una sociedad "puramente musulmana"- su exmentor Al Magraui mantuvo una fuerte estabilidad ideológica y optó por el pragmatismo y el pacifismo (la predicación y a veces la participación política) para conseguir un cambio social que responda a las exigencias del islam.

Pero su discípulo Al Yud -según declaró en el juicio- llegó a la conclusión de que la opción del jeque no solamente es inútil, sino que obstaculiza la aplicación de la yihad como obligación divina porque esa línea pacífica no consigue frenar "el sufrimiento de los musulmanes en Siria", algo que lo tenía "conmocionado".

Para el joven carpintero, su motivación fundamental no es solamente la defensa de los "inocentes oprimidos" en Siria ni el cambio de un "régimen apóstata" en Marruecos, sino una guerra global entre musulmanes e infieles.

De hecho, cuando el abogado de las víctimas preguntó al terrorista si aceptaría pedir perdón a los familiares, respondió que eran ellos quien deberían pedir perdón porque él mató a "dos cruzadas (cristianas), mientras que los cruzados han asesinado a millones de musulmanes".