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El Partido Socialista francés busca la fórmula de su reinvención a los 50 años

El primer secretario general del Partido Socialista (PS), Olivier Faure.EFE/ Caroline Blumberg/Archivo El primer secretario general del Partido Socialista (PS), Olivier Faure.EFE/ Caroline Blumberg/Archivo

Cincuenta años después del nacimiento del Partido Socialista (PS) francés, esa formación actualmente liderada por el moderado Olivier Faure, pelea por su supervivencia en un panorama político en el que ha perdido la hegemonía de la izquierda.

Aunque los socialistas toman como fecha de referencia fundacional el congreso de Épinay de 1971, en el que François Mitterrand se hizo con la dirección, su estructura actual quedó definida en los congresos de Alfortville de mayo de 1969 y de Issy Les Moulineaux, que comenzó el 11 de julio de ese año, hace hoy medio siglo, y se clausuró dos días después.

Desde entonces, dos de sus antiguos primeros secretarios generales se han hecho con la Presidencia de la República: Mitterrand de 1981 a 1995, y François Hollande de 2012 a 2017, fecha en la que asumió el poder su ex ministro de Economía, Emmanuel Macron.

El PS anotó en esas últimas elecciones presidenciales el peor resultado de su historia con el 6,35 % de los votos recabados por Benoît Hamon, y en las legislativas de junio de ese año pasó de 331 diputados a una treintena. "Todavía no se ha recuperado de esa doble derrota.

La situación actual del PS es muy difícil, crítica", explica a EFE el politólogo francés Rémi Lefebvre, experto en ese partido y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Lille. La formación que ideó la semana laboral de las 35 horas, que promulgó la ley que autoriza el matrimonio homosexual y la adopción por parte de parejas del mismo sexo y la cobertura sanitaria universal en Francia ha desaparecido prácticamente de la agenda mediática.

En las elecciones europeas del pasado mayo, su alianza con Plaza Pública, encabezada por el ensayista Raphaël Glucksmann, les permitió superar a duras penas el 5 % necesario para entrar en la Eurocámara. "No han aprovechado las dificultades de Macron.

Se podría pensar que como Macron se ha derechizado podrían haber recuperado el centro izquierda, pero no es lo que ha pasado. Han perdido su lugar en el espacio público", argumenta Lefebvre. El también politólogo Bruno Cautrès considera que aunque durante mucho tiempo los socialistas consiguieron disimular sus diferencias internas, el bajo resultado de Hamon sacó a flote la ausencia de un verdadero líder que agrupara las distintas sensibilidades.

"El PS necesita tiempo para reconstruirse. Hace poco más de dos años aún estaba en el poder", recalca el analista del Centro Nacional francés de Investigación Científica (CNRS). El partido ha visto su lugar reducido entre la izquierda radical de La Francia Insumisa y el partido de Macron, que en mayo de 2017, frente a la ultraderechista Marine Le Pen, atrajo a votantes conservadores y socialistas desencantados.

La competencia creciente de los ecologistas y los disidentes en sus propias filas, como los exministros Arnaud Montebourg o Aurélie Filippetti, contribuyeron a dejar herida una formación "sin la cual no se puede entender la historia política del país", según Cautrès. Su próxima prueba de fuego, antes de las presidenciales de 2022, serán las municipales de 2020.

"Lo que divide a la izquierda es la cuestión económica, la aceptación de una economía de mercado abierta e internacional. Duda entre dos estrategias: renovarse con una nueva unión de la izquierda o convertirse en el ala izquierda de una coalición con Macron a partir de 2022", estima el experto.

Su renovación está sujeta además a factores externos. "Dependerá de los fracasos o éxitos de Macron. Si el paro no se reduce fundamentalmente o si hay desigualdades importantes, en ese momento podrá comenzar a explicar a los franceses su programa. Y es cuestión también de liderazgo.

Faure es un hombre de convicciones, pero no llega a ser percibido como alguien que pueda ganar". Para Lefebvre, no obstante, su debilitamiento debe enmarcarse en una crisis general de la socialdemocracia en Europa, salvo excepciones como en España o Portugal: "El rechazo a las políticas liberales lo han encauzado sobre todo fuerzas más radicales, aunque se hayan debilitado un poco".