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Mitterrand, dogma y reforma


Fotografía del presidente francés François Mitterrand. / Archives de l'Élysée. Fotografía del presidente francés François Mitterrand. / Archives de l'Élysée.

François Mitterrand que llego de manera tardía a abrazar el socialismo, explico en Ma part de vérité su camino hacia el socialismo, donde la ortodoxia inicial se torna en una mirada particular de la política y por tanto de lo posible en una clara alusión al reformismo.

“No. No encontré al dios del socialismo a la vuelta del camino. No me arrodillé ni lloré de alegría. No fui a una de sus iglesias. No rece de pie, cerca de la pila donde me esperaba su gracia para toda la eternidad. No obtuve de él ni cita ni revelación ni señal privilegiada. Si la prueba de la existencia de un dios depende de la existencia de sus sacerdotes, si esta prueba gana en fuerza y en evidencia a medida que crece su número, que se aguza su intransigencia y se multiplican sus contradicciones, el dios del socialismo existe. Pero la originalidad de aquellos que le sirvan está precisamente en afirmar que no existe sino bajo apariencia de los hechos y que entonces nace y muere con cada uno de ellos, creación, continua, cambiante, rigurosa y creadora de sí misma. El socialismo no tiene un dios, sino que dispone de varias verdades reveladas y, en cada capilla, unos sacerdotes que velan, resuelve y castigan. Catucúmeno entre los catecúmenos apilados en el nártex, leí libros sagrados y escuché a los predicadores. Fieles a su religión, enseñaban el poder de los hechos. ¡Pero en qué tono! Son raros los que prefieren el consejo al precepto y el examen al dogma. Por desgracia, el socialismo produjo más teólogos que sabios. Al principio esto me desalentó. Pero hay maestros del pensamiento y de la acción que resisten a las complacencias del espíritu y que persiguen la investigación de los hechos y las causas, la profundización de los mecanismos sociales y económicos con el admirable escrúpulo de la ciencia. A ellos me dirigí. Me dijeron que no bastaba con abrir los ojos para ver. El pintor y el escultor rompieron las formas y descompusieron el prisma de los colores para redescubrir los objetos. Adquirir una nueva mirada obliga a uno mismo a un nuevo nacimiento. Es así en todos los terrenos y en el político como cualquier otro. También me dijeron que había que abrir los ojos para ver. Lo intenté.

No fui ganado, sin embargo, por lo imperativos de una explicación científica de la historia centrada en las relaciones de producción. Pensé que era posible obtener de la sociedad capitalista una reforma. Caí en la trampa de los principios grabados en sus frontones, en el preámbulo de las constituciones, por todas partes, tan obsesivo como en neón de Broadway. Lo que no esperaba del corazón lo esperaba de la inteligencia. Entonces expliqué. Lo que pude, como puede, allí donde estaba. Asistí a conferencias, participé en seminarios, en coloquios, donde el ánimo se acaloraba con la idea de reconstruir el mundo. Se buscaban las conciliaciones, las síntesis, se maridaban al agua y el fuego y se encontraban muy felices y procreaban muchos hijos. En suma, se pedía al capitalismo que comprendiese que le comprendíamos mejor que sus propios intereses. El escuchaba guasón. En resumen, dialogué. Y la sociedad en cuestión dialogó conmigo como dialogó con todos lo que le hablan educadamente."