La sombra del espionaje e injerencia china que inquieta a Australia

  • Escrito por Rocío Otoya
  • Publicado en Internacional

La sombra del espionaje chino y las sospechas de vínculos de políticos australianos con China inquietan a Australia, un país con una gran dependencia económica del gigante asiático.

A pesar de las evidencias que apuntan a China, las autoridades australianas se resisten a culpar directamente a este país, mientras que el Gobierno chino niega cualquier injerencia o espionaje en suelo australiano.

El Parlamento australiano sufrió un ciberataque el pasado febrero que permitió a sus autores acceder a documentos en materia tributaria y diplomática, además de a correos electrónicos de legisladores, unos tres meses antes de las elecciones generales.

Esta semana, fuentes anónimas de la agencia australiana de espionaje de las comunicaciones (ASD, por sus siglas en inglés) indicaron a Reuters que el responsable fue el Ministerio de Seguridad de China, una noticia que confirma las sospechas de muchos australianos.

La Administración del primer ministro australiano, Scott Morrison, que en su día achacó el ataque a un "sofisticado" grupo controlado por un Gobierno extranjero, no ha querido pronunciarse acerca de las nuevas filtraciones que apuntan a China.

El Gobierno de Morrison nunca se ha referido abiertamente a Pekín, que niega la autoría del ataque al Parlamento, aunque en los últimos meses ha aumentado los controles para intentar contrarrestar la interferencia extranjera en la política doméstica.

A principios de mes, el saliente director general de la agencia australiana de espionaje nacional (ASIO), Duncan Lewis, dijo que las principales amenazas a la seguridad nacional son el espionaje y la interferencia extranjera, así como los ciberataques y el terrorismo.

Pese a que la evidencia indica que algunos ataques cibernéticos provienen de China, la identidad de sus autores no es tan evidente, dijo a Efe Adrian Hearn, experto en relaciones internacionales de la Universidad de Melbourne.

"Debemos reconocer que los intereses y capacidades de 1.400 millones de ciudadanos chinos y sus gobiernos municipales, provinciales y nacional son muy diversos y a veces contradictorios. No es muy útil echar la culpa simplemente a 'China' como si fuera un país y sistema homogéneo", precisó Hearn en un mensaje electrónico.

Por su parte, el experto en ciberpolítica del Instituto Australiano de Políticas Estratégicas, Fergus Hanson, expresó en Twitter que "es una vergüenza que la autoría del ataque al Parlamento australiano y a los principales partidos políticos se dé nuevamente a través de una filtración a los medios".

No solamente el Parlamento ha sido víctima de ciberataques, también lo fue en 2015 el sistema informático de la Oficina de Meteorología de Australia, así como la Universidad Nacional Australiana, este año, entre otras instituciones y empresas.

El escenario político en Camberra también se encuentra agitado por los supuestos lazos del Partido Comunista Chino con la legisladora Gladys Liu, de la coalición gobernante, mientras que hace dos años el senador laborista Sam Dastyari dimitió por sus nexos con el empresario chino Huang Xiangmo, vinculado a Pekín.

Huang también está vinculado a una supuesta donación ilegal en 2015 de 100.000 dólares australianos (68.307 dólares estadounidenses o 62.146 euros) a la filial del Partido Laborista en el estado australiano de Nueva Gales del Sur que está siendo investigado por la Comisión Independiente contra la Corrupción (ICAC, siglas en inglés).

El pasado diciembre, las autoridades australianas cancelaron la residencia permanente de Huang, cuyos activos fueron congelados esta semana debido a una presunta evasión tributaria que se calcula en unos 140 millones de dólares australianos (95,8 millones de dólares estadounidenses o 87 millones de euros).

También las protestas prodemocráticas en Hong Kong han afectado a Australia cuando el pasado julio se produjeron enfrentamientos en la Universidad de Queensland entre estudiantes chinos a favor y en contra de las movilizaciones.

Tras los incidentes, el ministro australiano de Educación, Dan Tehan, anunció medidas para proteger la injerencia extranjera en sus universidades ante los ataque cibernéticos y casos de autocensura de estudiantes e investigadores por miedo a represalias.

Pese a que siempre se relacione de forma velada a China con los ciberataques y la injerencia política, Pekín rechaza las acusaciones y considera que los medios australianos son "paranoicos" y "racistas" cuando informan sobre China, al mismo tiempo que insta a Australia a rechazar "la mentalidad de la Guerra Fría" en aras de una buena relación.

China es el principal socio comercial y mayor consumidor del carbón de Australia, con una balanza comercial de 131.500 millones de dólares (118.800 millones de euros), lo que supone un 29 % del comercio exterior australiano.

No obstante, las fricciones políticas sí afectan a algunas decisiones estratégicas relacionadas con la economía y el año pasado Australia bloqueó la entrada de las empresas chinas Huawei y ZTE en las concesiones de su red de quinta generación (5G) por razones de seguridad.