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Pierre Mendès France y el nuevo espíritu cívico


Pierre Mendès France en una imagen de archivo. Pierre Mendès France en una imagen de archivo.

“Las instituciones políticas y económicas de un país no puede constituir, por sí solas, la democracia: no son sino su marco. Todos los organismos de que hemos hablado, aun en el caso de que deban de ser más o menos institucionalizados, no son tampoco democracia. El poder más sinceramente republicano, el más profundamente republicano puede y debe reconocerlas, favorecerlas, mantenerlas, pero no puede ni crearlas completamente, ni forzarlas a funcionar; eso sería, exactamente, lo contrario de la democracia.

En realidad, no hay democracia sin demócratas. Lo propio de la democracia es el ser voluntaria, y la democracia es, ante todo, un estado de espíritu.

¿De qué está formado ese estado de espíritu? Ante todo, de un profundo interés por el destino de la comunidad a la que pertenece y del deseo de participar en él a todos los niveles (comprensión, decisión, acción), de la convicción de que una vida humana estará como amputada, si permanece limitada a un horizonte individual y, también, de la convicción de que ese mundo no es el mejor posible, que en él deben reinar más razón y más justicia, y que hay que luchar para que estas triunfen. Tal es el espíritu que Montesquieu llamaba virtud o amor de la Republica, es decir, de la cosa pública.

Pero tan luego como el ciudadano cree no deber permanecer recluido en su vida privada, está presto a aceptar ciertas disciplinas: desempeñar la secretaría de un grupo o tan solo decidir su adhesión a él, consagrar tiempo y esfuerzos a una obra a veces ingrata o austera, sacrificar horas robadas al asueto o al descanso.

La jornada de trabajo no es ya lo que fue en el siglo pasado, y hoy hace posible ese ejercicio más generalizado de la democracia. Corresponde a los ciudadanos utilizar una parte de tiempo ganado para preparar un porvenir en el que los hombres dispondrán aún más tiempo y de más ventanas abiertas hacia el mundo.

El trabajo en un grupo, la práctica de una responsabilidad, la experiencia de una acción ejercida sobre los demás, el logro de una empresa común, la victoria sobre fuerzas adversas, constituyen otras tantas afirmaciones de la propia personalidad y ofrecen, a quien se entrega a ellas, la satisfacción de saberse útil a la colectividad.”

*Extracto del libro La Republique Moderne.